Docentes y la adquisición del conocimiento

Como toda ciencia, es natural que la educación cambie y progrese. La investigación y la tecnología son necesarias para su avance

Durante una estadía reciente en Nicaragua, tuve la oportunidad de visitar una de las universidades de Managua donde laboré por varios años y también una escuela pública de Monimbó dirigida por un sacerdote amigo. Me agradó mucho observar que, pese a los entornos tan diferentes, los profesores de ambos centros de estudio ejercían la tarea esencial del docente universal: facilitar la adquisición del conocimiento. Y es que en estos tiempos de vertiginosos avances tecnológicos, en los que la pedagogía experimenta nuevas modalidades, enfoques, instrumentos, sistemas y paradigmas —acelerados todos por la velocidad con que la información viaja hoy día— se corre el riesgo a veces de que la noble profesión docente y la gozosa experiencia estudiantil se tornen en intrincadas y complejas tareas, en las que el fin se confunde con el medio y el aprendizaje se asfixia en una nebulosa de cifras, medidas y análisis.

Como toda ciencia, es natural que la educación cambie y progrese. La investigación y la tecnología son necesarias para su avance. El reto está en cómo estas transformaciones deben ocurrir.

¿Estamos realmente facilitando la adquisición del conocimiento o complicándolo? ¿Estamos motivando a nuestros estudiantes o los estamos abrumando? Sabemos perfectamente que facilitar la adquisición del conocimiento no es sinónimo de una simple transmisión inductiva del mismo, de docente a estudiante, o de punto “A” a punto “B”. Sabemos que el aprendizaje efectivo ocurre cuando el docente comparte con los estudiantes sus conocimientos y fuentes de información para que estos puedan procesar y asimilar el contenido de una forma más deductiva y dinámica. Sin embargo, no debe interpretarse como una metodología en la que el docente renuncia a su liderazgo y dirección para que los estudiantes asuman su aprendizaje de forma autónoma.

¿Cuál es entonces el balance apropiado entre inducción y deducción del conocimiento? ¿Qué proporción de la adquisición del conocimiento debe destinarse a la transmisión del mismo y cuánto a su descubrimiento y aplicación? Muchos seminarios educativos han abordado el tema, sin que hasta ahora se determine claramente un balance adecuado. Lo que los docentes sí tenemos claro es que cualquier resultado exitoso de enseñanza pasa por la conexión, la diferenciación, el andamiaje y las actividades lideradas por los estudiantes.

La conexión con nuestros estudiantes es fundamental para el proceso formativo. Lograr y mantener una conexión no es tarea sencilla para ningún educador, pero es factible con un buen análisis del grupo, el establecimiento de una meta clara y una planificación ambiciosa de las actividades a realizarse. Los docentes necesitan tomarse su tiempo para alcanzar esta conexión en el aula, si es posible postergando el contenido hasta alcanzarla o recuperarla.

La diferenciación es un resultado colateral del análisis del grupo y un elemento intrínseco en nuestra planificación. Una vez determinados los estilos de aprendizaje prevalentes en el aula, podemos establecer estaciones de trabajo o asignar actividades diferentes según las necesidades de los estudiantes, sin comprometer los estándares establecidos.

El andamiaje es una estructura cognitiva, generalmente transitoria, con la que ayudamos a los estudiantes en la adquisición de nuevas competencias. Esta intervención del docente es un claro ejemplo de la inducción directa de un conocimiento o destreza que está por encima de las habilidades de un estudiante y que le permite concentrarse en aquellas que están a su alcance para eventualmente alcanzar la totalidad de las competencias requeridas.

Las actividades lideradas por los estudiantes son las que el docente designa para consolidar o ampliar un concepto. No sería conveniente, especialmente en niveles primarios, diseñar actividades lideradas por los estudiantes en conocimientos o destrezas que no han sido abordadas del todo en el aula.

Obviamente, las condiciones del centro de estudio inciden en la exitosa aplicación de estos métodos. No es lo mismo enseñar en un aula acondicionada con equipos modernos que en un aula austera y hacinada. No obstante, el principio es el mismo. Y felizmente, la vocación también. Procesar, asimilar y aplicar el conocimiento adquirido es la responsabilidad de los estudiantes.

Presentarlo, describirlo y transmitirlo será siempre la responsabilidad de quienes hemos escogido la hermosa profesión de educadores.

El autor es docente nicaragüense y reside en Aldie, Virginia, EE.UU.
roberto.porta@comcast.net