Nicaragua superó sus capacidades ante desastres naturales después del huracán Mitch

El huracán Mitch fue uno de los peores fenómenos que se ha registrado en la historia reciente. Tal fue su fuerza que su nombre fue eliminado de la lista de huracanes, que se repiten cada seis años.

Heridos y muertos por el deslave del volcán Casitas en Posoltega. LA PRENSA/ARCHIVO/GERMÁN MIRANDA

Era un temporal de los que en este nuevo siglo casi no se han visto. El agua caía con toda la fuerza que solo la naturaleza conoce y provocaría que el volcán Casita expulsara una corriente de lodo y agua caliente sobre las comunidades El Porvenir y Rolando Rodríguez; esa fue la amarga lección que Nicaragua tuvo que aprender después del huracán Mitch para enfrentar mejor los desastres naturales y diseñar sus componentes de gestión de riesgo.

Desde la perspectiva de Abdel García, oficial de cambio climático del Centro Humboldt, de alguna forma, los efectos de los desastres naturales ofrecen una oportunidad para que los países reconsideren el tema del riesgo.

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Eso pasó en Nicaragua y ahora se ha convertido en un tema central por parte de la gestión pública. Denis Meléndez, facilitador de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgo, hizo un recorrido desde Managua hasta Dipilto, tres días después de la tragedia que privó la vida de más de dos mil personas. Recuerda que de la tierra emanaba agua, debido a la cantidad de precipitaciones, mientras muchos puentes yacían en el suelo.

Allá en 1998, sabía que había un huracán que se desplazaba lento sobre el norte de Honduras, pero en ese tiempo no se contaba con los recursos informáticos que existen en la actualidad, donde se puede monitorear el avance y comportamiento del fenómeno, explicó Meléndez.

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Después de la tragedia del Casita, que hoy cumple 19 años, y al finalizar el mes en el que las lluvias dejaron 25 muertos, Nicaragua es un país consciente de su vulnerabilidad ante los desastres naturales y eso se ha demostrado mediante la preparación de las comunidades en las diversas amenazas, la sensibilización sobre el tema, el trabajo de las instituciones y el rol de los medios de comunicación, aseguró García.

Preocupación en la vialidad

Tras el paso devastador del huracán Mitch, Centroamérica como región, se replanteó la forma de construir su red vial, con el fin de que sea más resistente. Fue así que aparte de levantar más alto los puentes que la crecida de ríos se llevó, se interesó en crear un manual con recomendaciones para la infraestructura vial.

En 2009, con la firma de una carta de entendimiento entre el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central (Cepredenac) y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca) quedó sentada la voluntad de mejorar la transitabilidad y reducir la vulnerabilidad del transporte terrestre en la región. Siendo esto un avance en torno al tema de riesgo.

Marco jurídico

El Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) nació con la Ley 337, en el año 2000, y en su justificación se recuerda que “(…) cada vez que ocurre uno de ellos (desastres naturales) el país ha sufrido, particularmente después del Mitch, donde una vez más quedó patentizado los niveles de vulnerabilidad del país y que debe de presentársele una respuesta firme y adecuada”, cita la Ley en la parte del considerado. Para Abdel García, especialista en el tema de riesgo, en la actualidad hay nuevos desafíos.

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2,000
muertos es un aproximado de las víctimas que dejó el volcán Casita en 1998, como efecto de la incidencia del huracán Mitch, uno de los eventos más potentes de la era moderna.

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