Mejorando en competitividad

Con el potencial que tiene Nicaragua, si en este país la democracia no fuera solo una fachada —como ha dicho Mario Vargas Llosa recientemente—, sino una pujante realidad, el crecimiento y la competitividad no solo serían mejores, sino también sólidos y sostenibles

tragedias

LA PRENSA publicó este jueves la noticia —buena en el ámbito de la macroeconomía—, de que en el último año Nicaragua ha subido diez escalones en el Índice de Competitividad Global.

La competitividad es el “conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel productividad de un país”. Así está definida en la presentación del Índice Global de Competitividad, elaborado bajo la responsabilidad del Foro Económico Mundial, el Incae Business School y su  centro de investigación aplicada, el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLADS). Se trata, pues, de un informe respetable.

En el Índice, que fue presentado este miércoles 27 de septiembre en la sede del Foro Económico Mundial, se indica que en la edición 2016-2017 Nicaragua ocupó el lugar 103 entre 138 países evaluados. Fue sin duda un lugar deplorable. Pero en la siguiente edición del Índice, correspondiente a 2017-2018, el país se situó en el lugar 93 de los 137 evaluados. Un buen avance, evidentemente, al que hay que darle el reconocimiento que merece.

Sin embargo, además de reconocer ese avance también tenemos la obligación de  señalar que el país puede —y debe—  avanzar más todavía, no solo en el campo de la competitividad comparativa sino también en los índices de desarrollo humano, de transparencia en la gestión pública, lucha contra la corrupción, respeto de los derechos humanos y recuperación de la institucionalidad, que incluye sin falta el Estado de Derecho.

Es utópico pensar que Nicaragua se podría colocar entre los primeros lugares del Índice de Competitividad Global, que este año son ocupados por Suiza como primero, Estados Unidos como segundo y Singapur como tercero. Pero perfectamente se puede y se debe hacer el esfuerzo por colocar al país  por lo menos al nivel del vecino Costa Rica, que está en el lugar número 47, el segundo mejor de América Latina, sólo detrás de Chile.

Como hemos dicho muchas veces, cuando Costa Rica emprendió el camino de su  crecimiento económico y  progreso social, estaba en el mismo nivel de Nicaragua, inclusive un poco atrás.  Fue por la abolición del ejército y  la priorización de la educación, la institucionalización de la democracia y las prácticas capitalistas con independencia del poder político y justicia social, que Costa Rica  se  impulsó  hacia adelante. En cambio  Nicaragua era  empujado hacia atrás por las dictaduras, las aventuras revolucionarias   y socialistas, y la corrupción.

La posición actual de Nicaragua en el Índice de Competitividad, aunque mejorada en relación con los años anteriores, no es satisfactoria ni está consolidada. Como se dice en el Informe y lo consignó ayer LA PRENSA, la burocracia gubernamental, la corrupción y la inadecuada capacitación de la fuerza de trabajo, siguen siendo los tres factores principales que obstaculizan la realización de negocios en el país. A lo cual  hay que agregarle la falta de institucionalidad democrática.

Con el potencial que tiene Nicaragua, si en este país la democracia no fuera solo una fachada —como ha dicho Mario Vargas Llosa recientemente—, sino una pujante realidad, el crecimiento y la competitividad  no solo serían mejores, sino también sólidos y sostenibles.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: