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Revolución

Revolución de oportunidades

Cabe preguntarse: ¿ha Ortega aprovechado su propia “revolución de oportunidades”? Sí, para él, al utilizar la holgura económica para consolidar su modelo político autoritario y dinástico.

Las catástrofes naturales recientes, huracanes y terremotos, recuerdan las oportunidades que Somoza tuvo y desperdició, y que Ortega podría estar teniendo y desperdiciando.

Esas catástrofes de la naturaleza tienen dimensiones trágicas, humanas y económicas. Las humanas, irreparables. Pero desde la economía, esas catástrofes destruyen activos —edificaciones, empresas, vehículos, infraestructura, etc.—  y generan oportunidad, y flujos de financiamiento a través de la liquidación de seguros y gasto gubernamental, para inversiones de reposición de los activos destruidos.

Hay una discusión entre los economistas sobre esas oportunidades de las catástrofes naturales, y en general coinciden en dos aspectos. Primero, la desigualdad entre naciones y dentro de cada país. Los países pobres, y los pobres en cada país, tardan más en recuperarse, si es que se recuperan. Segundo, el estímulo económico que representan  las inversiones “pos desastre natural”.

Anastasio Somoza Debayle llamó “revolución de  oportunidades”, al terremoto que destruyó a Managua en diciembre de 1972. Era obvio, más allá de la tragedia humana, las oportunidades que el terremoto generaba. Además de la liquidación de seguros, que financiaba la reinversión en las empresas, viviendas y vehículos destruidos, la catástrofe generó inmensos flujos de cooperación oficial.

Pero Somoza Debayle se equivocó en una cuestión esencial: su protagonismo y de su familia, y círculo inmediato, generaron la impresión que estaban acaparando las oportunidades del terremoto. Y en un gobierno autoritario, la presunción de corrupción llenó el vacío de carencia o incredulidad en la información gubernamental.

Con el terremoto, se juntaron tres iras: la de agravios democráticos, las consecuencias socioeconómicas de empobrecimiento de importantes sectores, y el acaparamiento de la “revolución de las oportunidades”, que le generó contradicciones con la empresa privada. Una mezcla explosiva que pocos años después terminó en la revolución de 1979.

Ortega, y por fortuna sin un desastre natural como los comentados, ha tenido su propia “revolución de  oportunidades”: heredó un país sin déficit fiscal y con deuda externa mínima; durante varios años hubo un boom sincronizado de precios en productos de exportación; tasas de interés internacional negativas o mínimas; y financiamiento de la factura petrolera, que con otras ayudas venezolanas, ha representado casi cinco mil millones de dólares.

Cabe preguntarse: ¿ha Ortega aprovechado su propia “revolución de oportunidades”? Sí, para él, al utilizar la  holgura económica para consolidar su modelo político autoritario y dinástico. Ese modelo tiene el mismo vacío informativo que se llena con la especulación, y al disminuir la holgura económica el potencial de conflictos y contradicciones con el sector privado por la confusión entre el Ortega-gobernante y el Ortega-empresario.

Pero Nicaragua, con esas oportunidades extraordinarias que Ortega ha tenido, no ha crecido sustancialmente más que en democracia, y la pérdida de la misma ha empezado a insinuar costos. El más visible, la Nica Act.

Para lidiar con ese riesgo, Ortega inició un diálogo con la Secretaría General de la OEA cuyos alcances se resumen en dos aspectos: la observación de las próximas elecciones municipales, y el establecimiento de una Misión de Cooperación que se alargaría hasta el año anterior a las elecciones generales de 2021.

Diversos actores nacionales e internacionales, con capacidad de incidencia en la situación nicaragüense, han tenido la expectativa, con relativa independencia de las elecciones municipales, que la Misión de Cooperación de la OEA  ayudaría a que Nicaragua en las elecciones de 2021 iniciara una transición hacia un aterrizaje suave del férreo régimen autoritario.

Las carencias informativas de parte del gobierno y la Secretaría de la OEA han generado, naturalmente, desconfianza.

Y ahora resulta que se ha anunciado una misión que Observará las Elecciones Municipales presidida por una persona que se ha autodescalificado, por las opiniones que emitió avalando diversos fraudes electorales de Ortega. Aún queda por ver los términos de referencia de esa misión de observación para saber si dará o no cuenta de todas las deficiencias estructurales del sistema electoral, como hizo la misión de la OEA en las elecciones generales de 2011, la última en que la oposición tuvo oportunidad de participar.

La expectativa que ha despertado la Misión de Cooperación que la OEA establecerá por tres años, para saber si en 2021 tendremos un proceso electoral incluyente y competitivo, está en juego con esta misión de observación de las municipales.

El autor es economista. Excandidato a la vicepresidencia de Nicaragua.

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