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Last Flag Flying, una película de guerra pero sin armas

No hay batallas ni gran puesta en escena y tampoco corre la sangre. Esa es la nueva propuesta del director de Boyhood, en el que hace una sutil reflexión sobre el patriotismo y el papel de las fuerzas armadas

No hay batallas ni gran puesta en escena y tampoco corre la sangre, pero la nueva película del director de Boyhood, Last Flag Flying, es una película de guerra, una sutil reflexión sobre el patriotismo y el papel de las fuerzas armadas.

En lugar del sonido de las balas, es la conversación la que domina este largometraje cuya ambientación por momentos se asemeja a la de una obra de teatro.

“Es mi estilo de película de guerra”, sostuvo días atrás el cineasta estadounidense Richard Linklater, de 57 años, durante una mesa redonda en el Festival de Cine de Nueva York.

 

Lo único que tiene son diálogos”.

La trama es simple. En 2006, el veterano de Vietnam Larry (Steve Carell) viaja a Washington para asistir al entierro de su hijo caído en Irak en el cementerio militar de Arlington.

Abrumado por esta pérdida, así como la de su esposa, que murió de cáncer unos meses antes, este cincuentón de pocas palabras pide a dos de sus excompañeros, que no ha visto desde sus años de servicio, que lo acompañen.

La ocasión perfecta para los tres amigos de repasar su experiencia de Vietnam, un trauma profundo, y de hablar de sus sentimientos encontrados hacia el ejército.

Sus reflexiones hacen eco en el conflicto de Irak, que plantea muchas preguntas similares. “¿Por qué los enviaron a un desierto? No era una amenaza para nosotros”, se queja en la cinta Larry, que confronta sus preguntas y su desilusión con los soldados de la generación más joven.

“Es como cuando nos enviaron a la selva”.

Dos guerras que se hablan

Richard Linklater. AFP

Pero la película no toma partido por el antimilitarismo, decantándose por mostrar el conflicto de estos hombres marcados de por vida, profundamente apegados al ejército pese a denunciar todos sus absurdos.

“Muchas personas que sirven en las fuerzas armadas pueden ser muy patrióticas”, afirmó el director de Boyhood, una película de 2014 que le valió una triple nominación al Óscar y una selección en Cannes.

“Aman a su país, creen sinceramente que su misión se trata de la libertad, la democracia y la justicia, pero al fin de cuentas tienen una relación de amor-odio con ella”.

Se tardó 12 años para que el guión, adaptación de la novela homónima, se convirtiera en una película, salvada por la tenacidad de Richard Linklater y la apuesta de Amazon.

El director continuó así su trabajo en el cine de autor, tras dirigir Manchester by the Sea y The Big Sick.

“Me gustó el libro”, dice el director, “porque cuenta de qué forma se hablan estas dos guerras (Vietnam e Irak); se hacen eco la una de la otra”.

Los protagonistas

Laurence Fishburne, desde la izquierda, Bryan Cranston y Steve Carell en una escena de “Last Flag Flying”. AP

Los tres veteranos son protagonizados por actores estadounidenses de alto vuelo: Steve Carell, Bryan Cranston (Sal) y Laurence Fishburne (Richard), todos multifacéticos.

Y Richard Linklater se la juega infundiendo una buena dosis de humor en este tema de una gravedad implacable.

“Esto no solo enriquece la textura de la historia, sino que también permite al público respirar”, opinó Bryan Cranston en la mesa redonda.

Destacan en especial algunas escenas en las que Larry el silencioso, Sal el rebelde y Richard el hombre de iglesia (se convirtió en pastor) se enzarzan en fuertes discusiones pero sin dejar de escuchar.

El soldado Washington, que era cercano al hijo de Larry y acompaña a los tres hombres en este doloroso viaje, aporta una perspectiva actual y un contrapunto bienvenido.

 

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