Ana María Chamorro: “Rosario Murillo olvidó las lecciones de Pedro Joaquín”

La copropietaria de LA PRENSA, Ana María Chamorro de Holmann, comparte en entrevista con Revista Domingo sus 90 años de vida al lado del diario de los nicaragüenses, y también aborda lo que está ocurriendo en el plano político en el país.

Doña Ana María Chamorro de Holmann, copropietaria del Diario LA PRENSA y hermana del mártir de las libertades públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. LA PRENSA/ WILMER LÓPEZ

A sus exactamente 90 años de edad, doña Ana María Chamorro de Holmann llega todavía todas las mañanas a la oficina que tiene en las instalaciones del Diario LA PRENSA, sobre la Carretera Norte. Este martes llegó como siempre poco después de las 10:00 de la mañana. Ataviada con un pantalón crema y una blusa multicolor, entra apoyándose en un bastón.

De doña Anita se pueden decir muchas cosas: es pariente del primer presidente de Nicaragua, don Fruto Chamorro; es hermana del Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro Joaquín Chamorro; por tanto, cuñada de la primera mujer que fue presidenta, doña Violeta Barrios de Chamorro y es copropietaria del Diario LA PRENSA, la institución periodística más antigua del país y con mayor renombre. Y muchas otras cosas que usted puede leer en su libro autobiográfico La herradura de mi suerte.

También ha sido testigo importante de muchos acontecimientos trascendentales del país, especialmente de la situación política. “Nací con LA PRENSA, espero que esta viva más que yo”, es una de sus frases más conocidas.

Doña Anita tiene problemas con la vista, pero su mente es muy lúcida, a pesar de que le cuesta recordar algunas palabras para expresarse con mayor precisión. Sobre todo es muy amable. Este martes pasado accede a conversar con la revista Domingo sobre la coyuntura actual del país, pero especialmente de su crecimiento paralelo a LA PRENSA, a la cual llama “mamá”.

Doña Anita, usted nació solo un año después que se fundara LA PRENSA. ¿Cómo ha sido para usted crecer junto con el periódico?
En todas las etapas de LA PRENSA el camino ha sido interrumpido y doloroso, porque en las diferentes dictaduras hemos sufrido interrupciones por los diferentes dictadores que ha habido. Por ejemplo, cuando mi papá era director, le cerraron LA PRENSA y entonces tuvimos que irnos a Nueva York. Él buscaba trabajo en el Times, pero cuando llegaba ahí, a ese punto, le pedían referencias a Somoza y Somoza daba malas referencias de mi papá, todo porque era contrario a él.

¿Nunca hubo un acercamiento amistoso con los Somoza?
No. Jamás. Nunca.

¿A qué se debió?
Porque Somoza se declaró dictador y en las diferentes etapas de su gobierno él hacía lo que le daba la gana para elegirse y reelegirse. Él también ponía un muñeco, digamos. Porque cuando Leonardo Argüello creyó que tenía toda potestad, Somoza lo destituyó a los 27 días de su presidencia. Pero esa vez no mandó afuera a mi papá, sino que ahí vivimos con la censura todo el tiempo.

¿Cómo recuerda sus primeros años de vida?
En los primeros años nosotros vivíamos en la casa por la calle El Triunfo, al final, por San Sebastián, porque el terremoto (de 1931) había desbaratado la casa donde estaba LA PRENSA. Nosotros estábamos en Granada porque era Semana Santa, si no tal vez nos hubiera matado el terremoto, porque cayeron las soleras encima de las camas. Después mi papá desenterró las máquinas y volvió a surgir LA PRENSA entre escombros. Nosotros construimos esa donde estuvo LA PRENSA en la calle El Triunfo. La construyeron en 1942, hasta que en 1972 otra vez volvió a sucumbir con el segundo terremoto. Entonces nos venimos para acá, a estas instalaciones de aquí, de la Carretera Norte. Pero de todas maneras esa fue fuerza del destino, no la mano de los dictadores. LA PRENSA, en la calle El Triunfo, la cerraron varias veces y después aquí en este lugar también la cerraron por dos años. Eran bien susceptibles en los primeros años de los años ochenta. La cerraron una vez tres días porque se casaba el príncipe de Inglaterra y LA PRENSA dijo que por qué no le regalaban unos libros de Carlos Fonseca, y eso no les gustó. La cerraron por tres días. Y así, todo el tiempo, estaba intermitentemente cerrándola.

