La identificación sexual en los niños

El periodo más crucial en el niño para formarse masculinamente saludable puede comenzar del año y medio a los tres años de edad, pero su tiempo óptimo es antes de los doce años.

Hombres de poca fe, Dios

En mi larga vida he venido observando cómo cada vez más los padres vienen descuidando la formación de sus hijos, el ocuparse de sus vidas y necesidades como personas (no solo darles cosas materiales) y en los raros casos en que lo hacen, se relacionan con sus hijos varones de la misma forma en que se relacionan con sus hijas mujeres, habiendo perdido la capacidad de fomentar la feminidad en las mujercitas y la masculinidad en los varones.

Criar a sus hijas como si fueran varones no les ayuda a ellas. Ustedes madres tienen un rol clave en esto, tanto ayudando a las hijas a entender y a apreciar su feminidad, así como ayudar a sus esposos a saber cómo apreciarlas y apoyarlas en esa etapa formativa de las hijas. También los varones tienen la responsabilidad de fomentar la masculinidad de sus hijos y ayudarles a sus esposas a irse desligando poco a poco de sus hijos varones para no obstaculizar sus naturales desarrollos masculinos y vayan desligándose cada vez más de la enfermiza dependencia de la madre.

Ante la pregunta muy frecuente de que, si los niños ya nacen con problemas de identificación sexual, debemos responder que muchos de los científicos no se atreven a opinar sobre esto, aunque la inmensa mayoría de especialistas sostienen que no se nace con esos genes, y que los contrarios generalmente provienen de los movimientos gay.
El formar sexualmente a los hijos es un proceso que debe involucrar a cada miembro de la familia. Pero en el caso de los niños varones el padre —mucho más que la madre— juega un papel mucho más fundamental en su desarrollo normal como hombre.
Una vez oí decir a un psiquiatra amigo que “las madres hacen a los muchachos, pero los padres hacen a los hombres”. Y creo que estaba en lo correcto.

Sucede que en la infancia —tanto los niños como las niñas— están emocionalmente apegados a la madre, ella es el primer objeto de amor y satisface todas las necesidades primarias del niño, y las niñas pueden continuar desarrollando su identificación femenina mediante su relación con ella. Pero a la inversa debe suceder muy pronto con los niños, quienes deben des-identificarse de la madre y comenzar a identificarse con el padre. Es el momento en que el niñito comienza a observar la diferencia entre “el” y “ella” y a decidir donde calzar en ese nuevo mundo dividido sexualmente. Es mucho más fácil para las niñas y posiblemente eso puede explicar el porqué hay mucho menos homosexuales mujeres que hombres. Algunas investigaciones reportan una proporción de dos a uno. Otros dicen cinco a uno e inclusive once a uno.

El crecer normalmente no es algo que sucede solo. Requiere una buena paternidad. Requiere apoyo de la familia. Y requiere tiempo.

Las culturas primitivas instintivamente entendían esta necesidad de capacitar a sus jóvenes varones en el desarrollo de su identidad viril. Los sometían a una serie de ritos de iniciación masculina muy exigentes porque entendían que el convertirse en hombre requería un esfuerzo de estoicismo y arrojo y que la auténtica virilidad no llegaba automáticamente.

El periodo más crucial en el niño para formarse masculinamente saludable puede comenzar del año y medio a los tres años de edad, pero su tiempo óptimo es antes de los doce años. Si no se atiende a este niño, entonces con la salida de la pubertad, cuando el muchacho comienza a sentir una más profunda ansiedad sexual y necesidad de romanticismo, esta búsqueda de su identidad sexual se erotizará.

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
reflexivo33@gmail.com

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