Jesús, vida
Oscar Chavarría

Entendiendo la religiosidad popular

Un amigo me decía que no entendía la “religiosidad popular”, a lo que quise compartirle que yo entiendo que esta es una “expresión particular de búsqueda de Dios, de la fe” y refleja la sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer.

En el ser humano y en los pueblos existe un hondo sentido de lo sagrado, que se expresa de diversas maneras. La religiosidad popular de nuestros pueblos tiene profundas raíces cristianas y se manifiesta de modo particular en cada pueblo de acuerdo con su propia idiosincrasia, con su historia y tiene una dimensión personal y otra comunitaria.

En su origen, la religiosidad popular fue una expresión pública compartida con la fe cristiana y esta ha suscitado en cada pueblo y cultura, numerosas manifestaciones de fe y de culto a Dios que responden a sus vivencias y a su cultura propia. Abarca el modo personal de relacionarse con Dios, la Santísima Virgen, los ángeles y con los santos. Pero tiene también una muy importante dimensión comunitaria. Quienes participan en estas manifestaciones de fe se sienten actores y protagonistas de las mismas.

La religiosidad tiene sus propios lenguajes y maneras de expresión, mucho más en la línea de lo simbólico y lo intuitivo que en la de lo discursivo y racional. Recurre con frecuencia a ritos, imágenes, signos visibles y gestos corpóreos, involucrando a toda la persona. Habla el “lenguaje del corazón”.

La religiosidad popular es una manera de expresar la identidad de un pueblo, que se halla vinculada a la fe cristiana. Las diversas manifestaciones de la piedad popular sirven para expresar el “alma” de un pueblo. Todas ellas generan sentimientos de pertenencia, de identidad y de cohesión.

Las fiestas patronales son momentos de rica vivencia y expresión de la fe. Estas fiestas están generalmente vinculadas a la tradición religiosa y constituyen una expresión singular de la religiosidad de nuestro pueblo. Somos un pueblo con un gran sentido de la fiesta y de lo festivo. La gente de los pueblos vive con intensidad los tiempos de fiesta como momentos de descanso, de convivencia y de celebración.

La música, la pólvora y el fuego son elementos indispensables de nuestra fiesta que no solo sirven como expresión de júbilo, sino que también tienen en muchos lugares un sentido religioso. Nuestro pueblo cristiano —especialmente la gente sencilla— vive y expresa su relación con Dios, con la Santísima Virgen y con los Santos, y en este sentido en estos días hemos tenido y tendremos muchas fiestas patronales en nuestros pueblos y muchas personas viven su religiosidad con el rezo, la ofrenda de unas flores, el encendido de una vela, la realización de una promesa, el esfuerzo de llevar un paso procesional o de peregrinar a un lugar.

Estas manifestaciones de religiosidad popular son un tesoro que debemos conservar. Son reconocidas también como fenómenos de interés turístico o como parte del patrimonio cultural nicaragüense. La piedad popular penetra delicadamente en la existencia de cada fiel, en distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos creyentes recurren a algún pequeño signo del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a una imagen querida de María, una sonrisa dirigida al Cielo, en medio de una sencilla alegría.

Hay que tener presente que para muchas personas alejadas de la práctica de la fe cristiana la religiosidad popular es la única experiencia religiosa que les resulta “próxima” pues sabe conectar con las personas cuando viven experiencias fuertes de dolor, duda, gozo, fracaso, debilidad o gratitud.  En su expresión, recurre a la narración, al canto, a la imagen religiosa y a la procesión para transmitir la fe, haciendo catequesis y, a la vez, celebrando la fe. Tienen gran importancia los elementos simbólicos y estéticos, que ayudan a la transmisión de la fe. Fomenta también valores evangélicos como el perdón, la generosidad, el sacrificio, el respeto a Dios, el silencio, el servicio, la colaboración, la amistad o el compartir.

Uno de los mayores valores de la religiosidad popular reside en que es una expresión de la fe en la propia cultura, con el lenguaje, los símbolos y los gestos del entorno cultural. Cuando la fe se ha hecho cultura, tiene mayor capacidad de penetrar en la vida de los pueblos.

Nuestras fiestas son también memoria y tradición, y la piedad popular sigue siendo una de las mayores expresiones de una verdadera inculturación de la fe, pues en ella se armonizan la fe y la liturgia, el sentimiento y las artes, y se afianza la conciencia de la propia identidad en las tradiciones locales

La piedad popular ha sido, en muchas ocasiones, un medio providencial para la conservación y transmisión de la fe. A través de las prácticas de piedad popular muchos cristianos han mantenido y expresado su fe.

La transmisión de padres a hijos de estas formas de religiosidad conlleva la transmisión de los principios cristianos.

Finalmente es verdad que en ocasiones las expresiones de religiosidad popular aparecen contaminadas con elementos no coherentes con la doctrina cristiana católica. En estos casos, dichas manifestaciones han de ser purificadas con prudencia y paciencia, por medio de contactos con los responsables y una catequesis atenta y respetuosa, a no ser que incongruencias radicales hagan necesarias medidas claras e inmediatas.

Bendiciones

El autor es sacerdote.

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