¿Cómo ha influido LA PRENSA en su vida?
Para mí es un orgullo haber tenido esta mamá, que es LA PRENSA, porque yo nací el año antes que LA PRENSA fuera nuestra, noventa años cumplió LA PRENSA en su única etapa.

Hay mucha gente a la que le gusta LA PRENSA porque alega que le dice la verdad al Gobierno…
Yo creo que es cierto, porque aquí hay ese eslogan que dice: Al servicio de la verdad y la justicia. Y es cierto, porque aquí en LA PRENSA se defiende al más pobre, al más perseguido. Y siempre construyendo una República, pero que no se ha logrado, como decía Pedro (Joaquín Chamorro) que Nicaragua volverá a ser República. Y eso es cierto porque no ha llegado a ser República nunca. Primero por Somoza, porque él se reelegía y volvía a quedar ahí. Después, en los años ochenta fue horrible porque también había demasiada presión.

¿Y en estos últimos años?
Ahora LA PRENSA recibe una presión diferente de este gobierno. Por ejemplo, el papel está muy difícil de conseguir y cobran muchos impuestos. Y también ellos no dan ningún anuncio aquí a LA PRENSA. Vos has visto que cierran las puertas para cualquier licitación o cualquier noticia. No permiten que LA PRENSA entre a ver la situación y el Gobierno cómo anda. Ellos están detrás de uno para cerrarle, para impedirle la libertad y la conciencia que uno quiere despertar en la gente.

El Gobierno ha comprado medios. ¿A LA PRENSA nunca han intentado comprarla?
No. Nunca. Ni abierta ni solapadamente. No han intentado comprarla. Pero Dios quiera que no, porque hay testaferros. En El Nuevo Diario se ve de viaje la tendencia, que es gobiernista.

Ese periódico lo fundó su hermano…
Ese periódico lo inició Xavier, que se tomó LA PRENSA porque él era de tendencia sandinista. Aquí impedía que salieran las noticias, los escritos de Pedro Joaquín Chamorro Barrios. Se combatía eso, aquí en LA PRENSA. Ya hubo una presión grande y él se tomó LA PRENSA, que fue un trago amargo muy duro para nosotros, la familia.

Cuando él falleció, ¿se habían limado las asperezas?
Sí, porque al fin y al cabo éramos hermanos. Al principio no toleramos eso, pero después se murió una hija de él y ya fuimos al entierro y todo y participamos en la vela de Carmen Margarita.

¿Fue bonita la reconciliación?
Sí, claro, pero siempre hay que poner un poquito de humildad, un poquito de cariño para el hermano y admitirle que no tuvo razón, que estaba en contra de los principios de LA PRENSA.

¿Tuvo algún hermano favorito?
Con Pedro nos llevamos muy bien porque mi esposo también era amigo de él, desde el colegio y siempre íbamos juntos a paseos, a ver juegos de beisbol y tenían afinidades, de pesca, de ir en lancha, de tomarse sus traguitos. Eso nos unió más y porque íbamos juntos a los paseos. Bueno, las mujeres no íbamos a esos paseos en lancha, porque eso era para los hombres nada más. En Semana Santa que se iban embarcados en la lancha a San Carlos.

¿Y a usted le gustaba andar en lancha?
Ah sí, me gustaba.

¿Hace cuánto que ya no lo hace?
Uuuh, yo creo que desde que él (esposo) murió. Casi no andamos porque él era el eje de todo eso. Y a Xavier también le gustaba mucho la lancha, pero cuando mataron a Pedro se deshizo esa afinidad, de una isla que teníamos ahí en el lago de Granada.

