¿Un ciclo económico de deudas en Nicaragua?

Cuando el ciclo económico se enfría, los agentes pueden encontrarse con un exceso de deudas, y los comportamientos pueden revertirse: los agentes limitan su demanda de crédito y restringen su gasto para repagar sus deudas

ajuste fiscal, Nicaragua

Economista Adolfo Acevedo. LA PRENSA/ARCHIVO

El crecimiento del crédito a un ritmo mucho más rápido que el de los ingresos puede dar lugar a un ciclo económico de la deuda: en épocas de relativo auge, los agentes económicos tienden a endeudarse con más facilidad, y los bancos tienden también a mostrarse más acomodaticios frente a la demanda de crédito, o incluso a promoverla.

Pero cuando el ciclo económico se enfría, los agentes pueden encontrarse con un exceso de deudas, y los comportamientos pueden revertirse: los agentes limitan su demanda de crédito y restringen su gasto para repagar sus deudas. Algunos sostienen que los actuales signos de desaceleración económica estarían apuntando a este último escenario.

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Desde 2010 a la fecha, el crédito se ha expandido con más rapidez que el Producto Interno Bruto (PIB). El saldo del crédito total como porcentaje del PIB pasó del 23.7 por ciento  del PIB en 2010 a 38.2 por ciento  en 2016. Por su parte, el crédito a los hogares para financiar su consumo o la inversión residencial, paso del 9.2 por ciento del PIB en 2010 al 15.4 por ciento del PIB en 2016.

Si consideramos que solo los hogares con cierto ingreso tienen capacidad de endeudarse, el saldo de su deuda como porcentaje de su ingreso podría representar más del doble de esos porcentajes.

En cuanto al crédito a los sectores de actividad económica, el saldo del crédito comercial paso del 77.5 por ciento del PIB del sector en 2010 al 128.4 por ciento en 2016. El saldo de crédito agrícola paso del 28.4 por ciento del PIB agrícola al 45.3 por ciento en el mismo periodo, y el industrial del 18.8 por ciento al 32.5 por ciento. El sector ganadero ha sido el que ha tenido menos acceso al crédito: el saldo del crédito pasó del 10.2 por ciento del PIB sectorial en 2010 al 14.5 por ciento en 2016.

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Alguna evidencia apuntaría a apoyar la tesis de que el crédito se ha desacelerado debido, quizá, al excesivo endeudamiento. El crédito total, medido a precios constantes, después de estar creciendo a una tasa interanual de alrededor del 18 por ciento promedio en el primer semestre de 2016 comenzó a desacelerarse, hasta llegar a crecer solo al 12.2 por ciento a agosto de 2017.

Pero algunos indicadores del consumo y la inversión no muestran solo desaceleración, sino caída. La importación acumulada de bienes de consumo duradero ha caído a una tasa interanual del 9.9 por ciento hasta agosto. Por su parte, el área de construcción residencial privada había caído en 14 por ciento  al I Semestre, y la importación de bienes de capital, estrechamente asociada a la inversión privada de maquinaria y equipo, ha caído a una tasa de  8.1 por ciento a agosto.

Las importaciones de bienes de consumo duradero y de bienes de capital solo caen cuando se produce una caída o una desaceleración muy fuerte de la demanda interna. Esto nos estaría diciendo que algo más está afectando la demanda interna de consumo e inversión, además de la sola desaceleración del crédito. Un factor seria la masiva contracción del crédito petrolero de Venezuela, el cual alcanzó un monto promedio anual de 550 Millones de dólares  en 2010-14, y que en 2017 podría reducirse a menos de  50 Millones de dólares.

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De acuerdo a Funides(Fundación Nicaragüense para el Desarrollo  Económico y Social) , en su mejor momento el crédito petrolero alcanzó a explicar hasta un 40 por ciento  de la tasa de crecimiento de la economía, y resulta lógico pensar que un colapso de semejante magnitud no puede dejar de tener un impacto significativo sobre la demanda interna. También podría estar influyendo la caída de 4.5 por ciento de la inversión extranjera directa al I Semestre.

El único factor que a estas alturas estaría contribuyendo al crecimiento de la economía sería la recuperación de las exportaciones, las cuales, al contrario de lo que ocurría en el pasado, no logran arrastrar tras de sí al consumo y la inversión privada, que, por el contrario, muestran una importante desaceleración o caída. La desaceleración del crédito podría ser un reflejo de esto, aunque también de que los agentes comienzan a darse cuenta de que las cosas están cambiando y no pueden seguir endeudándose como antes.

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