El Volcán de Oro: entre la historia y la aventura

Dentro de nuestro planeta Tierra hay un mundo violento cubierto por lava derretida tan solo separados por unos cuantos kilómetros de la litosfera

Volcán

Alguien alguna vez dijo: “Hay solo una cosa para contemplar el inmenso poder de la naturaleza y otra para experimentar estas fuerzas directamente”.

Dentro de nuestro planeta Tierra hay un mundo violento cubierto por lava derretida tan solo separados por unos cuantos kilómetros de la litosfera donde la vida se renueva, se perfecciona y cambia; pero la misma naturaleza la hace estremecer; tiembla, vomita y cae sobre ella sin control alguno. Esta es la fuerza de los volcanes.

Según datos de la serie de Crónicas de la Colección Cultural dice que cuando los conquistadores entraron por primera vez batallando con las provincias Chorotegas de Nindirí y Masaya, el volcán Masaya (cráter Nindirí) estaba en plena actividad, era un lago de lava que ardía en el fondo del amplio cráter y el cacique Lenderi y su señorío (desde Xalteva en Granada hasta la Península de Chiltepe en Managua) consideraba aquella manifestación como un señal de disgusto de la hechicera que vivía en el cráter,  a la que solían consultar con frecuencia en la oquedad. Según las opiniones de los indígenas,  la pitonisa no siguió haciendo predicciones hasta que sacaran de nuestros territorios a los invasores españoles.

Por su parte los españoles consideraban un espectáculo tan impresionante al que llamaron “la boca del infierno” seguramente por la mítica obra de Dante Alighieri, La Divina Comedia (1304-1321). Dante supuestamente viajó al infierno a la edad de 35 años, el día de Viernes Santo del año 1300, y recorrió todos los círculos en 24 horas. El infierno que describe tiene forma de embudo o de cono invertido, el cual está dividido en círculos decrecientes. Los círculos son nueve y ruinosa y atroz es su topografía; los cinco primeros forman el Alto Infierno, los cuatro últimos el Infierno Inferior, que es una ciudad con mezquitas rojas, cercada por murallas de hierro.

Todos estos detalles debieron haber pasado por la mente del fraile  mercedario Francisco de Bobadilla, quien subió hasta la cumbre donde plantó una cruz para exorcizar al diablo,  supuestamente. Por su parte los ambiciosos y amantes de las riquezas que existían en nuestras tierras,  tal es el caso del Cronista de las Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, quien antes de abandonar Nicaragua decidió escalar el volcán y echar una mirada hacia el gigantesco y misterioso cráter en la presencia del cacique de Lenderi, quien en el camino lo impresionaba con las historia de la Tierra de Encantos y Leyendas y cada paso que daba le causaba temor y espanto. Al llegar a la boca del cráter quedó impresionado con el espectáculo (lago de lava ardiente que brotaba como una cascada de oro derretido). Tanto fue su asombro que preparó una excursión nueve años después para explorar y sustraer el oro que existía según él en el fondo del cráter.

La narración detallada de Oviedo en su libro Crónicas de las Indias y luego las narrativas de fray del Castillo inspiró al no menos codicioso gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, quien emprendió una expedición al igual que los plateros de la época quienes lograron sacar el supuesto oro el que fue examinado en la Casa de Fundición en León resultando ser unas vulgares escorias azufrosas.

Tanto fue el revuelo que causó el posible mar de oro que Juan Sánchez Portero solicitó al rey de España una concesión de exploración y de explotación del volcán por veinte años, donde los dividendos serían para la Corona, su persona y la gobernación de la Provincia, según consta en el libro de capitulaciones pags. 269-273 Descubrimiento del Volcán Masaya en 1557. Tanta era la avaricia que pidió al deán de la Catedral de León 200 esclavos para perforar un túnel en las paredes del cráter para vaciar todo el oro derretido, pero fue denegado por Carlos V.

Así pasaron muchos expedicionarios codiciosos,  como el fray Carmelita Alonso de Molina (1573) y Benito Morales, quien buscaba de los secretos del volcán (1586) pero al llegar solo encontró un cráter que arrojaba humo. Fue hasta el año 1670 que el volcán hizo erupción (cráter Nindirí) terminando así con la fabulosa mina de oro del volcán de Masaya —“El Volcán de Oro”—.

El autor es presidente de la Red nicaragüense de turismo rural comunitario (renitural).

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