Doña Ana María Chamorro de Holmann es muy devota de la Virgen María. Aquí aparece en su oficina. LA PRENSA/ WILMER LÓPEZ

¿Alguno de ustedes estudió Periodismo?
Pedro era abogado, pero después se dedicó al Periodismo así como innato. Aparte de algunos cursos que tomó él en México.

¿Y a usted le gustó el Periodismo alguna vez?
Pues sí, me gustó, pero como yo vivía en San Juan (del Sur) no me dediqué mucho. Yo viví 25 años en San Juan del Sur, desde que me casé y así me aparté. Y también Carlos (Holmann) se hizo cargo de LA PRENSA cuando todos los de aquí se fueron, Jaime a una operación de la pituitaria, una glándula que es muy delicada la operación y tiene que tomar un sustituto de esa (glándula), y se fue a los Estados Unidos y después a Costa Rica, porque si él dejaba de tomar esa medicina, que aquí no dejaban entrar, entonces corría peligro su vida. Jaime se fue a Costa Rica. Pedro Joaquín se fue a la Contra. Solo quedamos la Violeta, Carlos y yo al frente del periódico. Hizo muy buen papel.

Dos mujeres y don Carlos al frente…
Él era agricultor, sembraba algodón, pero le confiscaron la tierra donde sembraba, que él alquilaba, entonces me dice un día: te vas a aburrir de mí porque voy a estar todo el tiempo en la casa, porque ya no me dejan sembrar. No, le digo yo, no me voy a aburrir de vos. Te vas a ir a LA PRENSA, ya no vas a sembrar algodón, sino que vas a sembrar conciencia. Él se hizo cargo de LA PRENSA en todo.

¿Ustedes tuvieron un amor fuerte?
Fuimos muy unidos todo el tiempo. Vivimos en San Juan (del Sur) 25 años y después del terremoto nos venimos a vivir aquí a Managua, porque nuestros hijos ya demandaban más escuela y nos vinimos aquí a Managua en el 72.

¿Le afectó mucho la muerte de él?
Ay, tremendo. Ya uno viudo ya es otra hoja del libro. Pero yo me sobrepuse mucho y me puse al frente de la finca y me iba todos los sábados a manejar la finca. Nombré a un asesor que me ayudaba a ver porque yo pensé que no sabía nada, pero sí sabía bastante porque con lo que platicábamos de lo que estaba haciendo, y esto y el otro, estaba bastante al tanto. Muchas veces comencé viendo. Me decían: ¿qué vas a hacer tanto? Como no sé nada voy a que me vean. Si el dueño no se interesa, no camina nada.

Así como hay gente que quiere a LA PRENSA, hay mucha gente que la ataca.
¿Que no la quiere?

Exacto. Dicen que solo andamos buscando cómo lanzarle al Gobierno.
Lo que pasa es que los principios no se desconocen. Nosotros estamos en contra de la corrupción, de la dinastía. Siempre estamos a favor del cambio. Eso es lo que ha pasado aquí, que mucho no se presta a que la gente toda nos quiera.

¿LA PRENSA siempre dice la verdad?
Pues yo creo (ríe). O por lo menos tratamos y hay veces que lo enmendamos, cuando piden rectificación. ¿No has notado eso vos?

Claro que sí, por supuesto. Doña Anita, Ortega llama a LA PRENSA un diario de oligarcas.
Es que, bueno, ¿oligarcas qué quiere decir? Ahora hay muchos oligarcas que son más… Oligarcas quiere decir dueños de grandes cantidades de dinero, ¿querrá decir? Entonces ahora nos superan todos los del Gobierno. Esos son oligarcas más que nadie, con tanto que han amasado, las grandes mansiones que han hecho y eso no lo pueden ocultar.

Ortega siempre ataca a LA PRENSA. ¿Usted lo conoce?
No. Del todo. A la Rosario sí. Ella fue secretaria de Pedro durante mucho tiempo, tal vez siete años. Ella lo defendía, lo cuidaba.

