Doraldina Zeledón, la enemiga del ruido

Doraldina Zeledón comenzó su lucha contra el ruido hace 17 años. Ha sacado varios diplomados y hasta una maestría en contaminación acústica.

Doraldina Zeledón tiene casi 20 años de dedicarse a luchar contra la contaminación acústica.

Doraldina Zeledón tiene casi 20 años de dedicarse a luchar contra la contaminación acústica.

A Doraldina Zeledón le han dicho tantas veces que se busque otro tema, que ya perdió la cuenta. Se lo dicen desde principios del 2000 cuando comenzó a escribir sobre el ruido. Y ella no se cansa de decir que “en otro tema sobra gente y que en este no hay”. Además, que este le gusta. De hecho, para que algún periódico le publicara su primer artículo sobre el ruido pasó casi un año enviando varios hasta que escogieron uno.

A sus 67 años, Doraldina ya es toda una experta en esa materia. Tiene tres carreras, varios posgrados en Medioambiente y hasta sacó una maestría en Derecho Ambiental. Todo eso se lo ha pagado ella misma, solo para tener base cuando escribe y habla sobre el ruido, pues con esa lucha no gana ni un córdoba. Y aunque muchos le han aconsejado que abandone el tema, ella asegura que ni cuando se muera va a dejarlo porque sus libros, donde habla sobre el problema medioambiental, quedarán.

El amor a la naturaleza le viene desde la infancia. Pasó su niñez en una finca de San Rafael del Norte, Jinotega, rodeada de plantas, aves y animales. Sus primeros recuerdos son de ella y sus 12 hermanos jugando en el jardín de la casa y la tranquilidad que sentía no la olvida.

A Managua vino en la década de los setenta. Comenzó a estudiar Ciencias de la Educación y después siguió con Ciencias de la Comunicación y se enamoró de las relaciones públicas. Luego inició Derecho. Su tiempo se dividía entre los estudios y el trabajo, pero sentía que algo le faltaba e inició, en sus ratos libres, a escribir artículos y dar asesorías sobre el medioambiente.

Para la Cruzada Nacional de Alfabetización Doraldina Zeledón ya era maestra y allí dirigió a un grupo de jóvenes. LA PRENSA/ CORTESÍA.

Preocupación por el ruido

La mayor parte de su vida en Managua la vivió junto a una discoteca y un restaurante donde ponían música a todo volumen. Vivía en Monseñor Lezcano y en varias ocasiones le insistió a sus vecinos sobre el ruido, pero ellos no le hacían caso y ella terminó resignándose. De hecho, uno de sus cuadros, porque también pinta, lo hizo una noche que no podía dormir por la bulla.

Fue hasta que un día en la discoteca organizaron un concierto de rock y los vecinos llegaron a buscarla para que los ayudara. Ella no lo pensó cuando se puso manos a la obra.

“Yo comencé a llamar, hice una carta y la misma noche la mandé a todos los medios que pude, se la mandé a diputados y hasta Daniel Ortega. Se la envié a todos los correos que pude conseguir. Ese día amanecí mandando los correos. Al día siguiente cerraron. No volvieron a abrir esa discoteca”, explica satisfecha.

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La lucha

 Después que se jubiló se fue a vivir a Estelí para acompañar a su mamá, Olimpia Úbeda, quien tiene 95 años. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.
Después que se jubiló se fue a vivir a Estelí para acompañar a su mamá, Olimpia Úbeda, quien tiene 95 años. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Su primer contacto con el problema del ruido lo tuvo en un posgrado sobre medioambiente. Allí se dio cuenta que los niveles de ruido que escuchaba a diario en la ciudad no eran normales y que además estos causan daños a la salud y violentan los derechos humanos. Allí comenzó la lucha que hasta ahora tiene.

“En Nicaragua lo único que tenemos es lo que dice el Código Penal y la Organización Mundial de la Salud, en cuanto a los niveles de ruido recomendable. Pero, en cuanto a lo real no hay mediciones. No hay estudios. Por ejemplo, según el Código Penal, son 30 decibeles para el ruido continuo en los dormitorios, 45 decibelios para ruidos únicos como portazos y esos niveles se pasan”, explica.

Doraldina se involucró tanto con el problema del ruido que comenzó a dar ponencias sobre este tema, escribe periódicamente artículos y hasta llegó a varios programas radiales. Pero en su lucha, no se ha librado de los maltratos e insultos de quienes la llaman “loca” por interesarse en este tema.

En una ocasión, la invitaron a un programa radial junto con un pastor evangélico, un médico y otros especialistas para hablar sobre el ruido que generan las iglesias y comenzaron a llamar para atacarla.

“La gente comenzó a llamar y me dieron una tratada. Me decían ‘esa mujer qué hace, no tiene qué hacer’. ‘Que vaya a recoger basura, el ruido no le molesta a nadie’. Y yo lo entiendo. La gente no sabe el problema. No tiene información. Por eso tiene que hablar así”, se lamenta.

Hace varios años fue a la Procuraduría Ambiental para pedir apoyo. Llevó uno de los libros que escribió como resultado de su maestría y le dijeron que mejor buscara otro tema o que se fuera a una universidad donde pudiera hacer investigaciones.

“Yo seguí porque miré la necesidad, miré que se podía, miré que lo que faltaba era sensibilización, información. Pero ha sido duro porque no interesa. Todavía te hablan de la Ley Especial de Delitos Ambientales y esa ley ya no existe. Esa ley tuvo una vida corta. Fue derogada por el nuevo código penal y sin embargo los periodistas y ambientalistas te siguen hablando de la ley”, se lamenta.

A pesar que no desiste del tema, por problemas personales y de salud ha dejado de insistir un poco. Hace unos años se jubiló y ahora vive en Estelí y desde allá es más difícil, explica. Eso sí, cada vez que puede envía sus artículos al periódico sobre el ruido. Y allá ha tratado, a cómo puede, de hablar sobre este tema.


 Logros

 Doraldina Zeledón conserva todos los artículos que ha publicado sobre el ruido, con ellos planea publicar un libro. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.
Doraldina Zeledón conserva todos los artículos que ha publicado sobre el ruido, con ellos planea publicar un libro. Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

Doraldina ha pasado toda su vida estudiando. Comenzó estudiando Ciencias de la Educación, luego Ciencias de la Comunicación y estudió Derecho. Y sus tres carreras las mezcla para luchar contra la contaminación acústica.

Ha publicado dos libros. El primero lo publicó en el 2003 y se llama Compromiso social de los medios de comunicación por el desarrollo acústicamente sostenible. En 2005 publicó Derecho a un ambiente sonoro saludable, garantías jurídicas.

Periódicamente pública artículos de opinión sobre el ruido en LA PRENSA. Tiene un blog digital: Construyendo paz sonora.


 

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