El infierno de Elvis Garay en Las Agujas

Al nicaragüense Elvis Garay Lorío lo torturaron y violaron en una estación migratoria de México. Después lo dejaron tirado en una carretera de El Salvador y ahora, de regreso en ese país, busca justicia

Las Agujas, México

Elvis Garay emigró a México con su esposa mexicana en el 2009. Cuatro años después fue encarcelado en la Estación Migratoria “Las Agujas”, donde recibió torturas psicológicas, golpes y fue abusado sexualmente. LA PRENSA/ CORTESÍA

Antes de golpearlo, dice Elvis Garay que le preguntaban lo mismo: “¿Vas a denunciar?” Y él, con más coraje que el día anterior, respondía: “Sí”. Dice que ya estaba tan acostumbrado a los golpes, al frío y la oscuridad de la celda de aislamiento por tratar de denunciar los abusos que ocurrían contra los indocumentados en el centro de migración “Las Agujas”.

De la noche a la mañana Garay lo perdió todo. Dejó su país, Nicaragua, por ir tras un amor y allá perdió sus bienes y su nueva familia. Quedó en la calle, sin empleo y sin hogar, y cuando pensó que ya se estaba recuperando lo trasladaron a una estación de migración de México acusado de robo y violación. Ahí fue torturado. Lo violaron.

Su caso sonó en varios medios nacionales de México pues hasta ahora es uno de los pocos migrantes extranjeros que se atreve a denunciar los abusos cometidos en “Las Agujas”, la tercera estación migratoria más grande de ese país. Y asegura que por denunciar el mismo gobierno mexicano lo ha amenazado de muerte y está seguro que mientras habla por teléfono con la revista Domingo su conversación está siendo intervenida. Pero ya no tiene miedo, dice.

Amor a la mexicana

Elvis Garay está seguro de que lo tienen vigilado y que han intervenido su celular. En varias ocasiones también lo han amenazado de muerte. LA PRENSA/ CORTESÍA
Elvis Garay está seguro de que lo tienen vigilado y que han intervenido su celular. En varias ocasiones también lo han amenazado de muerte. LA PRENSA/ CORTESÍA

En Nicaragua Elvis Garay tenía una vida tranquila. Era menudo, delgado y tenía el pelo liso. Antes irse, en 2009, acababa de cumplir 21 años, vivía en Granada y ya estaba trabajando. Nunca había pensado en irse del país, hasta el día que conoció a una mexicana, de la cual omitiremos el nombre por petición suya y con quien tuvo un hijo. Se enamoró casi a primera vista y después de un par de conversaciones supo que el interés era correspondido.

Iniciaron una relación y tenían pocos meses de estar juntos cuando se casaron en junio de ese año, a pesar de que su familia se opuso porque para ellos, su prometida era una desconocida. Meses después ella le dijo que debía regresar a México y que él como su esposo también debía irse. Fue así que en enero del 2010 partió para ya no regresar. Se fueron con todos los documentos en orden.

Para él acostumbrarse a un país nuevo no le fue difícil. Sus suegros le ayudaron a conseguir un empleo y en pocos meses logró estabilizarse allá. Vivió así por un par de años hasta que la felicidad se acabó.
“Yo veía anomalías en esa familia y comencé a investigar. Allí me di cuenta que estaban metidos en el narcotráfico y eso no me gustó. Mi suegro me dijo un par de veces que me metiera y yo le dije a mi esposa que nos alejáramos”, narra Garay, vía telefónica desde México.

Garay perdió todo de romplón. Un día del 2012, no recuerda con exactitud la fecha, pasada la medianoche quiso entrar a su casa y se dio cuenta que las llaves no entraban en la cerradura. Llamó a la puerta y apareció su esposa junto a su suegro. Él le dijo: “Yo hablé contigo, quise que entraras al negocio familiar y no quisiste. Dale gracias a Dios que sales con vida”. Garay se fue desconcentrado y se dio cuenta que ya ni las tarjetas de crédito le servían. No tenía trabajo y los amigos que había formado le dieron la espalda. Allí comenzaron sus días amargos.

Estación de alta seguridad

Imagen de referencia de las estaciones migratorias de México por las que pasan migrantes centroamericanos en su travesía hacia Estados Unidos y México. LA PRENSA /AFP /GUILLERMO ARIAS
Imagen de referencia de las estaciones migratorias de México por las que pasan migrantes centroamericanos en su travesía hacia Estados Unidos y México. LA PRENSA /AFP /GUILLERMO ARIAS

Acusado por robo y violencia Elvis Garay llegó a la estación de migración “Las Agujas”, de Iztapalapa. Él recuerda que el día que lo detuvieron estaba en su trabajo cuando un agente de Migración preguntó por él y sin más explicación se lo llevó detenido. Para ese tiempo él estaba recuperándose después que su expareja lo había dejado hacía meses.

