Dennis Martínez: Así viví mi juego perfecto inning por inning

Frente a un video, Dennis Martínez recuerda segundo a segundo una de las más grandes hazañas que un deportista nicaragüense haya realizado en la historia: el juego perfecto del 28 de julio de 1991, hace 26 años

Dennis Martínez

Finalizó el quinto inning y corrí dando zancadas y con la cabeza gacha hacia el dugout. No sé si hacía calor en Los Ángeles. Me imagino que sí, pero yo no lo sentía. Me senté, me saqué del cachete la bola de chicle que había mezclado con tabaco para que no se me resecara la boca y la puse en mi guante. Tomé agua y me concentré en los próximos bateadores a los que iba a enfrentar.

Estaba sentado cuando Mike Morgan, el pitcher de los Dodgers, salió hacia el montículo. Yo me encontraba solo y el equipo trataba de no perturbarme, pero de pronto me sorprendió el ruido de mis compañeros celebrando que el bateador de turno Ron Hassey había pegado el primer hit del juego. Inmediatamente vi hacia la pizarra y noté que a mí tampoco me habían bateado de hit. Cuando me tocó salir otra vez a pichar, empecé a visualizar un “no hit”, pero nunca un juego perfecto.

Dennis Martínez se ve con nostalgia en la pantalla. Ya no tiene el pelo tupido ni el espeso bigote negro que llevaba allá por 1991. De todo aquello ya se han encargado las canas. Pero su memoria está intacta, o al menos, el recuerdo de aquel 28 de julio. Basta, pues, con enseñarle un par de minutos de su juego perfecto, para que recuerde cada detalle. Los picheos que hizo, los bateadores a los que se enfrentó, qué pensó y qué sintió durante aquellos históricos nueve innings.

Los dos perfectos

Martínez hizo un total de 96 lanzamientos y cinco ponches durante el juego. LA PRENSA/ Archivo.

Era la 1:00 de la tarde y el sol caía sobre Los Ángeles cuando Dennis subió al montículo y vio venir a Brett Butler. Lo recuerda bien porque fue el primer bateador al que se enfrentó. “Ese tipo se enojó porque me lo ponché en el primer inning. Le tiré una curva que creyó que era bola”, dice riendo Martínez. Mira el juego y goza como si estuviera a punto de ponchar al bateador nuevamente.

En el primer inning, “El Presidente” solo necesitó seis lanzamientos para retirar en fila a los tres bateadores. “Es que hay que ser económicos”, dice. Era el inicio de una hazaña que ni siquiera sospechaba. Aquel soleado domingo había sido como cualquier otro día, excepto porque Dennis Martínez se despertó una hora más tarde de lo habitual.

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La misa a la que como buen católico debía asistir era a las 9:00 de la mañana, pero le costó levantarse y decidió que mejor iría a las 10:00. No llegaría al estadio en el bus del equipo, sino que buscaría un taxi para irse. Llegó a la iglesia San Antonio de Padua y al salir se encontró con el famoso narrador de los Dodgers, Vin Scully, quien lo había bautizado como “El Presidente”. “Oye, ¿tú no lanzas hoy?”, preguntó Scully a modo de saludo a Martínez, quien ya debía estar en el estadio. Tomó un taxi y llegó a tiempo para calentar. Sintió que le iba a ir bien en el juego y quería buscar su victoria número 11. Se enfocó en sacar out tras out.

El segundo inning pasó rápido. Dos ponches y un roleteo hacia segunda acabaron con él. “Ah… sí, ese es Kal Daniels. A ese también me lo ponché, jeje”, dice sonriendo cuando ve a Daniels lanzándole al tercer strike. No espera más y corre hacia el dugout. “Ya viste cómo salgo corriendo? Ya voy a sentarme, tranquilo y me tomo mi refresco. Me sacaba la bola de chicle y la ponía ahí. Yo sé que suena como asqueroso, pero no, la ponía en mi guante”, dice.

Dennis Martínez, de 63 años, recuerda los momentos más emotivos de su juego perfecto, 26 años después de haberlo lanzado. LA PRENSA/ Óscar Navarrete.

Como si pichar un juego perfecto no fuera suficiente, ese día Martínez también bateó. Fue en el tercer inning y su turno fue el segundo. “¡Ahí vas a ver, si doy un hit hacia el rightfield! Era el día perfecto, ahí lo vas a ver. No es fácil batear… pero eso me hizo mejor pitcher”, explica el expelotero.

