El recurso natural por excelencia

La ciudad de Monclova, México, cobra a las empresas privadas la recolección de basura. Mientras que, en muchos países, la cadena comienza con los llamados “cartoneros”,

¿Qué país es rico en recursos naturales? Pues el “recurso natural” excelente es el ser humano, la mente humana y su capacidad creadora. Eso explica que Japón, tan pequeño, sea una potencia y que Holanda logre ser el segundo exportador global de productos agrícolas, teniendo solo el dos por ciento del territorio de Argentina que posee, en las pampas, algunas de las tierras más fértiles del mundo. Es que allí el mejor recurso natural es mejor “explotado”, o sea, las personas tienen más libertad —menos “regulaciones” estatales— y pueden maximizar el desarrollo de sus capacidades.

Por caso, como resultado de la nueva ley alemana que permite que pequeños productores vendan energía, pueblos como Wildpoldsried, de solo 2,600 habitantes, producen siete veces más energía de la que consumen a partir de molinos de vientos, placas solares y los excrementos fermentados de sus vacas, hierbas, manzanas podridas, patatas y biomasa en general. Así, la cooperativa local, en 2016, ganó seis millones de euros vendiendo energía sobrante.

Ahora, uno de los sectores donde mejor se ve lo destructiva que resulta la “regulación” estatal es en el manejo de los residuos. Lo común es que los gobiernos “regulen” la recolección, tratamiento y destino de la basura. El resultado —además del mayor daño ecológico— es que los ciudadanos pagan por la recolección cuando los hogares deberían recibir dinero por la venta de sus desechos.
México tiene la planta recicladora de PET (materia prima de los envases plásticos de bebidas) más grande del mundo, PetStar.

Verdek, también mexicana, recicla cuatrocientas toneladas de Tetra Pak por mes, produciendo una tonelada de celulosa blanca y 350 kilos de poli aluminio cada dos horas. De los neumáticos desechados se obtiene small, material para obra civil, combustible para cementeras, acero, losetas, etc. El cuarenta por ciento de los residuos son orgánicos que pueden convertirse en abonos para agricultura o en biogás —metano— si fermenta. Scrapital —“La basura no existe”— es un portal para el reciclaje donde se puede comprar y vender desperdicios.

La ciudad de Monclova, México, cobra a las empresas privadas la recolección de basura. Mientras que, en muchos países, la cadena comienza con los llamados “cartoneros”, hurgadores de basura que venden lo que juntan a los “intermediarios” —acopiadores, galponeros— quienes la clasifican y la venden a las industrias que la compactan o directamente la reciclan.

Según el Banco Mundial, cada día el mundo produce 3.5 millones de toneladas de residuos sólidos hogareños. Y todo eso tiene un valor y deberían pagarnos por nuestra basura, si el mercado —recolección, disposición y tratamiento— de los desperdicios estuviera lo suficientemente desregulado y privatizado. Solamente en Europa, según la Comisión Europea, una gestión eficiente de los residuos supondría la creación de 2.4 millones de empleos y un negocio de US$ 200,000 millones anuales.

Cómo será de rentable la basura que en muchas ciudades existen robos al punto que el 75 por ciento de los 53 millones de toneladas de basura electrónica globales anuales —según la ONU— desaparece del circuito oficial y una red de tráfico —empresas fantasmas incluidas— se encarga de mover un negocio extraordinario incluido el comercio internacional. En el libro Junkyard Planet, Adam Minter asegura que el reciclaje mueve US$ 500,000 millones anuales en el mundo y emplea a más gente que cualquier industria exceptuando la agricultura.

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
@alextagliavini

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