Natalia Popova: “Mi profesión es enseñar a hablar sin oír”

La especialista en audición, Natalia Popova, explica sobre los orígenes de Los Pipitos, cómo se debe tratar a los niños con discapacidad, cómo están actuando los padres nicaragüenses sobre el desarrollo de los niños y también se refiere un poco a la cultura rusa

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La doctora Natalia Popova en consulta con un niño, enseñándole a hablar. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

La rusa Natalia Popova vive en Nicaragua desde 1974 y se le conoce como la doctora Popova. Muchos niños que no podían hablar han logrado hacerlo con esta especialista en la Audición. Trabaja especialmente con niños que están en preescolar o más pequeños y dice que no es “muy mimosa” pero tampoco “muy brava”. Le dicen doctora pero no es médica ni abogada, sino que su título académico es de Pedagogía Especial con especialización en Audición y Lenguaje.

No le gusta decir su edad, pero nació en la Rusia de Josep Stalin. A su edad podría estar descansando o impartiendo clases en una universidad, pero ella prefiere dar consultas desde su casa, porque “entre más pequeños son los niños necesitan ser atendidos por los mejores preparados”.

Empezó a trabajar en Los Pipitos en 1991, cuando la asociación apenas tenía dos años de fundada y salió de ahí 16 años después, porque no estaba de acuerdo con ciertas decisiones. Pero salió con el alma rota, porque trabajar con Los Pipitos era el sueño de su vida.

En esta entrevista Popova habla de Los Pipitos, del problema que hay con Teletón, pero también de los niños que nacen con ciertas deficiencias para desarrollarse y del papel que deben jugar los padres, la familia y la sociedad.

¿En qué ciudad de Rusia creció?
Nací en Moscú, posguerra, pero no en el centro, sino junto con un bosque, a 15 minutos del río Moscú. Toda mi niñez pasó en condiciones muy buenas. En el verano nosotros nadábamos, en el invierno esquiábamos e ibamos a patinar. Yo hice mi niñez como cualquier niño soviético. No soy de sangre azul.

Dicen que en el desarrollo de las personas influye el clima, ¿usted qué dice?
Desde el punto de vista biológico me imagino que sí… Yo acabo de venir de Moscú y me he sentido mucho mejor, porque era mi clima. Yo no me daba cuenta de eso, yo me acomodé al calor pero claro, sí incide me parece a mí en carácter, comportamiento en general. Pero yo ya me llamo rusa latinizada.

¿Usted creció bajo el régimen de Stalin?
Sí, Stalin estaba vivo cuando yo nací. Yo estaba en primer grado cuando Stalin murió. La gente se levantó llorando, gritando, que cómo íbamos a vivir sin el dictador. Eso se me quedó en mi mente, incluso me hicieron hablar un poema. Yo, obviamente, no soy estalinista. Mi familia sufrió el culto a la personalidad de Stalin. Yo tenía un tío abuelo que era comisario del pueblo, de la Marina de la Unión Soviética y fue aniquilado en 39 como enemigo del pueblo. Mi papá creció como sobrino de un enemigo del pueblo, pero rehabilitado en 56. Ahora su retrato está en San Petersburgo, en el museo de la Marina de Rusia. Yo acabo de verlo.

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¿En qué momento se da cuenta de que quiere estudiar su profesión?
Fue una cosa casi de casualidad. Yo iba a ser pedagoga, maestra, iba a la Facultad de Matemáticas. Geometría me gustaba mucho. Pero en el último momento me encuentro con una persona que estaba estudiando en la Facultad de Defectología. Yo le pregunté qué es y me dijo que se preparaban pedagogos para niños, con deficiencia intelectual, auditiva… Yo escogí Sordopedagogía, Pedagogía para niños con daños auditivos. Después yo hice doctorado en la misma línea y resulta ahora que el funcionamiento del sistema auditivo es sumamente importante para el desarrollo del lenguaje en cualquier persona. En mi país yo solo trabajé cuatro años, en un preescolar para niños con sordera profunda. Significa enseñar a hablar sin oír. Esa es mi profesión, es lo único que yo sé hacer.

