Dictadura y elecciones

Necesitamos la unidad total de la oposición verdadera alrededor de una estrategia seria y perseverante de lucha contra la dictadura, en cuya elaboración participemos todos los sectores que queremos una democracia para nuestro país.

Siempre he sostenido que las elecciones en una dictadura son un instrumento para manipular, aparentar pluralismo, hacer fraudes y al final mantener su poder intacto.

Pero la peor consecuencia de unas elecciones en una dictadura es que sirven para dividir a los opositores, pues saben que no están dando las condiciones óptimas para unas elecciones libres; y juegan a la división, a las diferencias de concepción de los opositores sobre los procesos electorales, y unos participarán y otros no, según sean sus principios y valores, y lo que crean lograr en esas elecciones.

En Venezuela, con la decisión de Maduro de hacer en octubre las elecciones para gobernadores, lo doloroso ha sido la división de la oposición, vimos cómo Capriles va a participar, pero Leopoldo López no, la MUD sí pero Corina Machado no, ni Ledezma, lo que ha sido un balde de agua fría para el pueblo que entregó en los últimos meses 115 valiosas vidas en lucha frontal contra la dictadura.

En Nicaragua la dictadura está aprovechando las elecciones municipales para dividir a la oposición en tres grupos: los partidos zancudos consagrados que ni siquiera ya son oposición y que van a participar incondicionalmente en las municipales; los partidos nuevos que no se sienten zancudos, que quieren participar, desean observación electoral y buscan espacios para fortalecerse; y los grupos que no van a participar por considerar que el sistema electoral está colapsado y viene otro fraude.

Tanto en Venezuela como en Nicaragua esas divisiones frente a los procesos electorales que organizan las respectivas dictaduras, son producto de algo fundamental: que no hay una estrategia unificada e integral de la oposición para luchar contra la dictadura, y no hay tal estrategia porque no hay unidad de todos las fuerzas opositoras, en gran parte por la ausencia de líderes con visión estratégica y credibilidad que se puedan colocar encima de las diferencias entre grupos, y guiar a la gente por el camino que lleve a la democracia.

Una estrategia es un camino diseñado que tiene objetivos y metas, que está organizada por etapas y tareas para el corto, mediano y largo plazo, con recursos, trabajo con todos los sectores, y con equipos humanos comprometidos.

Esa estrategia es lo único alrededor del cual se podría erigir una unidad verdadera, sólida y esperanzadora, la cual debería ser encabezada por líderes que sean creíbles para la población, y con honestidad, coherencia y entrega comprobadas.

Sin tener una estrategia unificada y una oposición unida, siempre habrá terreno fértil para que las dictaduras manipulen todo diálogo, todas elecciones y todo mecanismo que les sea útil para mantener consolidado su poder.

En nuestro caso, tanto los grupos colaboracionistas como los que quieren participar con intenciones de ganar espacios y los que no van a participar porque consideran que viene otro fraude, tienen sus propios argumentos cada uno, sus propias lógicas, y si bien es cierto que unas elecciones presidenciales son distintas a unas elecciones municipales, el control de la dictadura sobre todo el sistema electoral y sobre toda la sociedad difícilmente no permitirán los cambios democráticos a los que aspiramos todos los nicaragüenses, pues tienen sus estrategias para los distintos tipos de elecciones.

Que no nos maten los inmediatismos o cortoplacismos. Necesitamos la unidad total de la oposición verdadera alrededor de una estrategia seria y perseverante de lucha contra la dictadura, en cuya elaboración participemos todos los sectores que queremos una democracia para nuestro país.

El autor es socialcristiano, exembajador de Nicaragua en Alemania.