Se carcajea viéndose batear. “¡Fijate! Casi me doy en la espalda. Era mal bateador… Lo que yo sabía era tocar”, dice, mientras se ve girar como trompo intentando darle a una bola que apenas rozó y se quedó en el territorio del catcher.

Dennis ve a Mike Morgan preparándose para hacerle otro lanzamiento y recuerda que la vez anterior les había tocado pichar a ambos en Montreal, donde Martínez le ganó 1-0 en 10 innings. “Por eso es que era rivalidad este juego… y ahora le vuelvo a ganar”, dice “El Presidente” orgulloso, mientras sigue viendo su turno al bate.

—Y ese bigote que tiene ahí, ¿por qué ya no lo usa?

—Ahora que ya estoy viejo me dice que me lo afeite la mujer. Dice que ahora en vez de negro me sale blanco, que parece que anduviera cosas en los bigotes, entonces me lo afeito. Son las canas —ríe.

Sigue pendiente de su ya productivo turno al bate. “Lo hice trabajar, ¿viste cuántos lanzamientos me ha tirado? Ya con eso lo hice trabajar a él”, expresa Martínez. De repente, Mike Morgan, le tiró un lanzamiento que hizo que Dennis diera una vuelta completa en el plato, ponchándose. “¡Me ponchó jeje, mirá cómo me di la vuelta… Eso lo presentaron para que vieran que lo hacía mal!”, dice. No fue en ese turno al bate que pegó su hit.

Martínez jugó con los Expos de Montreal durante ocho años. LA PRENSA / Archivo.

El espigado lanzador regresó al dugout por su guante y su gorra para ocupar el montículo otra vez. Está de pie en la colina y mira fijamente al bateador. “Yo ya estoy enfocado en qué lanzamiento le voy a tirar. Ellos estaban agresivos conmigo porque sabían que yo tiro strikes, pero no sabían qué lanzamiento les iba a tirar. Y cuando me buscaban recta, les tiraba cambio. Cuando me buscaban cambio, les tiraba recta. Los tenía desconcentrados totalmente”, dice Martínez.

“Mirá a ese bateador, a ese me lo llevé con curvitas y rollingcitos, parece que mataba zompopos el tipo. Bateadorcito que está buscando rectas… bateador malo de curvas. ¿Para qué le voy a tirar rectas? A punto de curvas me lo llevo”, cuenta. El pitcher se prepara para hacer otro lanzamiento. “¡Cuuuurva! Por nada se arranca los juanetes, jaja. Por nada se da en las patas. Ahora le voy a tirar una curva para que se ahorque, vas a verlo”, narra “El Presidente”, entre risas. El bateador apenas toca la bola y se va de rolling cerca de la primera base. “Ahí va, ¿viste? Rollingcito, jeje. Es fácil decirlo, pero a la hora de la ejecución es un poquito difícil. Ahorita te lo estoy diciendo porque ya lo ejecuté, ya sé cómo lo hice”.


¿Denis o Dennis?

Dennis Martínez asegura que su nombre originalmente se escribe con una ene, así está inscrito en Nicaragua. Sin embargo, cuando llegó a las Grandes Ligas en Estados Unidos, le agregaron una consonante más para que la letra e pudiera pronunciarse correctamente y su nombre sonara igual que en español. Él asegura que le gusta más con doble ene y así firma sus autógrafos.


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En Nicaragua nadie sospechaba del juego histórico que Dennis estaba pichando. A pesar de que semanas antes había estado cerca de lanzar un no hit. “Ya estaba coqueteando con un ‘no hit’… A comienzo de la temporada a Pittsburgh le estaba tirando un no hit y Barry Bonds me lo quitó en el séptimo inning”, dice.

Hasta este momento del juego, los dos pitchers estaban lanzando perfecto. Ninguno tenía hits o bases en contra.

Pero nadie imaginó aquella hazaña de Dennis. De haberlo hecho, por ejemplo, el cronista Edgard Tijerino jamás hubiera pedido libre ese día domingo. “Olvídense de mí y de Chilo (su esposa)”, habría dicho el cronista a sus compañeros de la sección de deportes del diario Barricada. “Para mí fue una cosa extrañísima. En ese tiempo los jefes de sección cerraban siempre, todos los días y todos los domingos. Yo estaba acostumbrado a no tener ningún día libre y ese día cumplía años la hija de Carlos García y se lo celebró en Montelimar. Dije que no iba a trabajar ese día”, cuenta Edgard Tijerino.

Lo más difícil

Mientras el cronista disfrutaba de la arena, Dennis se enfrentaba a una de sus entradas más complicadas, la cuarta. Martínez está en el montículo listo para lanzarle a Eddie Murray. Tira la bola. Y el aterrizaje violento de su pie derecho le provoca un dolor en la parte baja de la columna. Se lleva la mano a la cintura y se dobla, adolorido.

Dennis está viéndose. “Ahí como que me pasa algo en la espalda, yo siento un malestarcito. Yo tenía algo… Si hacía un mal movimiento, me afectaba en la espalda. Cuando caí sentí un jaloncito”, cuenta. El equipo y el entrenador salieron a ver si estaba bien. Hizo un par de lanzamientos y estiramientos y quiso continuar. “El tercera base, Tim Wallach se me acerca y me dice: ‘Si te molesta bróder, es tu carrera y está bien. Por este juego no te vas a perjudicar tu carrera’, pero me empecé a estirar y empecé a sentir que no era la gran cosa”, dice Dennis.

Una réplica del uniforme que Martínez usó durante el juego perfecto se encuentra en el Salón de la Fama del deporte nicaragüense. El original está en el Salón de la Fama de Beisbol, en Cooperstown. LA PRENSA/ Jorge Torres.

En el quinto inning regresó la tranquilidad. Martínez sacó los tres outs sin problemas, hasta que llegó la sexta entrada. Hasta ese momento Martínez y Morgan estaban lanzando perfecto, pero en la parte alta del sexto inning Ron Hassey pegó el primer imparable del juego. Dennis, quien estaba en el dugout, escuchó el ruido de sus compañeros celebrando y se dio cuenta, al ver la pizarra, que él estaba lanzando perfecto.

En el sexto inning también fue su segundo turno al bate. Y le hicieron out con un toque de sacrificio para que su compañero corriera a la segunda base. Después era su turno de pichar.

Estaba en el montículo y acariciaba la bola una y otra vez. “Agarraba la pelota y la manoseaba. Yo le daba amor a la bola. La acariciaba, la frotaba, quería que mis manos se sintieran bien con la pelota que estaba agarrando, para que no me le dieran duro. Hay que acariciarla para que no me la maltrataran. Le echaba tierrita, le echaba salivita, la frotaba bien. Ya cuando estaba, vamos con ella”, dice, mientras se ve con la bola entre las manos, listo para lanzar.

El último turno de la entrada fue para el pitcher Mike Morgan, quien pegó un peligroso elevado en el jardín central. El center fildea con facilidad y cae el tercer out. “Dennis Martínez ha estado perfecto por siete innings contra los Dodgers”, dice el cronista que narra el juego.

¿Un perfecto?

El artículo que escribió Edgard Tijerino para Barricada al darse cuenta a través de la radio que Dennis Martínez había lanzado un juego perfecto. LA PRENSA/ Reproducción.

Edgard Tijerino disfrutaba de la playa de Montelimar junto con su amigo Carlos García. Este último era esclavo de la radio y ese día escuchaba a través de Radio Nicaragua el juego que Dennis estaba trabajando en Los Ángeles. “Estaba Tito Rondón retransmitiendo y apareció ahí la posibilidad de un juego perfecto. Y por el énfasis que le ponían, y sabiendo que era una retransmisión, yo consideré que el juego ya había terminado y que lo había tirado”, cuenta el cronista.

“¿Cóooomo?”, dijo Tijerino, sin recordar que el día inaugural de esa temporada, Dennis se había aproximado a un no hitter contra Pittsburgh. Hasta ahí llegó el día libre. Le dijo a Carlos García que ese juego podía haber terminado y si el narrador se dejaba oír tan excitado, era posible que Dennis hubiese logrado el perfecto. Levantaron todos sus motetes y se fueron al vehículo, camino a la Redacción de Barricada, donde Tijerino trabajaba.

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El cronista estaba acostumbrado a ver a su amigo correr en las carreteras, aquel viaje le pareció lento. Iba en el vehículo escuchando los últimos innings y pensando en que se haría cargo de toda la edición del periódico.

En Los Ángeles Dennis estaba a punto de completar la hazaña. En la parte alta de la séptima entrada los Expos anotaron dos carreras y tomaron la ventaja ante los Dodgers. “Se rompió un récord con todos esos rollings que dieron (los Dodgers) a segunda. Y se lo dieron al segunda base más errático. Es lo que te digo… las cosas, cuando van a pasar, van a pasar”, dice “El Presidente”.