¿Cómo vino a Nicaragua?
Por razones personales.

Obviamente son dos países muy diferentes, pero ¿sintió un cambio muy radical entre Rusia y Nicaragua?
Todos somos seres humanos. No hay grandes diferencias. Todos pueden acomodarse.

Se dice que los rusos son disciplinados, drásticos…
Es así. No le puedo decir hoy, pero en mi tiempo fuimos disciplinados, muy estudiosos.

¿A usted le gustan los niños?
Estar con los niños me da mucha energía. Me encanta el proceso de la aproximación emocional con cada uno de ellos. La cercanía emocional asegura mayor éxito de los procedimientos pedagógicos que fomentan el desarrollo del lenguaje. Obviamente que no siempre es fácil entrar en contacto positivo con niños sin lenguaje, pero en esta etapa de mi vida profesional no me resulta tan difícil. No soy una maestra, no soy muy mimosa ni tampoco soy muy brava. Yo lo llamo a eso cariñosamente firme. Y eso trato de enseñar a los papás.

¿Cómo son los padres nicaragüenses?
Trabajar con los padres a veces es más complicado que con los niños. La alteración en el desarrollo de sus hijos altera sus vidas y plantea los retos para los cuales la familia no estaba preparada. Hoy en día se observa mayor preocupación de la familia por el desarrollo de sus hijos. Aunque los padres no siempre tienen información precisa sobre las etapas del desarrollo infantil y los alcances del mismo en diferentes edades. El desconocimiento es más notorio en el área del desarrollo cognitivo lingüístico. En los últimos años se observa el crecimiento de la participación de los padres en la educación en el seno de la familia, incluso en las áreas que antes eran exclusivo para las mamás.

¿Su primer trabajo en Nicaragua?
Asesoré en la organización de las primeras escuelas de educación especial, en el año 77. Ayudé a organizar la escuela de León y la de Chinandega.

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¿Cómo comenzó su relación con Los Pipitos?
Por primera vez me encontré con Los Pipitos en Moscú: leí en el periódico, en la embajada de Nicaragua, que un grupo de padres formaron una asociación con el propósito no solamente de hacer visible las necesidades sociales de sus hijos e hijas en condiciones de diferentes deficiencias, sino también de participar activamente en su educación desde la familia y la comunidad. Me pareció sumamente interesante e incluí en mi tesis (doctoral) un punto más: “Resultados de este estudio científico se van a aplicar en los procesos del desarrollo de la niñez nicaragüense en condiciones de la deficiencia auditiva”. A mi regreso, en 1989, presenté un proyecto a la junta directiva de Los Pipitos y fue aprobado, encontrando financiamiento y comenzó a funcionar como Centro de Asesoramiento Audiológico Infantil.

¿Encontró obstáculos?
El principal reto fue lograr el enlace adecuado entre la atención especializada y la acción de la familia en constante proceso de capacitación. Las familias tenían que emprender en el seno del hogar educación lingüística hogareña, es decir, fomentar el desarrollo del lenguaje verbal de sus hijos e hijas en condiciones de diferentes niveles de la deficiencia auditiva. Los primeros éxitos fueron asombrosos: las familias lograron que sus hijos comenzaron a vencer las barreras del silencio. Hoy día muchos de estos niños son profesionales y llevan una vida independiente y exitosa. Los logros alcanzados planteaban nuevos y múltiples retos. Para trabajar en Los Pipitos se requieren muchos conocimientos, compromisos, cierta valentía intelectual y mucho optimismo pedagógico.

¿Y qué más se logró?
Los cambios conceptuales en la materia de la explicación y comprensión de la discapacidad y la experiencia acumulada por la asociación permitieron plantear un nuevo proyecto, que pretendía la formación del Instituto Médico Pedagógico, que se proyectaba como una entidad científico-metodológica para la organización de los procesos de capacitación, elaboración de material didáctico para las familias, la investigación y la búsqueda de los procedimientos psicopedagógicos más eficientes para la optimización del desarrollo en condiciones de diferentes deficiencias. El trabajo del Instituto se extendía a los centros de la educación temprana en los capítulos de Los Pipitos. Se trataba de implementar el modelo biopsicosocial de comprensión de la discapacidad promovido por la OMS y por la OPS y otras entidades internacionales. En otras palabras, el Instituto tenía que capacitar, investigar, promover nuevos métodos de enseñanza, elaborar material para la familia que le pueda ayudar y emprender en su hogar educación adecuada para cada uno de sus hijos. También ahí nace la idea de unidad móvil, que el instituto debe salir a los capítulos.

Natalia Popova, especialista en audición y lenguaje. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE
Natalia Popova, especialista en audición y lenguaje. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

¿Cuánto tiempo estuvo en Los Pipitos?
16 años. Ocupé cinco puestos en Los Pipitos. Fui fundadora directora del Instituto Médico Pedagógico y salí como asesora científica metodológica del instituto.

¿Y por qué salió?
No estaba de acuerdo con algunos procedimientos que comenzaron a iniciarse en el instituto. También otra cosa, puestos de asesor no son tan buenos, aunque todo mundo quiere ser asesor. Si a quienes estás asesorando, decís lo que no quiere escuchar, te corren. Yo no soy persona para… soy rusa. Además, soy profesional y me gusta la verdad.

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Tengo entendido que no hay muchos profesionales en Los Pipitos…
Si no había, había propuestas de preparar gente, de formar gente en lenguaje, en todo. La problemática de la fisioterapia está resuelto porque hay formación generalizada de personas, pero donde más necesidad hay es en la educación lingüística. El país no forma especialistas en eso. Yo me acuerdo que hice propuesta de formar logopedas comunitarios para que pudieran funcionar en los centros de educación temprana.

Los Pipitos están cumpliendo 30 años ahorita…
Pienso que cada cumpleaños que nos regala la vida es una nueva oportunidad para cambiar, modificar algunos aspectos de nuestro quehacer y sobre todo es una oportunidad para emprender nuevos y mejores proyectos. Muchas felicitaciones en su cumpleaños a Los Pipitos. Saludos a los fundadores de la Asociación Los Pipitos, a los forjadores que con su dedicación forjaron el movimiento social y con el cariño de siempre a los niños y niñas que luchan por vencer las barreras de deficiencia, y un abrazo a aquellos que ya lograron plena participación en la vida social. Los Pipitos tienen 30 años, no cualquier asociación puede tener 30 años. Quiere decir que es verdadero, que es correcto.

¿Usted cree que la sociedad nicaragüense necesita apoyar más a Los Pipitos?
¿Qué cosa es apoyar? ¿Dar? ¿Es reconocida su labor o no? Me parece que sí. El mejor apoyo que la sociedad le puede dar a Los Pipitos es aprender a incidir en el desarrollo de sus propios hijos. Promover los métodos de enseñanza de mejores patrones de crianza entre toda la sociedad nicaragüense.

¿A un niño no se le puede llamar discapacitado?
Con alguna deficiencia o con alguna singularidad en el desarrollo. Con Carlos Emilio López, cuando era Procurador de la Niñez, hablamos sobre eso y no encontrábamos nombre. Yo dije: ¿Y si no lo llamamos de ninguna manera? Todos los niños son especiales en alguna forma. Son los métodos los especiales. Ahora en el banco te dicen parqueo para diferentes capacidades. Yo siempre digo, quíteme porque yo tengo muchas, déjeme parquearme aquí.

¿Y se debe confiar en Los Pipitos?
Obviamente. Sí hay que confiar en las enormes capacidades potenciales que poseen los niños y las niñas en condiciones de diferentes deficiencias para el desarrollo de diferentes dimensiones humanas. Y si hay un movimiento social que acepta este planteamiento como su misión hay que apoyar este movimiento social. Personalmente yo confío en la acción de las familias y su enorme importancia para el desarrollo de las capacidades potenciales de cada niño o niña.

¿Y el problema con el Teletón?
Bueno, es lamentable que esté en peligro un acuerdo de muchos años entre Los Pipitos y Teletón para recaudar los fondos en las jornadas anuales para las obras sociales que emprenden Los Pipitos. Me recuerdo muy bien que al inicio de la relación las personas que organizaron los primeros Teletones agradecían a la junta directiva de Los Pipitos por la enseñanza sobre la problemática de la discapacidad y estaban muy emocionados con los programas de Los Pipitos. No sé realmente cuáles son los verdaderos motivos de este lamentable conflicto. Espero que se resuelva a favor de los niños y niñas en condiciones de deficiencias que requieren de muchos recursos científicos, metodológicos, económicos y mucha responsabilidad social de toda la sociedad.

Otras colectas se vieron afectadas por este problema.
La gente debería de seguir confiando en el gran potencial de las personas que injustamente les llaman discapacitados. En estos sí tienen que confiar. Que permitan a las personas ser miembros de la sociedad, independientes, útiles y felices. Si eso no es calidad de vida, ¿qué es? Si se están basando en la buena voluntad de las personas, que quieren aportar, entonces tienen que encontrarse mecanismos adecuados para que las personas no pierdan confianza donde está su dinero. Hay que confiar en los niños que tienen gran potencial. Ahí está Gabriel Cuadra, Marcelo, Raúl y Emir, María Elena que trabaja en McGregor teniendo síndrome de Down, está Luis Adolfo y también Juan Ignacio. Marcelo está en la escuela de manejo de Casa Pellas, habla inglés y no oye. Vaya a verlo. María Elena, con síndrome de Down, dice: yo recibo a la gente, le pregunto al cliente qué quiere, apunto. Buenísimo. Independiente.

Me acuerdo que antes, decir pipitos era algo negativo…
Cuando uno dice pipitos, cualquier connotación que le dé, tiene que saber que atrás hay un gran potencial para desarrollo de todas las habilidades del ser humano, independientemente de las deficiencias. No podemos ponerles barreras. Mi conocimiento científico llega a un nivel que yo tengo profunda fe en la capacidad humana. Traspasa el conocimiento. Emocionalmente yo tengo fe cuando me enfrento a un niño. Esa fe me la da la ciencia, la práctica, los niños que no hablaban. Los niños me enseñaron a mí.

Hay padres que tienen miedo a los tratamientos porque son costosos, el psicólogo cobra caro…
Eso es lo que se pretendía en el Instituto, una atención integral, entre lo médico y lo pedagógico. Ahorita da resultado la terapia floral, que no es cara.


Plano personal

Natalia Popova tiene un doctorado en Pedagogía Especial con énfasis en la Educación Auditiva-Verbal. Vive en Nicaragua desde hace más de 45 años. Es moscovita, como ella dice: “Crecí absolutamente en el sistema soviético” y tuvo una niñez muy feliz.

Después de terminar la escuela secundaria ingresó al Instituto Estatal de Pedagogía V.I. Lenin de Moscú (hoy Universidad Pedagógica), en la facultad de Defectología. La Defectología es una ciencia que estudia las particularidades del desarrollo humano en condiciones de alguna deficiencia: auditiva, visual, intelectual.

Antes de 1979 cooperó con la organización de las escuelas especiales de León y Chinandega y participó en la formación de las primeras maestras de educación especial en la UNAN de León.

Desde 1980 trabajó en el Ministerio de la Educación en el Departamento de la Educación Especial en la organización metodológica del sistema de Educación Especial de Nicaragua.

Desde 1991, después de obtener estudios de doctorado en Instituto de Investigaciones Científicas en Defectología, adjunto a la Academia de Ciencias Pedagógicas de la URSS, comenzó a trabajar en Los Pipitos. A ella la consideran la fundadora del Centro de Asesoramiento Audiológico del Instituto médico Pedagógico de Los Pipitos. Laboró en Los Pipitos durante 16 años y actualmente se dedica a la atención individualizada de los niños y niñas que por diversas causas presentan alteraciones en la formación del sistema lingüístico.

Natalia Popova tiene cuatro hijas ya adultas. Todas hablan ruso. Ya tiene seis nietas y un nieto.


 

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