Román González no debe sentirse tan cómodo en las 115 libras

El tetracampeón "Chocolatito" González se encuentra en una de las divisiones más bravas de la actualidad en el boxeo mundial.

Román “Chocolatito” González sufrió la primera derrota de su carrera frente a Srisaket Sor Rungvisai, arruinándose su deseo de llegar a 50-0. Foto: Óscar Navarrete/ ARCHIVO/ LA PRENSA

Román “Chocolatito” González sufrió la primera derrota de su carrera frente a Srisaket Sor Rungvisai, arruinándose su deseo de llegar a 50-0. Foto: Óscar Navarrete/ ARCHIVO/ LA PRENSA

Román González permanece en las 115 libras, después de dos batallas diametralmente opuestas, por un asunto de estilos, pero ciertamente enredadas, frente al mexicano Carlos Cuadras y al tailandés Srisaket Sor Rungvisai, y respirar plácidamente en esta división, le costará más porque el entorno es altamente dañino.

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Inaugurando su ascenso a peso súper mosca el 10 de septiembre del 2016, en una catedral como el Fórum de Inglewood, Los Ángeles, frente a un personaje vistoso como “El Príncipe” Cuadras, se entendía que el mismo hecho en sí traería ciertas consecuencias, desajustes, todos manejables —se pensaba—, pero ninguno tan incidente como para dudar de su reinado.

Se lanzó a aguas bravas

Esa noche Román se fajó en la cintura su cuarto título mundial, en cuatro divisiones diferentes —105 libras, 108, 112 y 115—, celebrando la faena con los brazos alzados y los pómulos hinchados, ruborizado, una postal de su rostro no vista antes, marcada por lo grosero, pero el júbilo fue más; no obstante, el boxeador mismo estaba ante una realidad distinta, de pie y de frente a un camino repleto de cardos más hirientes que vidrios cortados.

En manos de un carnicero, tres libras es una pizca, pero para un boxeador viene a ser todo lo opuesto. Se trata de saltar de nivel, buscar asimilación, embarcarse en la travesía de las nuevas caras, previamente establecidas, con cuerpos más resistentes, pegadas que exigen mayor aguante, de mayor alcance físico, habituados a lo duro del redondel.

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Sin embargo, para el recién llegado Román González, con paso arrollador en las tres divisiones menores, se trataba esto de un experimento, en medio de las exigencias impuestas. Las ajenas y las propias.

¿Sigue siendo tan efectivo?

¿La misma capacidad destructiva? ¿La misma asimilación de castigo? ¿Qué hay de la velocidad? Los cuestionamientos aún navegan en torno a González, de cara a una camada de boxeadores hambrientos que alucinan con desplazarlo del trono real y obtener a la vez las más infladas sumas de dinero de sus carreras. En fila: Carlos Cuadras, Juan Francisco Estrada, Naoya Inoue y Srisaket Sor Rungvisai.

El nuevo campeón “Chocolatito” debía heredar los compromisos pendientes y en la que fue su segunda aparición en esta categoría, emergió en escena Rungvisai, primer retador a la corona y antiguo exmonarca en este peso, para con quien se programó el choque el pasado 18 de marzo en Nueva York, bajo el entendido que el combate iba a ser fragoroso, con cierto grado de dificultad y sin ingredientes sorpresa, como que el tailandés produjera tanto daño usando su cabeza, como un arma más, filosa para hacer cortes, lo cual cambió de inicio a fin lo planeado.

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Tomando distancias del fallo polémico, lo que se vio en el ring fue otra prueba de exigencia, con un Rungvisai acorazado que lo soportó todo, creando constancia de que el nocaut se ha colocado más distante de “Chocolatito”, que se paró el mes pasado en la línea de los 30 años. Será el tailandés en revancha el 9 de septiembre en el StubHub Center, el siguiente examen del nica, mientras busca retomar la corona del CMB.

De salir vencedor, González tendría luego combates tan intrincados con el japonés Naoya “El Monstruo” Inoue, considerado el número uno de la división y visto como seria amenaza, y esperan Cuadras y Estrada, ambos de probada calidad, en un circuito cerrado, de los de más alto voltaje en el boxeo mundial en la actualidad.

Ahí está Román González, en 115 libras, rodeado solamente de fieras, más que en 105, 108 y 112.

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Un pantallazo

Con la vigorosidad que cobija a los jóvenes, la “Sensación Japonesa”, Naoya “El Montruo” Inoue, de 24 años, ha edificado hasta hoy números de terror en su récord: 13 victorias y 11 terminadas por la vía del nocaut.

Carlos Cuadras y Juan Francisco “El Gallo” Estrada reclaman una deuda con “Chocolatito”, por estar entre los pocos boxeadores que han exigido al tetracampeón.

“El Príncipe” se mueve en el ring, deteniéndose a golpear cuando lo cree necesario, además es veloz; en tanto, Estrada es frontal, como camión sin freno, con calidad técnica y pegada que mete miedo.

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