Historias bien contadas

Historias bien contadas tiene mucho material por delante. El ejemplo es el mejor testimonio del triunfo o del fracaso. Éxito a sus creadores y tienen mucho que compartir.

Está siendo difundido a través de las redes sociales un  programa con el sugestivo nombre de “Historias bien Contadas” como un esfuerzo de jóvenes nicaragüenses para compartir comentarios y reflexiones sobre libros, artículos, conferencias o entrevistas que motiven especialmente a los adolescentes y  jóvenes, ahora más seducidos por las nuevas tecnologías mediáticas que por los medios tradicionales, a encontrar historias y análisis que sobre los valores que se han venido deteriorando y muchos de ellos sepultándolos bajo el manto de la indiferencia o la ignorancia.

A través de mis años de docencia en el periodismo, soy testigo de muchas historias para contar y que ahora no solo serán objeto de comentarios en coloquios familiares, laborales, o testimoniadas en aulas de clase, sino que también compartidas por otros medios,  porque sí vale la pena conocerlas e imitarlas.

Este año por ejemplo, uno de mis mejores  alumnos obtendrá su título de periodista. Aun lo recuerdo en sus primeros días, parco y silencioso pero con una mochila de ilusiones y unas metas definidas amasadas con sus manos elaborando pan de madrugada en un negocio familiar y luego venderlo y distribuirlo  en una bicicleta todas las mañanas para después enrumbarse a clase desde Masaya aun con la carga de sueño y de ilusiones.

Además de artesano, muchacho versátil, artista, cantante, declamador, animador, imitador, poeta y ahora periodista con mucho orgullo.

Recuerdo la historia de la simpática adolescente que de niña trabajaba de payasita y relata que comiendo salteado y a veces sin el pasaje para ir a la universidad, logró graduarse con honores y hoy es una emprendedora y  exitosa empresaria de medios, además de contar con una formación omnímoda, disfruta del  título tan hermoso de dos veces madre.

Aún tengo presente el muchacho campesino de Estelí que comenzó de peón en una finca y con lo poco que ganaba decidió estudiar periodismo y madrugando y viajando con el estómago vacío sábado a sábado, completó sus estudios y divulgando historias de superación de su propio lugar con deseos de ayudar  a los demás, logró con una pequeña cámara usada, obtener dos premios internacionales de periodismo proyectándose ahora como un incansable luchador de causas nobles y orgulloso de su pasado.

Más reciente, escucho a diario a otro joven de extracción campesina de las montañas del norte, dirigiendo un programa de opinión con la profesionalidad y el respeto que se ganó y obtuvo en sus cinco años de estudio hasta alcanzar su título.

Autodidacta, escritor, poeta con reconocimiento internacional, orador, y sobre todo educado, respetuoso, incipiente en las lides políticas pero con principios y valores firmes inculcados por la universidad de la vida y el respeto de quienes le conocen.

Habrá muchas historias más que contar y todos conocemos muchas y variadas que sirvan de estímulo y apoyo, porque esta es una forma de recuperar los valores que se van perdiendo o diluyéndose en las vertientes de la web en la orfandad de las mentes, a veces contradictorias y extravagantes de los milenarios que dominando la tecnología creen haberse convertido en los  amos del universo.

Hay más historias y espero se conozcan.  Las que he resumido, son auténticas… como diría Pancho y en todas ellas hay un denominador común: la humildad y el agradecimiento a quienes le dieron la mano no solo para saludar, sino para levantarlos cuando el desánimo intentaba vencerlos.

Historias bien contadas tiene mucho material por delante. El ejemplo es el mejor testimonio del triunfo o del fracaso. Éxito a sus creadores y tienen mucho que compartir.

El autor es periodista y docente universitario.

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