Pedro Joaquín, otra vez

Habrá que recordar, al respecto, que Pedro formó parte de una generación que, incluyendo al padre Ernesto Cardenal, entre los testimonios vivientes, reivindicaron a Sandino como héroe nacional, casi dos décadas antes que se fundara el FSLN.

Con motivo del cuarenta aniversario del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que se cumple el próximo 10 de enero, he decidido reeditar el libro que presenté en ocasión del veinte aniversario del hecho que conmovió al país, y que los historiadores citan como el desencadenante del proceso insurreccional que terminó con casi medio siglo de dictadura somocista.

Fue el 10 de enero de 1978, cuando gran parte de la población actual de Nicaragua no había nacido, de tal forma que la reedición del libro, titulado Pedro Joaquín: ¡Juega!, hace sentido por varias razones.

La primera, que el pensamiento de Pedro Joaquín tiene enorme vigencia. Ese pensamiento democrático, republicano y social, está vivo, y se decanta como la luz de la sombra con la situación actual, que es radicalmente diferente a la que soñaron y por la cual murieron él y muchísimos otros nicaragüenses.

Sobre lo anterior, no es casualidad que las ediciones en las cuales el general retirado  Humberto Ortega Saavedra rememora la lucha del FSLN hasta el triunfo de la revolución en 1979, en su contraportada aparecen Sandino, Carlos Fonseca y Pedro Joaquín.

Habrá que recordar, al respecto, que Pedro formó parte de una generación que, incluyendo al padre Ernesto Cardenal, entre los testimonios vivientes, reivindicaron a Sandino como héroe nacional, casi dos décadas antes que se fundara el FSLN.

En relación con la vigencia del pensamiento de Pedro Joaquín, esta segunda edición del libro llevará una breve selección de sus editoriales, en cuya pertinencia, a propósito de la situación actual de Nicaragua, colaborará Luis Sánchez Sancho, responsable editorial de LA PRENSA, y miembro de la dirección de UDEL (Unión Democrática de Liberación), que encabezó Pedro Joaquín.

Segundo, en la preparación de la reedición de ese perfil biográfico de Pedro Joaquín he tenido que hurgar en los archivos que me ayudaron a preparar la primera edición, en la que tanto ayudó el intelectual Julio Valle Castillo. Y ese hurgar ha recreado mi memoria en varios sentidos. Un poco antes de su derrocamiento, Somoza lucía imbatible, con más poder que nunca, con todos los hilos y cabos del poder amarrados. Y la oposición lucía débil, dispersa, desolada, como en la actualidad, porque el gobierno había logrado engatusarla, sobornarla, corromperla, salvo a pocos dirigentes, entre ellos Pedro Joaquín.

Sobre esa solidez de Somoza, menos de dos años antes de su colapso, en 1977, Nicaragua había tenido una tasa récord de expansión económica, y después de un cuarto de siglo de crecimiento muy superior al actual. Y bastó una chispa, precipitada por el infarto que Somoza sufrió a mediados de ese año, para que en su monolítico Partido Liberal Nacionalista, y su ejército pretoriano, se precipitara una crisis sucesoria y los consecuentes incómodos reacomodos de poder en la cúpula gobernante.

Con ese trasfondo, y los desafíos insurreccionales que dos meses después planteó un sector del FSLN, el asesinato de Pedro Joaquín  incendió la pradera. Ya nada volvió a ser igual, y la lección es que todo, por imbatible que parezca y aunque las circunstancias no sean idénticas, puede cambiar.

Finalmente, cuando presenté la primera edición, un año después de finalizado el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, con gran optimismo histórico escribí en la introducción:

“Los nicaragüenses, que hemos sido una de las sociedades latinoamericanas más profunda y radicalmente desgarradas por nuestras pasiones y odios políticos, y por nuestras rivalidades personales, familiares y regionales, que nos han conducido a los mayores excesos de guerras civiles e intervenciones foráneas  —siempre, invitadas por, o al menos con la complicidad de nosotros mismos—,  hemos tendido a ver nuestra historia con el prisma de nuestra radical intolerancia… si las generaciones actuales no toman apropiadas lecciones de esa recurrencia bárbara, y cortan con ella de un tajo asegurando que la construcción democrática que vive Nicaragua no se revierta, entraremos al siglo XXI prisioneros de los fantasmas y horrores de nuestro nada envidiable pasado”.

Y así estamos en pleno siglo XXI: atrapados por fantasmas del pasado. Pero, a propósito de otras circunstancias, es del interés de todos, incluyendo el partido gobernante, que no tengamos otra transición catastrófica, como la de Somoza. Este, y sus aliados, no lo entendieron entonces. Ahora puede ser diferente.

El autor es economista. Excandidato a la vicepresidencia de Nicaragua.

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