En la baja del séptimo una jugada peligrosa se asomó a las perfectas cifras que llevaba el pitcher. En su turno al bate, Juan Samuel tocó apenas la pelota con el bate y la dejó rodando entre primera y tercera base. Martínez reaccionó de inmediato y se tiró al campo, agarró la pelota a mano limpia y de rodillas la tiró hacia la primera base, logrando el out. En la alta de la octava entrada Dennis finalmente pegó su hit por el rightfield.

“Solo podía llorar”

Dennis Martínez, celebrando su juego perfecto el 28 de julio de 1991. LA PRENSA / Archivo.

Interrumpe el video porque ya no puede aguardar. “Adelantalo hacia la novena. Adelantalo”, insiste Martínez, impaciente por ver sus tres últimos outs. “Pasalo, miremos el noveno donde ya batean ellos”, dice el pitcher.

“Ahí va el inning… Todo el mundo nervioso. Mirá aquel maje cómo se menea. Ahí a mí lo que me conmociona es que cuando voy saliendo toda la fanaticada se levanta. Me sentí como que iba en el aire, como que no avanzaba, como que las piernas me pesaban… Yo ahí recé y le pedí a Dios que me ayudara a terminar el juego, que no me abandonara, que me diera la fortaleza. Fue una transformación que sentí”, cuenta Martínez.

Estaba en el montículo y las 45,560 personas que estaban en las gradas del Dodger Stadium en Los Ángeles, lo aclamaban de pie. Se contorsiona como bailarina de ballet en un pie con cada lanzamiento. Levanta la pierna, se la lleva casi a la altura de la barbilla y se prepara para lanzar las mejores curvas del juego, que fueron en el noveno inning . “Si vos me ves yo no soy una persona grande y fuerte, como muchísimos. Yo tenía que buscar de dónde fuera, como fuera, para poder tirar esa bola con fuerza y ponerla donde quisiera”, dice Dennis, explicando su peculiar posición para lanzar. Una bola por el jardín izquierdo y otro ponche son los primeros outs.

Edgard Tijerino va camino a la Redacción mientras escucha cuando Chris Gwynn entra como bateador emergente. El out número 27 está en la caja de bateo. Dennis se agacha para amarrarse los zapatos, aunque según confiesa, solo estaba impacientando al bateador. “Mirá la curva esa… no le pueden dar. La ven arriba y después se les desaparecía”. Dennis guarda silencio. La cuenta está en una bola y dos strikes.

El juego perfecto de Dennis en la primera plana del diario LA PRENSA, el 29 de julio de 1991, un día después de lanzarlo. LA PRENSA/ Reproducción.

Gwynn hace swing al último lanzamiento. La pelota va por el jardín central. Dennis voltea y la ve. “Come on, Grisson, come on”, se dice para sí. Grisson la agarra y Dennis se derrumba. Ha caído el último de los 27 outs perfectos. “¡Yeaaah!”, dice Dennis, mientras se ve en el video. El narrador grita emocionado: “¡‘El Presidente’, el perfecto!”. Edgard Tijerino no tiene tiempo para emocionarse. Está pensando en las portadas de los periódicos del lunes 29 de julio. Entró a la Redacción de Barricada gritando: “¡Paren todo! Déjenme hacer el trabajo”.

Dennis solo podía llorar. “Lo único que me salió fue llorar, de agradecimiento, de alegría, de gratitud. Después de los problemas que había pasado en mi vida, ahora recibiendo esta clase de juego… Todo se lo daba a Dios. También me remontó a mí país. Todas las tristezas y los sufrimientos que hemos pasado por las guerras. Y estábamos viendo los cambios hasta ese año, el 91. Yo creo que fue un momento de felicidad, de gozar algo, como un regalo. Qué mejor que Dennis Martínez se los brinde. Yo no festejé, yo nada. Lo que me salió fue llorar”.

Para Martínez, aquel fue un día perfecto. Quizás si se hubiera levantado temprano, si hubiese faltado a misa y hubiera decidido irse con el equipo en el autobús, no hubiera lanzado el juego perfecto. Quizás si su familia hubiese estado ahí, quizás si no hubiera tenido al segunda base que más errores cometía, quizás nunca hubiese lanzado ese juego perfecto. Quizás no hubiese estado ahí en el montículo, escupiendo la bola de chicle con tabaco que le inflaba el cachete y llorando de felicidad, por haber alcanzado la máxima gloria de un pitcher. El primer nicaragüense en llegar a Grandes Ligas y el primer latino en lanzar un juego perfecto.

