Farsa es farsa

El FAD tiene el compromiso de decir la verdad tal como la vemos. Por lo tanto, seguirá diciendo que no vemos ninguna condición para que el voto decida en una nueva farsa que sabemos consumada. Y respaldamos a la ciudadanía que con su rechazo ha hecho posible terminar de desnudar a este régimen dictatorial.

A  propósito del último comunicado de CxL, antes PLI y casilla de la Coalición Nacional por la Democracia que acordó con Luis Callejas invitarme a acompañarlo como candidata a la vicepresidencia en 2016. Y sabiendo que el FAD, en el que participan tres de los cinco movimientos políticos mencionados en dicho comunicado, no gastará energías en lo secundario, me permito únicamente precisar ambigüedades e inexactitudes que me aluden directamente.

Cierto que desde el 2008 no se respeta el voto popular. Pasamos de fraudes a farsas descaradas. En la sociedad civil, donde trabajaba, propusimos cambios en el Sistema y Consejo Electoral para detener la deriva autoritaria y minimizar el riesgo de sus consecuencias políticas y económicas. También entendimos que los partidos políticos adversarios al régimen dieran la lucha electoral en situaciones adversas.

Igualmente, evitar la violencia y una mayor pobreza, aportando a la posibilidad de una transición electoral, sustentó mi decisión para aceptar tal invitación. No sin antes asegurarme de dos condiciones claves para hacer respetar el voto: miembros en todas las mesas electorales, en tanto nuestra casilla era la segunda fuerza electoral; y la observación electoral nacional e internacional fuerte e independiente. La prueba de que existió esa posibilidad fue el ilegal robo de la casilla de la Coalición y las ofensas de Ortega a la OEA y a la observación. Antes de que se concretaran esos abusos, en la Convención para presentar oficialmente candidaturas, dije y sigue fijo en mi Twitter que “nunca participaría en una Farsa Electoral”. Ese era un acuerdo claro de la Coalición. Tan claro que Bayardo Arce justificó públicamente la exclusión por una supuesta retirada de última hora de la Coalición. No había tal estrategia pero aseguro que muchos, en los que me incluyo, estábamos listos a hacerlo en caso necesario.

La enorme abstención en la farsa del 2016 nos enseñó que hay mayor conciencia en la ciudadanía, independientemente de su filiación partidaria, del valor de su voto y de la importancia de contar con elecciones libres. Y que el rechazo a la farsa tuvo un efecto importante en el ánimo interno y externo. Gracias a ese 70% o más que rotundamente dijo no, los nicaragüenses nos dimos cuenta de cuántos somos y la comunidad internacional condenó al régimen
orteguista.

¿Qué pasa ahora? En el FAD hemos replanteado nuestra estrategia. Acordamos que cinco farsas son suficientes para entender que la lucha contra la dictadura hay que darla a fondo, exigiendo cívicamente pero firmemente, elecciones de verdad. Sobre premisas claras: 1. No se trata de candidaturas. Sabemos que hay candidatos locales, en algunos casos buenos, que están de buena fe en esta nueva farsa. Pero todos sabemos que sus votos serán contados y repartidos al capricho de Ortega y sus aliados. Y luego de esta farsa, invitarnos todos a luchar porque el voto decida. 2. La OEA no es un simple observador y denunciante de farsas. Ya tenemos su excelente informe del 2011 con recomendaciones incumplidas por el régimen. Su rol más importante ahora es apoyar a Nicaragua para que se cumplan los preceptos de la Carta Democrática.

Esto ya no se concretó para noviembre pero debemos luchar porque se logre lo más pronto posible. Pese al nombramiento de un jefe de Misión que avaló las farsas pasadas, nos queda esperar que la OEA sea estricta con su observación que aunque tardía y limitada puede suplir remitiéndose a los señalamientos que hizo en el pasado. 3. Sobre las personerías jurídicas, el FAD ha sostenido que es un derecho de todos.

Pero en estas circunstancias, no es un indicador de apertura legal, sino de concesión “graciosa” de un árbitro sin credibilidad, que hace que hasta el cierre de Juntas se vuelva sospechosa. Quiénes van a poder competir y cómo se ejercerá el derecho a decidir será posible hasta que tengamos elecciones libres.

Por eso en el FAD no jugamos con las cartas de Ortega sino apostamos por abrir el juego de la democracia. Los que quieren votar, lo harán. Pero el FAD tiene el compromiso de decir la verdad tal como la vemos.

Por lo tanto, seguirá diciendo que no vemos ninguna condición para que el voto decida en una nueva farsa que sabemos consumada. Y respaldamos a la ciudadanía que con su rechazo ha hecho posible terminar de desnudar a este régimen dictatorial.

La autora es Coordinadora del Frente Amplio por la Democracia (FAD).

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