En ese momento, dice, recordó que unos días atrás su expareja lo había amenazado por negarse a regresar con ella. “Me buscó para que regresáramos, pero yo le dije que no. Entonces me gritó que estaba bien que pronto recibiría noticias suyas”, asegura.

Desde ese instante supo que su detención era arbitraria porque por los delitos que se le estaban acusando quienes debían ir por él eran oficiales de Policía y no agentes de Migración. Les reclamó, pero a ellos no les importó y lo trasladaron a “Las Agujas”.

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La Estación Migratoria “Las Agujas” es como una cárcel de máxima seguridad. Hay guardas por doquier con armas preparadas para disparar ante el menor movimiento. Quienes están presos allí son en su mayoría indocumentados que trataban de cruzar a Estados Unidos o planeaban quedarse en México. A Elvis Garay desde que llegó le hicieron saber que su estancia allí sería un infierno. Lo llevaron a una sala, lo desnudaron, lo obligaron a hacer sentadillas desnudo y luego lo trasladaron a una celda.

A los pocos días de estar detenido allí se dio cuenta que había demasiados abusos. Oía los gritos de lamentos de los otros detenidos y de noche veía como sacaban a las migrantes más jóvenes y bonitas, y las regresaban al amanecer. Ese fue su error.

“A mí me comienzan a torturar por haber denunciado. Yo nací en una familia donde me enseñaron que a la mujer se le respeta. Entonces al presenciar todos esos delitos decidí denunciarlos. Juré que si nadie se atrevía a denunciar yo lo iba a hacer”, asegura.

La decisión estaba tomada. Sabía que la posible denuncia le traería consecuencias, pero en su imaginario no estaba todo lo que le pasó luego.

La trampa

Cada cierto tiempo la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México visita las estaciones migratorias de ese país. Habla con los detenidos y reporta los casos de abusos a los derechos humanos. Elvis aprovechó una de esas visitas para denunciar todo lo que veía.

— Sabe, yo quiero hacer una denuncia muy delicada —le dijo Elvis Garay a un oficial de la CNDH.
—Sí, dime —le respondió.
—Acá hay trata de blanca, hay prostitución. He visto como sacan a las niñas y mujeres más guapas a medianoche y las regresan a las seis de la mañana. Acá hay tráfico de órganos —le respondió Garay casi susurrando.
—Dame media hora y yo te llamo y nos reunimos en una oficina a solas —le dijo antes desaparecer por un pasillo.

Elvis regresó a su celda entusiasmado por lo que había pasado. Esperó el llamado y media hora después escuchó que su nombre por el altavoz y se dirigió a una oficina. Abrió la puerta y sin entrar completamente miró que la sala no estaba vacía. Asegura que adentro estaba el director de la estación migratoria, el comisario de la cárcel y las “manos derechas” que cometían los abusos. Sintió miedo y supo que para él todo estaba perdido.

“Tú no vas a salir vivo de acá. Nosotros somos un monstruo contra ti solito. Somos un gobierno contra ti solito. De acá no vas a salir”, le dijo uno de los que estaba reunido allí poniéndole la mano en el hombro.

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De esa sala salió directamente a una celda de confinamiento. Era muy pequeña, fría y oscura. Tenía una ventana desde lo alto donde le entraban unos rayos de luz. Allí el tiempo pasaba tan lento que pronto perdió la noción de él. Religiosamente llegaban unos guardas a preguntarle si aún estaba dispuesto a denunciarlo y cuando respondía que sí lo agarraba a golpes.

Conforme el tiempo pasaba la tortura eran más crueles. Le llevaban las comidas malas y a veces se las escupían y orinaban en su presencia. “Me decían que yo era una rata, que iban a darle de alimentar a la rata. Me tiraban agua fría, me metían en un balde con agua fría. Ponían descargas eléctricas en el piso todo mojado para que a mí me llegaran esas descargas”, asegura Garay. Al final la pregunta siempre era la misma: “¿Vas a denunciar?”


Aislamiento forzoso

Las consecuencias psicológicas que provoca el aislamiento forzoso pueden ser fatales en los reclusos. Según explica la BBC, los presos que estuvieron mucho tiempo aislados en celdas de confinamiento —estas son celdas que miden no más de dos metros y donde el recluso está aislado de todo contacto humano— tienen problemas para entablar relaciones, sufren de insomnio, son sensibles al ruido y padecen de depresión.

Por ello estos aislamientos son considerados como un tipo de tortura psicológica porque el recluso pierde hasta la noción del tiempo. En una celda de estas fue donde Elvis Garay estuvo aislado durante un mes en la Estación Migratoria “Las Agujas”. Según confesó, después que salió de esa cárcel experimentó depresión, falta de memoria y su personalidad se volvió aislada. A Garay además de tenerlo aislado, los guardas lo torturaban y golpeaban.

