Alejandro en los límites del poder

Inteligente es inclinarse ante el altar de la razón, el instinto de la equidad, de la proporcionalidad que reúne a cada uno de los poderes. Basta la integridad desnuda de su imagen para definirlos.

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Inteligente es inclinarse ante el altar de la razón, el instinto de la equidad, de la proporcionalidad que reúne a cada uno de los poderes. Basta la integridad desnuda de su imagen para definirlos.

Un cultivador de la devoción de estar al pie del conocimiento ha sido Alejandro no el magno de tiempos antiguos sino el que está vivo, por tanto latente: el doctor Alejandro Serrano Caldera. Desde que lo conozco en su juventud concentró sus estudios a los encantos perdurables de la ilustración, a la filosofía fresca y profunda, al oro insustituible de los clásicos. Su sede primigenia: la Universidad de León. La marcha evolutiva del tiempo lo ha hecho merecedor de la cátedra que lleva su nombre. El pedagogo desde su posición de filósofo es un  colaborador de la página de opinión de LA PRENSA donde perfila con fidelidad los rostros de los personajes o instituciones públicas implícitas en el curso de la realidad, abordada con sentido analítico al margen de las pasiones efímeras, respetuoso de la majestad terrenal de las leyes.

En una reciente exposición se concentra en “los límites del poder, el análisis y el debate acerca de la democracia que surge como un aspecto particularmente sencillo, el tema del poder”.

El caso es que se está convirtiendo en rutina el abuso, la capacidad y la voluntad de entenderlo cuyo manejo es aparentemente sencillo pero que para el hombre, en el fondo, resulta complicado. Generalmente se torna inhábil para administrarlo, de distinguir cuáles son las fronteras que lo separan. La democracia es el mejor modelo distributivo para los pueblos, pone en su lugar a los gobernantes cargados de las negativas intenciones.

Las potencias nucleares han perdido la discreta pusilanimidad en el anuncio y aplicación de sus tonelajes destructivos. Ejemplo: Kim Jong-un y Donald Trump alzan la voz en un irresponsable contrapunteo de fuego, irrespetando el derecho de vivir en paz no solo de las zonas aludidas sino de la humanidad viviente. Son los extremos que vulneran al límite.

En otras latitudes menudean las arbitrariedades  de los poseídos por la arrogancia. El capricho oficial ha infectado la raya que tiene la Asamblea Constituyente venezolana al disolver por decreto al Parlamento Nacional electo por la mayoría de la voluntad popular cuya soberanía ha sido usurpada por ser el único titular del poder legislativo por mandato de catorce millones de votantes. Una disolución fraudulenta que va del brazo con los impulsos de “un golpe de Estado”. La Constituyente —una aplanadora— lo único que podía hacer para no envenenar el límite de sus atributos era “un borrador” de la nueva Constitución y plantearlo ante el próximo referendo.

Creo, volviendo a los planteamientos del doctor Serrano que este promueve la idea de inducir a los pensadores a darle prioridad específica a las diferentes esferas del poder no excluyendo la epidémica influencia del populismo, gemelo del fascismo al que los fogosos atribuyen “poder revolucionario, la proliferación del narcotráfico y del terrorismo, una fuente a la que se le da categoría de poder que se mantiene progresiva, inexplicable para las civilizaciones normales pero que se está transformando en eso.
Mientras tanto sigue firme el aforismo o la sentencia de John Acton —que por cierto conmueve a los profesores y discípulos de la moral—. “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El autor es periodista.

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