¿Por qué no al presente?

Las discrepancias políticas actuales surgen de la ingobernabilidad, del irrespeto al Estado de derecho, del abuso dictatorial de Ortega. Por desgracia, el control absoluto sobre los poderes del Estado, los fraudes electorales, etc., no son discrepancias superadas del pasado, sino, un intento actual de consolidación del anacrónico absolutismo de Ortega.

fraudes electorales, elecciones municipales

Económicamente crecíamos mucho más en el pasado. En la década del sesenta, el PIB crecía a tasas de 6.7 por ciento. Pero, lo lógico es tomar los elementos progresivos de la realidad actual, combatir los factores regresivos del orteguismo que polarizan insensatamente a la sociedad, y empeñarse en desarticular la corrupción, los privilegios, y los abusos, para construir en un terreno libre de obstáculos un futuro más promisorio e igualitario.

En la edición de LA PRENSA del 3 de agosto, escribe José Aguerri, presidente y caudillo vitalicio del Cosep, un artículo que titula: Sí al futuro, no al pasado. Es, posiblemente, el peor artículo jamás escrito por Aguerri. El más insensato y retrógrado de todos.

Lo que sorprende no es lo que ignora Aguerri, sino, lo que parece ignorar el gran capital que está detrás de este personaje.

No es posible escoger entre el futuro y el pasado. Es un falso dilema. En todo futuro existen aspectos positivos y negativos del pasado, porque la realidad evoluciona sobre bases materiales objetivas que premian o castigan las estrategias anteriores. El dilema, si acaso, es entre estrategias de desarrollo, para construir un futuro halagüeño a partir del presente. Combatiendo por ella contra fuerzas retrógradas, no tapándose los ojos ante el pasado.

Los niños de dos a cuatro años creen, como Aguerri, que tapándose los ojos se pueden esconder de la realidad. Aguerri asume que si reniega del pasado sus efectos desaparecen, como el niño muy pequeño que se cree invisible si se cubre los ojos. Aguerri no ve a Ortega como un efecto sombrío del pasado que hace retroceder la economía y la sociedad. Y que ese retroceso, por desgracia, conduce a un atraso futuro relativamente más grave, a un fracaso como nación.

Por la negligencia y la corrupción actual del orteguismo, Nicaragua muestra un incremento de las amenazas y de las debilidades, con base en las oportunidades irremediablemente perdidas.

El deterioro irreversible de la productividad de los suelos, la extensión improcedente de la frontera agrícola, el despale insensato, la contaminación y reducción de los recursos hídricos, la pérdida de productividad económica y la reducción de la capacidad del capital humano y el envejecimiento de la población, auguran más que un grave incremento de la pobreza una catástrofe humanitaria gigantesca, en un país que contradictoriamente está dotado de inmensos recursos naturales.

En ese camino extraviado de la lógica, Aguerri escribe: La aprobación de Nica Act, por el Comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, y de la Ley de Defensa del Patrimonio Nacional, por la Asamblea Nacional de Nicaragua, nos sitúan en un nivel de discrepancia que considerábamos eran parte del pasado.

Las discrepancias políticas actuales surgen de la ingobernabilidad, del irrespeto al Estado de derecho, del abuso dictatorial de Ortega. Por desgracia, el control absoluto sobre los poderes del Estado, los fraudes electorales, etc., no son discrepancias superadas del pasado, sino, un intento actual de consolidación del anacrónico absolutismo de Ortega.

Aguerri escribe: Los 27 años de paz nos han permitido establecer una ruta irreversible de crecimiento sostenible y nos ha dado expectativas positivas de un futuro mejor.

Tácito responde a Aguerri …hace dos mil años: “Auferre, trucidare, rapere falsis nominibus res publica, atque ubi solitudinem faciunt, pacem appellant” (A la rapiña, el asesinato y el robo los llaman por mal nombre gobernar y donde crean un desierto, lo llaman paz).

La sustracción de derechos ciudadanos no garantiza la paz. No hay, tampoco, una ruta irreversible de crecimiento sostenible. Cualquier empresario sabe que la paradoja de Lucas establece como predicción práctica irrebatible, que la incertidumbre que surge de la falta de institucionalidad (paliada por constantes telefonazos al poder), desalienta la inversión de capital. Y que ese riesgo es mayor cuando la dictadura se encamina a una confrontación estratégica con el poder económico mundial, sin una razón programática válida.

Escribe Aguerri: No creemos que para construir antes haya que destruir.

Schumpeter, quien vincula el capitalismo con el humanismo, sostenía que el hecho esencial del capitalismo era el proceso de Destrucción Creadora, y que su protagonista central era el emprendedor innovador, a quien él miraba como agente activo del progreso económico.

Tampoco creemos —continúa Aguerri— que los logros institucionales se deban alcanzar sacrificando los logros económicos.

Habrá que ver si lo que Aguerri llama logros económicos promueven un incremento de oportunidades para los sectores sociales marginados. Con esa idea brutal de frenar el desarrollo de los derechos humanos y los derechos políticos en aras de mantener el sistema económico, nunca se debió derrotar al feudalismo, a la dependencia colonial, a la esclavitud, al racismo, o al somocismo, ya que el estatus quo producía ciertamente un logro económico para algunos sectores privilegiados, que Aguerri piensa no debieron ser sacrificados, aunque frenaran el avance de la civilización.

Por el contrario, el sistema económico que no promueve el desarrollo humano debe perecer por otro democráticamente superior.

El autor es ingeniero eléctrico.