¿Cómo la recuerda?
Por ejemplo, Pedro era muy celoso en sus tiempos de escribir y no le gustaba que lo interrumpieran al escribir sus editoriales y ella le cuidaba eso. Decía que no podía verlo, a alguien que venía pues, solo que fuera muy importante. A la Rosario ya se le olvidó todo lo que aprendió con Pedro, porque todo lo que él escribió es una lección para no hacer lo que hacen ahora. Una lección de democracia, de libertad, todo.

Se le olvidó todo lo que aprendió con don Pedro Joaquín…
Parece que no se acuerda. O porque no le conviene. ¿Quién le iba a decir a Pedro que iba a ser vicepresidenta ella? Y la Violeta presidenta, ¿quién le iba a decir? (ríe).

Cosas de la vida, doña Anita.
Son cosas de la vida, cómo cambia el bolero.

Si don Pedro Joaquín estuviera vivo ¿no se lo creería?
Ah no, quién sabe si hubiera pasado eso.

Una vez usted escribió que “Pedro murió pero todo sigue igual”
Él murió por la libertad y por la democracia que debe existir en un país. Él estuvo preso varios tiempos cuando Somoza y después volvió a suceder lo mismo con todo mundo aquí.

Los nicaragüenses más viejos conocieron a Pedro Joaquín, pero muchos jóvenes tal vez no saben quién es. ¿Qué les diría de por qué él es importante para Nicaragua?
Él sentó todos sus principios en todos sus editoriales y sus libros. “Nicaragua volverá a ser República” era su frase más importante. Se consigue con la libertad y la justicia, nada más, pero aquí no hay nada de eso.

Después de los ochenta hubo 16 años de gobiernos no sandinistas. Para usted ¿qué pasó en esos años?
Lo que pasó fue que Arnoldo (Alemán) le cedió el número de votos y le bajó la cantidad que era, porque ellos siempre representan una cantidad de votos, los sandinistas, un 40 por ciento, y él les cedió esa cantidad a los sandinistas, el 35. Eso fue un error de Arnoldo.

¿Qué más ocurrió durante esos gobiernos que no eran sandinistas?
Lo que pasa es que ellos se confiaron. Ellos armaron su juego y ya pusieron a este Roberto Rivas, que es el jefe máximo de las votaciones, del Consejo Electoral.

Pero Roberto Rivas era más allegado a los liberales que a los sandinistas…
El péndulo se fue de viaje adonde le convenía. ¿No ves cómo está de rico?

De los 90 años de LA PRENSA ¿qué es lo que más le ha impactado?
La tenacidad que Pedro nos dejó, ese legado y la voluntad para exigirle al mundo y a Nicaragua que vuelva los ojos para la libertad y para la democracia.

¿El momento más duro?
Ha habido varios.

¿La muerte de Anastasio Somoza García? Cayó preso don Pedro Joaquín.
Sí. Y también mi esposo, allá en San Juan (del Sur) estábamos y él no sabía ni qué es lo que estaba pasando. Y le digo yo: cinco le dieron. Allí había orejas y todo y yo había oído en el radio que lo habían abatido a balazos. Entonces fue que lo echaron preso. Fue una redada. Allá los conservadores que había siempre los echaban presos, tal que cuando a Carlos lo metieron preso el conservador que había ahí, un señor bastante mayor, dice: ideay, hasta bravo se puso porque lo habían echado preso a él primero. Como quien dice, me arrebataron el puesto.

Cuando la muerte de don Pedro Joaquín, ¿dónde estaba usted?
Aquí en Managua. Yo oí en el radio que había habido un accidente, decían. Y entonces me fui con mi mamá al hospital y yo convenciéndola de que no le pasaba nada. Pero ahí nomás, en una de las cruzadas de la calle había un muchacho que trabajaba aquí de chofer y dice: ya murió. Ella le leyó en los labios porque estaba el vidrio subido. Ay, dice que ya murió, dice. Pero mi mamá tenía una fe, una entrega al Señor y dijo que el Señor le había dado una paz al pensar que lo habían matado. Que Dios perdone a los que nos hicieron, porque no saben lo que hacen.

¿Logró ver el cuerpo?
Fuimos al hospital. Ahí lo vi. Mi mamá no entró, yo sí entré ahí adonde estaba él, todo atravesado por las balas.

¿Qué pensó al verlo?
Ay, algo duro, durísimo.

La gente se volcó, le dolió esa muerte.
Pensé como que lo querían, que iban a seguir su legado, pero no, del todo. Aunque muchos jóvenes se fueron a la guerrilla por él, por los sentimientos que él les había inculcado a todos los jóvenes. Pero ahora los jóvenes no saben nada de eso.

¿Qué piensa de la juventud de hoy?
Se van por una teja de zinc.

En 1979, cuando triunfaron los sandinistas, ¿creyó en un cambio?
Sí, yo pensé, pero cuando oí los discursos de la Dora María Téllez y de todos esos, pensé que estaba equivocada, porque lo que había aquí era otra cosa, era el comunismo que venía. Me decepcioné.

¿Tiene alguna meta en su vida todavía?
Solo en las oraciones. ¿Qué puedo hacer yo sola?

¿Por qué está trabajando todavía?
Por las monjas de Calcuta, que todos los lunes voy a dar la comida, ahí a los pobres, al comedor de las monjas de Calcuta. En la Carretera Norte. Ahí tenemos a veces 66, a veces 70.

¿Por qué a sus 90 años todavía viene a esta oficina?
Aquí a las monjas les publico las novenas. Le publico a los padres. El padre Félix. Yo lo tomo como una manía. Me llena venir y muchas veces me doy cuenta de muchas cosas que pasan aquí.

Usted es conocida como muy católica.
Soy bastante creyente.

Los evangélicos han avanzado entre la población nicaragüense.
Bastante gente se ha vuelto evangélica, como decís vos, pero evangélicos somos todos. Nosotros nos dictamos por el Evangelio de Jesús. Los apóstoles escribieron todas las parábolas y los discursos del Señor. Esa palabra es mal usada, porque los evangélicos somos todos.

Me imagino la emoción suya cuando conoció al papa Juan Pablo II.
Lindo el papa Juan Pablo II. Las dos veces que estuvo aquí. Cuando estuvo en la plaza y después cuando la Violeta lo invitó. La primera vez fue un desaire el que le hicieron al pobre. Pero él era valiente. Silencio, decía.

¿Recuerda algo que él le haya dicho a usted?
Mi mamá llevó una imagen de la Virgen para que se la bendijera. Poco hablaba. Le dimos un periódico de LA PRENSA para que rezara por LA PRENSA. Él estaba al tanto de todo.

Y ahora ¿cómo vive la vida?
Pues ideay, ya no voy a la finca. Porque uno de mis hijos está a cargo. Yo montaba a caballo, me iba a ver los desmontes, las limpias, pero ya después ya no.

¿Nicaragua nunca va a cambiar?
Esa es la pregunta de los seis mil. ¿Cómo puede cambiar con estos…? Y la gente está muy apática. No están como en Venezuela, que están ardientes. Bueno, pero ideay, a costillas de los 93 muertos.


Plano personal

“Me dicen Anita, pero mi nombre es Ana María Chamorro Cardenal. Nací en Managua el 15 de junio de 1927. Fui bautizada al día siguiente, día de Corpus Cristi”. Así se presenta doña Anita en su libro La herradura de mi suerte.

Y continúa: “Contraje matrimonio con Carlos Holmann Thompson, el 13 de diciembre de 1947. Vivimos por 25 años muy felices en San Juan del Sur. Compartimos nuestras vidas por cuarenta años, cinco meses, diez días y ocho horas, hasta que la muerte nos separó”.

En algunos momentos ha estado al frente de LA PRENSA, cuando su familia ha sufrido persecución y han debido salir del país. En el periódico también se ha convertido en escritora de artículos, de opinión principalmente. También es autora de poesía.

Es profundamente religiosa y devota de la Virgen María. Asiste a las misioneras de la orden de Madre Teresa de Calcuta, a quienes apoya en un comedor para personas de escasos recursos.


 

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