La masacre estudiantil que enlutó a León en 1959

La Guardia Nacional disparó contra estudiantes de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN), que realizaban en León su tradicional “desfile de los pelones”.

masacre estudiantil en León, día del estudiante

Esta fue la portada del diario LA PRENSA publicada el 26 de julio de 1959

El 23 de julio de 1959, hace 58 años, estudiantes de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN) realizaban en León su tradicional “desfile de los pelones”, para dar la bienvenida a los estudiantes de primer ingreso. En esa ocasión, el desfile se desarrolló como protesta pacífica por la liberación de unos compañeros detenidos en la masacre de El Chaparral. La Guardia Nacional disparó contra los participantes, dejando como resultado cuatro estudiantes asesinados y más de sesenta heridos. Las víctimas fueron Erick Ramírez, Mauricio Martínez, José Rubí y Sergio Saldaña.

Estas fueron las crónicas publicadas por el diario LA PRENSA el 25 y 26 de julio de 1959, respectivamente.


Crónica publicada el 25 de julio:

Cuatro muertos y muchos heridos

Por Aragón Pastora

Estudiantes de la Universidad Autónoma de Nicaragua, al verificar su tradicional “desfile de los pelones”, quedó bajo el fuego de guardias nacionales bajo el mando del Mayor J. Anastasio Ortiz, cuando la manifestación se encaminaba al Cuartel Departamental de la Guardia Nacional, este 23 de julio, entre las 4:30 y 5:00 de la tarde.

Un saldo de cuatro muertos y más de sesenta heridos dejó el choque entre estudiantes y público.

Los heridos y muertos son en su mayoría miembros de la universidad.

En todos los vehículos disponibles e interviniendo civiles, principalmente los miembros del Cuerpo de Bomberos de León, fueron conducidos los heridos y muertos hacia el hospital San Vicente. Otros heridos fueron conducidos hacia la clínica del doctor Argüello Cervantes.

En el hospital

Los heridos fueron atendidos con carácter de urgencia en el hospital, faltando camas y espacio para alojarlos. Inmediatamente los médicos y estudiantes internos del hospital, se multiplicaron en atención para los heridos que requerían más atención.

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Cerca de las nueve de la noche se hicieron presentes los doctores del Seguro Social, bajo el mando de Alvarado Sarria, así también los de la Cruz Roja, bajo el mando del doctor Marcelino Mora, pero estos fueron repudiados por el pueblo que congestionaba todos los pasillos del hospital. El tumulto de gente que había en el hospital San Vicente, era tal, que la labor médica se hacía más difícil. No había ningún guardia por esos sectores, pues ésta se concentró en su cuartel, temerosa de que se registrasen otros acontecimientos.

En una cámara de oxígeno, Alejandro Meza Morales, con un pulmón atravesado por un balazo, es atendido por un médico y una enfermera. LA PRENSA/ARCHIVO

El rector de la universidad, doctor Mariano Fiallos Gil, así también los numerosos profesores de la Universidad Nacional, han lamentado los suceso ocurridos entre la Guardia Nacional y los estudiantes. Todos los miembros de la rectoría de la universidad se hicieron presentes en el hospital San Vicente para atender a sus pupilos.

En el Paraninfo de la universidad

Cuadros desgarradores se registraron en la misma noche en el Paraninfo de la universidad cuando los cadáveres de cuatro estudiantes fueron velados en la sala principal. El rector Gil se encontraba totalmente anonadado; el pueblo entero de León se congregó y se pronunciaron discursos alusivos a la tragedia.

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El centro universitario acordó que los cuatro estudiantes recibieran cristiana sepultura en el mismo recinto de la universidad, pero dos de las familias dolientes acordaron llevarse los cadáveres de los suyos a sus respectivos lugares solariegos. Dos de los estudiantes recibirían sepultura en la misma universidad. Se acordó esa misma noche que sería erigida una estatua en homenaje a los caídos.

Se puede asegurar que todo León está de duelo por los sucesos ocurridos en la tarde de este 23 de julio. El comercio está cerrado. Las campanas tocan a duelo. Todo viste de luto.

Faustina Palma Martínez, costurera, de 14 años de edad, está fuera de peligro. Milagrosamente no murió. LA PRENSA/ARCHIVO

 

Crónica publicada el 26 de julio:

15 mil personas en los funerales

Por Oscar Montalban

En la ciudad de El Viejo, lugar de origen del universitario José Rubí Somarriba, uno de los muertos, hubo gran concentración de gente que querían ver su cadáver. Se calculan unas 15 mil personas las que pasaron al lado de su féretro.

El joven Rubí actualmente era presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina. Este año, era el último para recibir su título. Era hijo de don Julio Rubí y doña Teodorita Somarriba de Rubí.

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El acompañamiento fúnebre vistiendo rígido luto, estaba compuesto por personas de todas las capas sociales, libres de distingos políticos, edad o sexo.

Féretros vacíos

En realidad, tres de los féretros que viajaban al campo santo estaban vacíos; los cuerpos sin vida de los universitarios que debían ocuparlos habían sido trasladados a sus ciudades de origen por voluntad de sus propios padres.

Solo el cuarto ataúd iba realmente ocupado. Dentro de él, iban los restos mortales de Sergio Saldaña, hasta el 23 de julio de 1959, estudiante aprovechado del segundo año de medicina.

La procesión fúnebre abandonó la universidad. Se movió lentamente bajo una tarde espléndida, habían lágrimas en todos los ojos, no importando si éstos pertenecían a más de un hombre.

Catedráticos y alumnos, tomaron la palabra para patentizar su dolor, y destacar las cualidades de los desaparecidos. La violencia mereció de su parte un voto de censura. El cortejo funerario terció hacia el norte. Sobre las calles que resultaron estrechas, la gente murmuraba oraciones y se apretujaba haciendo pausas en su marcha. Al llegar al colegio Académico Mercantil la procesión luctuosa dobló hacia el oriente, hasta tomar la dirección sur en la esquina de la casa de Telémaco Castellón.

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En el suelo, antes de ser trasladado al hospital, otro estudiante herido. LA PRENSA/ARCHIVO

Frente al templo, la vieja casona del Comando construída durante la administración Moncada, para alojar las oficinas públicas del municipio de León, se recostaba firme contra las últimas luces de la tarde.

A las siete de la noche se dio sepultura a las ataúdes. Tres estaban vacíos , uno no. Pero sobre ellos cayeron las mismas lágrimas y la misma tierra. ¡Flores? Había tantas flores, que los universitarios muertos pudieron pensar que había vuelto la primavera.

Concluido todo, la gente comenzó a irse a su casa. Sobre el campo santo había una cosecha de oraciones.

Frente a la universidad solitaria y cansada, unas personas, tal vez las únicas, hablaban. Uno de ellos dijo: “No sé cómo sucedió ésto. Siempre lo recordaremos. La universidad es nuestro cerebro y nuestra vida, y los muchachos que vienen a ella son nuestros hijos. A veces ellos hacen cosas, pero nada más. Siempre lo recordaremos”.

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