Sergio Ramírez regresa al género negro con su nueva novela: Ya nadie llora por mí

La novela del escritor nicaragüense es una historia de corrupción y abuso de poder. El hilo conductor, dice, es la historia contemporánea de Nicaragua

Sergio Ramírez habla de su nueva novela Ya nadie llora por mí, su regreso al género negro con una investigación del inspector sandinista Dolores Morales. LA PRENSA/EFE/Mariscal

Sergio Ramírez habla de su nueva novela Ya nadie llora por mí, su regreso al género negro con una investigación del inspector sandinista Dolores Morales. LA PRENSA/EFE/Mariscal

El escritor nicaragüense Sergio  Ramírez considera que la novela negra es en Latinoamérica más social que en Europa porque el imperio de la ley «no se puede dar por hecho», un género que recupera en Ya nadie llora por mí, cuyo hilo conductor es la historia contemporánea de su país.

Ocho años después de publicar El cielo llora por mí, Sergio Ramírez, exvicepresidente de Nicaragua durante el primer Gobierno sandinista (1979-1990), regresa al género negro con Ya nadie llora por mí (Alfaguara), una novela que vuelve a protagonizar el inspector Dolores Morales en una historia de corrupción y abuso de poder.

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Para que el lector recuerde a este personaje, Sergio Ramírez ha dotado a su protagonista de una biografía en Wikipedia, en la que relata cómo tras el triunfo del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), Morales, exguerrillero, se incorporó a la policía, donde hizo carrera en la división antidrogas.

Escritor Sergio Ramírez Mercado. LA PRENSA/EFE/Mariscal
Escritor Sergio Ramírez Mercado. LA PRENSA/EFE/Mariscal

El inspector Dolores Morales ahora investiga infidelidades

Pero ahora malvive como detective privado investigando infidelidades matrimoniales hasta que recibe el encargo de uno de los hombres más poderosos del país de encontrar a su hijastra, una investigación que le descubrirá oscuras tramas.

Morales, indica Ramírez, «ve cómo el mundo por el que ha luchado se va acabando y la realidad lo llena de desesperanza y de cinismo» sobre todo cuando debe enfrentarse al poder que supuestamente el ayudó a crear y que ahora está deformado, lo que crea una «madeja ética» en un personaje que está «en la última línea de resistencia».

El escritor explica que la historia contemporánea de Nicaragua es el hilo conductor de la novela cuyo protagonista es «un personaje un tanto oscuro, desesperanzado» a través del que se refleja la actualidad «no solo de Nicaragua sino también del resto de América Latina».

El deber de no quedarse callado

«Una novela traduce las estadísticas de la realidad al territorio de la imaginación», señala Ramírez, que asegura que el escenario que atraviesa Nicaragua refleja que el 70 por ciento de su población vive de empleos «informales» y que el 2 por ciento retiene más del 90 por ciento de la riqueza.

Así, agrega el escritor, hay una gran desigualdad con fortunas que nacen «de la falta de transparencia y la corrupción», un régimen populista «que tiene el poder de actuar como un encantador de serpientes».

El escritor y exvicepresidente habla de «impunidad y represión silenciosa» en su país y sostiene que su oficio «es contar, no intervenir».

«Estuve en la política de forma circunstancial porque era necesaria una perspectiva intelectual pero cuando las cosas no funcionaron volví a la escritura», señala el autor que asegura que con sus relatos puede «contar Nicaragua, pero también Latinoamérica» porque hay muchas situaciones parecidas.

Según Ramírez, la literatura le sirve «para fijar mojones éticos de referencia» y aunque le parece muy legítimo que un autor no quiera contar lo que ocurre en la sociedad, él siente el deber de no quedarse callado.

La novela negra es un instrumento ideal para reflejar lo que ocurre, dice el autor, que señala que en América Latina se ha convertido en algo crítico.

«La novela negra europea da por descontado que un reo estará en la policía el tiempo que marca la ley y luego lo pondrán a disposición judicial» de tal forma que «el imperio de la ley impera sobre la estructura de la novela».

Mientras, «en América Latina hay que partir de policías corruptas» donde el investigador no puede confiar en el aparato institucional», y la novela es «cada vez más negra, más oscura», señala.

Ganador del Premio Alfaguara de Novela con Margarita, está linda la mar en 1998, Ramírez (Masatepe, 1942) explica que no le gusta ceñirse a un «molde» en la literatura y que por eso transita de un género a otro: «Me gusta moverme por donde la imaginación me lleve».

Y le ocurre que, como en el caso de Morales, los personajes se despierten, le llamen y le digan «que es hora de continuar».