El juicio comunista a Dios

Fue el inicio de la primera persecución contra la Iglesia ortodoxa (1918-1923)

Entre todos los artículos de varios escritores, buenos por cierto, publicados en LA PRENSA sobre los crímenes del comunismo en Rusia, al cumplirse este noviembre 2017 el centenario de la revolución bolchevique, hay un tema olvidado: El “juicio contra Dios”, organizado por el comisario de Instrucción Pública ruso Anatole Lunacharski en nombre del Estado soviético en 1918.

Fue el inicio de la primera persecución contra la Iglesia ortodoxa (1918-1923).

Se creó un tribunal popular, Lunacharski como presidente, quien consideraba con otros camaradas la necesidad de erradicar de Rusia la religión. Declarado competente, el tribunal ordenó el procesamiento de Dios. Se le acusó de genocidio y se pidió la condena a muerte. El juicio duró unas seis horas ante una gran multitud. En el banquillo de los acusados colocaron una Biblia. Los cargos del pueblo ruso se presentaron en representación de toda la humanidad. ¡Genocidio¡ fue la acusación contra el reo. Pruebas testificales abundantes fueron presentadas por los fiscales.

Nombrados por el Estado soviético defensores presentaron también abundantes pruebas de la inocencia de Dios, que pedían la absolución alegando que el reo padecía una grave demencia y otros trastornos psíquicos, por lo cual no era responsable del delito imputado. No se aceptaron las razones de la defensa y la sentencia fue condenatoria. El reo fue condenado a muerte.

El 18 de enero de 1918 el presidente del tribunal leyó la sentencia, la cual fue ejecutada al día siguiente: Dios fue ejecutado porque no había posibilidad de interponer recurso alguno ni permitir el más mínimo aplazamiento. El pelotón de fusilamiento ejecutó la sentencia disparando varias ráfagas al cielo de Moscú (datos tomados del diario ABC de España. Lunacharski fue embajador ante la 2ª República española).

Como no hubo ni hay nada original en la Revolución Popular Sandinista, todo es mala copia de las revoluciones rusa y cubana, cabe preguntarse: ¿será la horrible estatua del guerrillero apuntando al cielo de Managua un triste emblema de aquel fusilamiento de Dios?

Siempre nos pareció, a muchos, fea la estatua del guerrillero erigida en Managua por el primer gobierno sandinista; pero argumentaban algunos, es debido a la factura de hierro entretejida o la poca altura de la base. Ahora, pienso que pudo ser una premonición de que ese espantajo guardaba una intención blasfema para los practicantes de la fe de las dos sublimes Iglesias católicas, la ortodoxa y la romana.

Porque nada quedó incólume para la Dirección Nacional de los años ochenta, ni siquiera la religión, ni siquiera la estética. Todo naufragó arrastrando sacerdotes y artistas, los que hoy, así lo esperamos, deben lamentar haberse dejado llevar hasta ahogarse por la vorágine sandinista.

La autora es profesora. Fue diputada a la Asamblea Nacional y directora del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC).