A un año de la muerte de Arnulfo Obando, ex entrenador de “Chocolatito” González

El 10 de noviembre del 2016, el entrenador Arnulfo Obando tiró la toalla para siempre, dejando al boxeo nacional sin uno de sus mejores hombres.

"Chocolatito"

La ausencia de Obando es un aliciente para González, al que el boxeador consideraba como su segundo padre. LA PRENSA/ ARCHIVO/ U.MOLINA

El 10 de noviembre del 2016, el entrenador Arnulfo Obando tiró la toalla para siempre. Hombre de boxeo, de estrategias, carcajada estruendosa, la palabra sincera, se rindió a la muerte aquel jueves, y hasta hoy, su gran pupilo Román “Chocolatito” González, sigue sin encontrar el repuesto, más que un aliado, al amigo.

El camino de angustia había iniciado nueve días atrás, Obando estaba en Terrabona, Matagalpa, y ahí fue sorprendido por un desmayo, horas más tarde se mencionaba que había sufrido un accidente cerebro vascular que su condición era delicada, tanto que con el paso de las horas el panorama se ensombrecía.

El cigarro siempre en su boca y en su cabeza un peinado parecido a una cresta o una ola, Arnulfo se deslizó rápidamente hacia la muerte, la fatalidad repentina, la zozobra que aguijoneaba a sus familiares, sin encontrar una explicación racional del hecho, porque era un hombre de 54 años, con un espíritu alegre, que mantenía a raya problemas de la presión a fuerza de pastillas.

Arnulfo Obando, boxeo, Román “Chocolatito” González
En 2015, la revista prestigiosa Revista The Ring lo nominó al premio de “Entrenador del Año”. Falleció a los 54 años. LA PRENSA/ URIEL MOLINA

Lo intervinieron quirúrgicamente, pero el daño cerebral siguió ahí, y el hilo de vida que sostenía a Arnulfo era una máquina de respiración artificial a la que estaba conectado, y en el lapso de incertidumbre que antecedió a su muerte, la madre de sus tres hijos, Catalina Aburto, y su hijo mayor, Irwing Obando, contemplaban la decisión de desconectarlo, pero no lo hicieron, porque la esperanza, en estos casos, siempre existe, aunque más delgada.

A las 9:30 de la mañana de hace un año, Obando sufría un paro cardíaco, y el boxeo nacional se quedaba sin uno de sus mejores hombres.

Después… lo impensado

Lo que ha pasado con la carrera de “Chocolatito” a un año de su muerte, Arnulfo jamás lo hubiera imaginado.

El 10 de septiembre del 2016, el equipo entero cumplía el sueño de la cuarta corona que Román alcanzó en una sofocante batalla con el mexicano Carlos “El Príncipe” Cuadras en el Fórum de Inglewood, en Los Ángeles, California, Estados Unidos.

El sabor dulce y carácter empalagoso de la miel estaba en el paladar de “Chocolatito”, en Obando, en el preparador físico Wilmer Hernández, en el apoderado Carlos Blandón y en Japón el promotor internacional Akihiko Honda, de Teiken Promotions, se contentaba por tener en su planilla al tetracampeón y al mejor boxeador libra por libra del mundo, según los expertos.

El último logro de Obando fue coronar a Román en las 115 libras ante Carlos Cuadras. LA PRENSA/ ISRAEL ROSALES

La felicidad se tocaba con las manos, pero ocurrida la muerte de Obando, que además era un fanático de la cocina porque preparaba los alimentos del campeón y del equipo con un espíritu de servicio admirable, “Chocolatito” afrontaba un nuevo camino sin él, aunque pesara, y Hernández asumíría el peso de la responsabilidad.

El tailandés Srisaket Sor Rungvisai fue anunciado como rival mandatorio del nicaragüense, que se fue a entrenar a Costa Rica, y anunciaría que dedicaría su victoria a Obando, mas no fue así, oprimido por un fallo descolocado de los jueces el 18 de marzo en el Madison Square Garden, en Nueva York, en su primera defensa del título del CMB.

Perder el invicto, ver detenido su anhelo de llegar a 50 victorias sin derrotas y ser desplazado del pináculo de los mejores libras por libras del mundo como consecuencias, le pasó factura a un Hernández que fue separado del equipo sin razones de peso, este lo tomó como una traición y su lugar pasó a ocuparlo el japonés Sendai Tanaka para la reciente revancha el 9 de septiembre, en Carson, California, donde “Chocolatito” fue brutalmente noqueado en cuarto asaltos.

Desde la muerte de Obando, la carrera de González ha sido sacudida como por un terremoto.

“Era como un padre”

La cercanía de Román y Arnulfo era indiscutible, como el hilo con la aguja.

“Nunca va a haber alguien como él. Arnulfo sabía mi vida, sabía tantas cosas, que creo que no va a haber un entrenador como él aquí en Nicaragua, porque éramos muy pegados y sabíamos muy bien nuestro trabajo. Era un amigo y también como mi padre”, recordó “Chocolatito”, hace dos semanas.

Para Arnulfo ser entrenador se llevaba en la sangre, así lo dijo en una entrevista que concedió a LA PRENSA a inicios del 2016.

Arnulfo Obando y Román González tenían una relación cercana. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE/ ARCHIVO

Era un hombre que manejaba en la punta de la lengua la cantidad de rounds de sparrings en cada preparación, los kilómetros que recorría “Chocolatito”, los minutos que golpeaba la pera, el saco, los que saltaba la cuerda y los de mascoteo. Doblada y dentro de los bolsillos de su pantalón, una hoja blanca le recordaba esos detalles.

La vida lo unió a “Chocolatito” González en 2009, cuando este apenas era dueño de una corona mundial. Desde entonces los dos comenzaron un peregrinaje bajo cielos abiertos que, entre tantas alegrías, les dio a ellos y al país entero la bendición de tres nuevos títulos: el de las 108 libras de la AMB y el de 112 y 115 libras del CMB.

El 2016 no pudo iniciar mejor para Obando. La revista prestigiosa Revista The Ring lo nominó al premio de “Entrenador del Año”, en una lista en la que se codeaba de tú a tú con Abel Sánchez, el adiestrador de Gennady Golovkin, y con Floyd Mayweather (padre).

“Con él nunca tuve ninguna dificultad en mis campamentos. Siempre hacía planes, y trataba de que todo saliera como lo planificaba”, ha resaltado Román.

Arnulfo se acostumbró a ganar al lado de su gran pupilo. Estuvieron juntos en 21 combates y en 12 de ellos hubo en juego al menos un título.

Arnulfo Obando, durante una sesión de trabajo con Román «Chocolatito» González. LA PRENSA/ARCHIVO

“Mi vida ha cambiado. Ahora te digo que vivo bien. Me ajusta para comer frijoles y pollito”, dijo una tarde en el gimnasio Róger Deshón antes de entrenar a “Chocolatito”.

Así era Arnulfo Obando, el hombre y entrenador, quien fue condecorado con la Orden Alexis Argüello en julio del 2016, la máxima distinción que se le entrega a personalidades del deporte local.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: