¡98 razones para brillar! La resurrección de Jonathan Loáisiga tras la operación Tommy John

El pícher alto y espigado se acerca al montículo. Toca la tierra con sus manos. Mira la pizarra. Dos entradas y un tercio, hay mucha gente en el estadio en la Liga Charleston Dogs River. Fija su objetivo y cuando hace el lanzamiento siente un dolor cerca del codo

Jonathan Loáisiga

Jonathan Loáisiga es parte del roster de 40 de los Yanquis. LAPRENSA/OSCAR NAVARRETE

El pícher alto y espigado se acerca al montículo. Toca la tierra con sus manos. Mira la pizarra. Dos entradas y un tercio, hay mucha gente en el estadio en la Liga Charleston Dogs River. Fija su objetivo y cuando hace el lanzamiento siente un dolor cerca del codo. De repente su velocidad de 95 millas cae como si hubiese perdido potencia en sus motores; 85 millas, vuelve a lanzar, 84 millas y el dolor se incrementa. Había sucedido lo peor. Sale del juego y después de una revisión le dicen: “Si querés volver a jugar tenés que hacerte la operación Tommy John”. Traga saliva y se encomienda a Dios.

Luego es enviado a Nueva York y lo preparan para la cirugía que tardará tres horas. El lanzador está en la camilla y con un poco de miedo le pregunta al doctor: “¿Dónde está mi brazo?”. En ese momento no sentía su brazo por la anestesia y un mar de dudas atravesaba su cabeza. Hablo de Jonathan Loáisiga, el muchacho que vive a dos casas del campo de la Unica, que sufrió lo que pudo ser el final de su carrera y terminó siendo una resurrección. El mismo que vio sus sueños rotos tras ser dejado en libertad por San Francisco y ahora está a las puertas de una oportunidad en las Grandes Ligas con los Yanquis de Nueva York.

En mayo del año anterior, Loáisiga tuvo la pesadilla de los lanzadores, pero no se arrugó ante la tempestad ni suicidó su proyección con las tribulaciones mentales. “Fue un proceso muy largo, pero trabajé muy fuerte para salir de esa situación”, dice Loáisiga, quien incrementó su velocidad de 95 millas a 98, de un descontrol un poco frecuente al dominio de sus picheos y madurez en su juventud. “Ahora me siento un mejor lanzador. Mis entrenadores me dicen que tengo tres lanzamientos de Grandes Ligas. La recta, la curva y el cambio de velocidad”, confiesa.

“El cambio, el más difícil”

La curva de Jonathan se ha convertido en uno de sus principales lanzamientos. La tira a 84 millas y, según cuenta, tiene una joroba prominente, además su cambio de velocidad lo mantiene entre 90 y 88 millas. “Admito que el cambio fue el que más me costó aprender, me daba miedo lanzarlo con conteo, pero poco a poco lo superé y ahora lo lanzo en cualquier momento”, asegura.

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Mientras muestra la herida en su brazo derecho le pregunto por sus proyecciones para 2018 y responde sin titubeos. “Es probable que me coloquen en el roster de 40. Te voy a ser sincero, yo me veo arriba el próximo año, aunque sea lanzando un inning, para septiembre podría tener ese chance. Mi agente me lo indicó y mis entrenadores me han felicitado por el trabajo que he realizado. También esa fue otra de las razones por las cuales no me dieron permiso para lanzar en Nicaragua, me quieren descansado”, explicó.

Loáisiga esta temporada la dedicó a la recuperación, sin embargo, los destellos que dejó fueron llamativos. “Esta campaña fui lanzando de menos a más. Empecé con un episodio y terminé abriendo un juego de cinco entradas con 50 picheos”, agregó.

“Soy un competidor”

Una de las cosas que más le sorprendió a Loáisiga al firmar con los Yanquis fue la cantidad de talentos que tienen en sus academias. “Yo antes decía que no quería estar con los Yanquis porque iba a ser difícil escalar, pero ahora veo que todo se basa en el esfuerzo y trabajo. Cuando me recuperaba de la operación yo entrenaba solo después de mis sesiones de terapias y allá, si nos ponían a repetir cinco veces un ejercicio yo hacía seis. Soy un competidor natural”, admite.

El mes anterior Loáisiga estuvo en la liga instruccional con los Yanquis para corregir su manera de lanzar. “Ahora mi forma de lanzar es como mi pícher favorito: Max Scherzer. Lanzo desde arriba. Por otro lado, el próximo año creo que me basaré en el sostenimiento. Ya me han mejorado lo necesario y ahora quieren que vuele. Siento que será el año más importante de toda mi vida y puede cambiar mi destino”.