Café, abejas y cambio climático

La amenaza del cambio climático abre una oportunidad para encontrar las soluciones de fondo que la caficultura nicaragüense demanda, sobre todo los pequeños agricultores que han sido históricamente los más perjudicados

Un 73 a 88 por ciento de sus cafetales puede perder Nicaragua, Honduras y Venezuela en los próximos treinta años. La causa es el cambio climático y la disminución de las poblaciones de abejas. Estas son las previsiones de un reciente estudio sobre la caficultura en América Latina y publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. El estudio fue llevado a cabo por ocho reconocidas instituciones de investigación de EUA, Costa Rica, Perú, Vietnam y Francia.

La producción de café es vital para la economía de Nicaragua. Nos genera 400 millones de dólares en exportación por año, crea unos 332 mil empleos directos e indirectos y es el sustento de 44,519 productores y sus familias, de los cuales el 80 por ciento son pequeños productores con menos de dos manzanas y media de café por finca. Solo este año 2017 se espera una cosecha récord de café de tres millones de quintales oro.

Que vayan a reducirse las plantaciones de café a causa del cambio climático no es nada nuevo. Hay abundancia de investigaciones que demuestran que las plantaciones de café en Nicaragua y América Latina irán reduciéndose a causa del aumento del calor causado por el cambio climático. Mientras otros estudios se han enfocado en la relación entre el clima y el café, lo novedoso de este estudio es que analiza la relación entre el clima, el café y las abejas.

Tradicionalmente se ha creído que el rendimiento y la calidad del café dependen de factores como la fertilidad del suelo, la variedad de café o el manejo del cultivo. Esto es cierto pero no es toda la verdad. La polinización cruzada es también necesaria pero debido a que el café es un cultivo en donde la autopolinización es alta no se ha comprendido o se ha ignorado el papel que juegan las abejas en la productividad y la calidad del café. Pero la realidad es que el café tanto arábigo como robusta, sin abejas, no puede prosperar y las abejas están siendo eliminadas por el despale, la falta de bosques y el uso de plaguicidas.

Estudios en cafetales de Colombia (Jaramillo, 2012) e Indonesia (Klein, 2003) muestran que la polinización y la riqueza de abejas ayuda a disminuir el número de abortos, o sea que las flores cuajan mejor y dan más frutos. Además, influye en un mayor tamaño y peso seco de los frutos. También contribuye a una mayor concentración de grados brix de azúcares, lo que mejora la calidad de la taza o sabor.

Las abejas nativas (jicotes, mariolas, tamagás, etc.) suelen ser polinizadoras de café más eficaces que las abejas no nativas. La búsqueda de polen y de néctar por las abejas, conocida como forrajeo o pecoreo, baja después de unos cientos de metros de distancia de los bosques donde las abejas nativas tienen su nido. Es por eso que los bosques y grupos de árboles son un elemento esencial del servicio de polinización. Las abejas africanas son también importantes polinizadores de café; forrajean más y dependen menos de los bosques para anidar, pero fácilmente se trasladan o se fugan y pueden ser agresivas.

El estudio afirma que habrá sitios en donde las plantas de café se perderán, pues disminuirá tanto la aptitud climática del café como la riqueza de abejas. Estos sitios habrá que abandonarlos por otras alternativas económicas. Pero habrá otros lugares, llamados áreas de desacoplamiento, en donde puede ser posible, si se toman las medidas adecuadas, continuar cultivando el café. Estos sitios pueden ser aquellos en donde el café pierda aptitud climática pero gana en poblaciones de abejas, o sitios en donde se pierda riqueza de abejas pero se gana en aptitud climática.

Enfrentar este desafío exige tres cosas. La primera es una reflexión. Hay que entender que el cambio climático es más grave de lo que parece. Sus efectos están creciendo a una escala mayor y con más rapidez de lo que se mira. Es lo que el renombrado científico italiano Ugo Bardi llama el efecto Seneca, en honor al filósofo romano Lucius Seneca. Este efecto lo que nos dice es que el crecimiento en sistemas naturales o sociales es de avance lento, pero el camino a la ruina o al colapso es rápido. Por eso hay que actuar ya y los caficultores nicaragüenses y sus organizaciones deben ser los primeros convencidos.

Segundo, hay que analizar con ayuda de la ciencia la forma en que el clima, las abejas y el sistema socioambiental cafetalero interactúan. Nicaragua tiene variedad de zonas cafetaleras. Cada zona puede ser impactada de distinta forma, según su altura sobre el nivel del mar, ecología, sistema de producción y tipo de paisaje. Por tales razones hay que precisar para cada zona al menos tres aspectos: a) el escenario del clima para los próximos años; b) riqueza de especies y dinámica de las colonias de abejas; c) Caracterizar los agroecosistemas cafetaleros predominantes y la estructura de la vegetación, incluida la riqueza de plantas arvenses mal llamadas malas hierbas; manejo cultural y uso de agroquímicos; y la distancia al bosque más cercano.

Tercero, establecer alianzas para el intercambio de información y conocimiento con asociaciones de cafetaleros e instituciones públicas y privadas de otros países cafetaleros de Latinoamérica. Ellos igualmente serán afectados por la pérdida de abejas y por el cambio climático.

Finalmente hay que señalar que la amenaza del cambio climático abre una oportunidad para encontrar las soluciones de fondo que la caficultura nicaragüense demanda, sobre todo los pequeños agricultores que han sido históricamente los más perjudicados. Esta solución implica financiamiento, asistencia técnica, investigación aplicada y organización, respetando las particularidades de cada región cafetalera del país. Hay que juntar a los pequeños productores y a sus cooperativas locales, a las asociaciones nacionales, las microfinancieras y las instituciones de investigación y de asistencia técnica pública y universitaria. Estamos a tiempo.

El autor es ecólogo.
alvaro_fonseca_zamora@yahoo.es

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