Red en Costa Rica obligaba a nicas a prostituirse en la misma cama donde dormían

En los cuartos “desordenados y sucios” donde vivían las seis mujeres, las autoridades encontraron preservativos, dijo la fiscal costarricense a cargo del caso

Costa Rica, trata de personas

LA PRENSA/Cortesía

Seis mujeres nicaragüenses, víctimas de trata y explotación sexual, rescatadas en un bar en Costa Rica, eran prostituidas en el mismo lugar donde dormían, informó la fiscal costarricense Flor Zambrana, quien está a cargo del caso.

Las mujeres fueron reclutadas en Nicaragua mediante engaños por una red liderada por dos mujeres, también de origen nicaragüense y propietarias del Bar Pino.

Según Zambrana, tanto las víctimas como las cabecillas vivían en el Bar Pino. “Un lugar desordenado, sucio, al que con solo ingresar al mismo lo afecta a uno emocionalmente. Ver que en ese lugar no solo las víctimas dormían, sino que usaban sus propias camas para tener este tipo de actos de prostitución”, lamentó.

“Las autoridades encontraron preservativos en los cuartos y algunas cuentas, en cuadernos de las dueñas, pendientes de pagar a las víctimas”, agregó Zambrana.

Las mujeres fueron rescatadas el pasado viernes por la Policía Profesional de Migración y la Fiscalía Adjunta contra la Trata de Personas y Tráfico Ilícito de Migrantes durante un operativo. Todas se encuentran bajo protección de instituciones costarricenses, recibiendo asistencia psicológica y de trabajo social.

22 dólares por servicios sexuales

Cuatro nicaragüenses, incluyendo las dueñas del bar, y un policía costarricense fueron capturados en el lugar y, un día después el Ministerio Público dictó cuatro meses de prisión preventiva contra los implicados.

Según la fiscal, el costo del servicio sexual era 13,000 colones (22.6 dólares) y si salían del establecimiento el valor era de 20 mil colones (34.7 dólares). Sin embargo, no siempre las víctimas recibían su remuneración de parte de las tratantes.

En algunas ocasiones, de los 13 mil colones del costo del acto sexual, apenas recibían 3 mil colones (5.2 dólares) y el resto del dinero se lo quedaban de las dueñas del bar.

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“Una de las muchachas manifestó que ella quería poner la denuncia al igual que las otras, con la intención de narrar absolutamente todo (lo que sufrían), porque ni siquiera se les pagaba el acto sexual. Ellas se quedaban ahí, de alguna manera, esperando que en algún momento les pagaran lo que adeudaban, y eran maneras para tenerlas”, indicó la fiscal.

Bajo amenazas

“A lo largo de la investigación indagamos el dominio de la voluntad que las acusadas tenían sobre las víctimas y las formas, incluso, como las amenazaban. En algunas oportunidades, ellas requerían que les dieran algo de dinero para poder reenviarlo a sus familias en Nicaragua. Ahí había un juego de las líderes, diciendo ‘no les voy a depositar todavía’, para garantizar de que no se fueran a ir del lugar, sobre todo fines de semana cuando el movimiento de hombres eran importante”, dijo Zambrana.

Otro de los castigos era devolverlas a Nicaragua. “Cualquiera que haya sido la coacción, las víctimas debían acatarlas”, agregó.

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“Los clientes eran hombres que sabían de la actividad ilícita que se desplegaba en ese lugar. No llegaban solo buscando licor como normalmente se hace en un bar, sino además los favores sexuales remunerados de todas estas mujeres víctimas”, añadió la funcionaria costarricense.

Inicialmente las mujeres operaban dos bares en la zona y en determinado momento concluyeron que la trata de personas con fines de explotación era un negocio lucrativo. El otro bar se llamaba Alex, pero fue cerrado en uno de los viajes que hizo una de las líderes a Nicaragua, para reclutar mujeres.

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