La agroindustria requiere más apoyo

En Nicaragua la agroindustria se ha desarrollado en forma espontánea, pero en la mayoría de los casos con limitado asesoramiento técnico para producir.

El concepto de agroindustria adquiere mayor relevancia en Centroamérica al finalizar la II Guerra Mundial en 1945. La Cepal como organismo integrante de la Organización de Naciones Unidas, creada en este mismo año, difundió entre los países latinoamericanos  la importancia de la agroindustria como uno de los sectores claves para el fortalecimiento del desarrollo socioeconómico. En Nicaragua la agroindustria ha venido creciendo pero con mucha lentitud aun cuando el país dispone de abundantes materias primas agropecuarias, que en no pocos casos, irónicamente  Nicaragua las exporta y posteriormente se importan ya industrializadas.

¿A quién atribuirle el descuido en el fomento de la agroindustria? Al Estado por falta de políticas apropiadas de incentivos fiscales, crediticias, promoción de exportaciones, promoción de inversiones, institucionales, etc., o al sector privado (productores) por falta de iniciativas en identificar proyectos agroindustriales factibles en todos sus aspectos. No hay duda que ambos sectores han cometido serios pecados agroindustriales por omisión,  quizás el más relevante es la falta de coordinación entre ambos sectores en la formulación de una estrategia para lograr productos competitivos.

En Nicaragua la agroindustria se ha venido desarrollando predominantemente en forma espontánea, es decir, con el esfuerzo propio principalmente de pequeños y medianos empresarios urbanos y rurales, pero en la mayoría de los casos con limitado asesoramiento técnico para producir con calidad y penetrar en mercados externos.

Estos antecedentes reflejan que existe un vacío institucional que podría ser superado por una entidad especializada en el desarrollo de la agroindustria que asuma  las funciones de identificar la problemática del sector y por otra parte diseñar una estrategia priorizando el desarrollo de productos mediante estímulos. Esta entidad obviamente requerirá del apoyo de organismos vinculados al sector agroindustrial con experiencia en sus respectivos campos. Por ejemplo, el INTA y Upanic aportarían  su  experiencia en materia agropecuaria, APEN y CEI   con su especialidad en mercados externos y el sistema financiero facilitando acceso al crédito. La entidad coordinadora del sector agroindustrial tendría que asumir funciones de asesoría en el aspecto técnico y mercados externos a ramas agroindustriales o empresas específicas nuevas o existentes que presenten problemas de competitividad.

Por ejemplo, en materia de productos lácteos se buscarían mecanismos de comercialización que permitan colocar en el mercado los excedentes de producción de leche derivado del “golpe de leche”, que podría ser por medio de ferias de productos lácteos a celebrarse en diversas ciudades del país, que coincidan con el periodo de mayor producción de leche entre mayo y agosto.

Por su parte la feria Expica que se realiza en julio y diciembre, es un evento de concurrencia masiva que también podría utilizarse para comercializar diversos productos lácteos.

Adicionalmente es urgente que Nicaragua exija a Honduras que suspenda el impedimento a la importación de lácteos nicaragüenses, lo cual viola el  Tratado de Libre Comercio Centroamericano. La recuperación de este mercado contribuiría a amortiguar los efectos del “golpe de leche” y adicionalmente proyectar futuras exportaciones. Desde luego el problema de los lácteos es mucho más amplio requiriéndose de  un análisis más a fondo para elevar la eficiencia.

Obviamente a la par de los lácteos existe un amplio número de otros productos agroindustriales que requieren asesoramiento en diferentes aspectos. Es oportuno tener en cuenta que si el desarrollo espontáneo de la agroindustria continúa conforme a  la tendencia histórica, se prolongará el desperdicio de  valiosos recursos humanos y naturales, infraestructura, etc., restándosele dinamismo al desarrollo. A estas alturas del juego, no es tolerable que la agroindustria  continúe por el camino tradicional del “laissez faire, laissez  passer”. Siendo urgente que el sector público y  privado mediante esfuerzos y objetivos coordinados proyecten una estrategia de desarrollo  agroindustrial.
El autor es economista.