Además de lanzar el juego perfecto, Dennis Martínez también tuvo tres turnos al bate y anotó un hit ante Mike Morgan. LA PRENSA/ Reproducción del libro de Edgard Tijerino «¡Bravo Denis!»

Los logros de Dennis Martínez

El primer lanzador latino autor de un juego perfecto, el 28 de julio de 1991 en el Dodger Stadium.

Máximo ganador latino en la historia de las Ligas Mayores con 245 éxitos, dos más que los acumulados por el dominicano Juan
Marichal. El 9 de agosto de 1998 venció 7-5 a los Gigantes de San Francisco con el uniforme de los Bravos de Atlanta, para llegar a 244 éxitos y tumbar a Marichal.

El 17 de octubre de 1995 puso fin a una sequía de 41 años de los Indios de Cleveland sin llegar a la Serie Mundial, al vencer 4-0 al legendario lanzador Randy Johnson y los Marineros de Seattle, en el sexto juego de la serie por el campeonato de la Liga Americana.

Participó cuatro veces en los Juegos de Estrellas, en 1990, 1991, 1992 y 1995.

En 1981 fue el pitcher con más juegos ganados de la Liga Americana en 1981, con 14.

En 1991 fue líder en efectividad con 2.39. Además encabezó la lista de blanqueadas con cinco en la Liga Nacional.

Durante su carrera elaboró 30 blanqueadas, incluyendo su juego perfecto, un partido de un hit y cinco encuentros de dos imparables en recorridos completos.

Fue el abridor de juegos inaugurales en nueve temporadas diferentes.

Recibió votos para el premio Cy Young en las temporadas de 1981 y 1991.

De 1987 a 1995 tuvo nueve temporadas consecutivas de 10 o más victorias.

En 1979 registró una racha de 10 victorias con los Orioles y en 1989 tuvo una hilera de 11 triunfos con los Expos.

El 28 de septiembre de 1993 derrotó 3-2 a los Marlins desde la colina de los Expos y se convirtió en el noveno lanzador de la historia con 100 triunfos en cada liga.


Curiosidades sobre el juego perfecto

Caricatura de Luis González Sevilla.

1- En la historia del beisbol el 28 de julio es la única fecha en la que se celebran dos juegos perfectos: el de Dennis Martínez, en 1991 y el de Kenny Rogers, en 1994, que fue el siguiente en la lista.

2 – En Montreal, Canadá, hogar de los Expos, el equipo con el que “El Presidente” lanzó su juego perfecto, hay un premio llamado Dennis Martínez y se le otorga al mejor pitcher amateur.

3 – Fue el segundo juego perfecto de la historia lanzado contra los Dodgers de Los Ángeles.

4 – Durante el juego, Dennis Martínez solo utilizó 96 lanzamientos para producir los 27 outs del encuentro y
de ellos, 66 fueron strikes. Propinó cinco ponches y en tres ocasiones tuvo la cuenta llena, con tres bolas y dos strikes.

5 – El uniforme de Martínez y una de las pelotas que se usaron en el juego se encuentran actualmente en el Salón de la Fama del Beisbol, en Cooperstown. En el Salón de la Fama del deporte nicaragüense hay una réplica del uniforme.

6 – En el juego, además de pichar, Martínez participó en tres turnos al bate. En uno de ellos conectó uno de los cuatro hits que recibió el pitcher de los Dodgers, Mike Morgan.


¿Qué es un juego perfecto?

La Major League Baseball define un juego perfecto como un partido en el que un pitcher obtiene la victoria de un juego en nueve innings, sin que ningún bateador se embase: no puede haber bases por bolas, ni hits, ni jonrones, y el pitcher tampoco puede golpear a ningún bateador.

El juego debe durar nueve innings y el pitcher debe hacer 27 outs perfectos.

Otros juegos reconocidos

-Blanqueo (Shutout): Es un juego en el que un pitcher (o varios pitchers) pueden dar bases por bola, los corredores pueden pegar hits y embasarse, pero sin anotar ninguna carrera.

-No hits, no run (sin hits ni carreras): En este caso, el pitcher no permite hits ni carreras durante el juego, pero los bateadores pueden llegar a la base por otras circunstancias, como una base por bola o un golpe del pitcher (hit by pitch).

-No hitter (sin hits): Cuando un pitcher logra lanzar un juego en el que el equipo contrario no anote hits; sin embargo, pueden anotar carreras por otras circunstancias, como errores o bases por bola. De este tipo de juego regularmente no se lleva conteo.