Generalmente quienes son aislados son los presos más peligrosos de las cárceles de máxima seguridad. Se han registrado casos de reclusos que pasaron 40 años en este tipo de celda.


Eres tú o soy yo

Para Garay las esperanzas de salir con vida de esa estación migratoria cada vez se reducían. Lo único que tenía en ese momento era su vida. “Yo ya había perdido todo. Yo ya no era nadie. Iba a ser más orgulloso para mí morir de pie, que morir cabizbajo humillándome a un mortal. La dignidad es lo último que un ser humano debe perder”, afirma.

En eso pensaba cuando una madrugada sacaron a todos los detenidos al patio y los formaron en dos filas. Seleccionaron a tres de ellos y se los llevaron a salas diferentes. Él era uno de los elegidos. En la sala estaba un agente de Migración y le ordenó desnudarse y hacer veinte sentadillas. Garay se rehusó y el agente le dijo: “Mira chavo, estas son órdenes de arriba. Te crees súper héroe y esto es lo que te conseguiste. Lo siento o eres tú o soy yo”, le dijo mirándolo a los ojos. A Elvis Garay los ojos se le nublaron y se le salieron las lágrimas.

Terminadas las veinte sentadillas, el oficial le pidió hacer diez más. Le dijo que esas serían las últimas y de repente los oficiales de policía que estaban en la sala lo tomaron de los brazos y escuchó como el agente de Migración se bajaba los pantalones. Forcejeó lo más que pudo, pero el agente alcanzó a penetrarlo.

“En ese momento yo forcejeé más y eso dio pie a que el agente no terminara la aberración que me estaba haciendo. Otra vez me agarraron y me penetró por segunda vez”, confiesa. Después de esa violación hubo otros intentos. Siguió aislado de los demás reclusos y las torturas y golpes seguían.


Las Agujas

Elvis Garay estuvo recluido un mes y quince días en la Estación Migratoria “Las Agujas”, ubicada en Iztalapa, México. Esta es la tercera estación de migrantes más grande de México y tiene capacidad de hasta 430 personas. En varias ocasiones se han denunciado los abusos y violaciones a derechos humanos que han sufrido los indocumentados que son trasladados allí. Sin embargo, estas no han prosperado.

Según un reportaje periodístico del diario La Jornada Baja California, el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas, junto al director de “Las Agujas”, Miguel Ángel Ramírez y Guillermo León, un agente que apodan como el Torturador, son cómplices de los delitos cometidos en esa estación migratoria. “Hay migrantes que, al ver a este torturador, se orinan en los pantalones. Recuerdo cómo una migrante hondureña se desmayó. Y todos hablan de una terrible serie de abusos físicos, sicológicos y sexuales a los que han sido sometidos”, reza el reportaje de la periodista Sanjuana Martínez.

El año pasado de todas las estaciones migratorias de México fueron despedidos tres mil agentes migratorios y trabajadores acusados de realizar actos de corrupción, abusos y extorsiones a migrantes, según informó a El Excélsior el comisionado Vargas, quien fue nombrado a este cargo por el presidente de México Enrique Peña Nieto y que fue fuertemente criticado por las organizaciones civiles pues consideraban que por su condición de policía pondría en riesgo a los migrantes.


Presión social

En Nicaragua nadie sabía lo que Garay estaba viviendo en México. Él no llamó a su familia porque se sentía responsable de todo de lo que le estaba pasando por haberse ido en contra de la voluntad de sus padres y en México la situación no era muy diferente. El único que estaba pendiente de él era su jefe quien había prometido ayudarlo. Esto fue fundamental para que él pudiera salir de la cárcel. Pues, según le dijo un agente de Migración de “Las Agujas”, de todos los reclusos que han permanecido en esa estación, solo él recibía visitas y solo él tenía abogados tratando de sacarlo.

Sin embargo, estos poco podían hacer por su caso porque según les dijeron la única que podía sacarlo de allí era su expareja. Entonces como último recurso acudieron al Consulado de Nicaragua en México y por la presión diplomática a Elvis lo deportan a los 45 días de haber estado detenido.

Pasada la una de la madrugada unos oficiales llegaron a sacarlo de la celda de confinamiento donde estaba. Lo llevaron a una oficina y lo hicieron firmar un oficio de salida. Después lo trasladaron a la estación migratoria Siglo XXII de Tapachula y una semana después lo montaron en un bus que llevaba a otros migrantes que estaban siendo deportados.

Los abusos no acabarían hasta el final, pues en vez de regresarlo a Nicaragua a Elvis lo dejaron en la Carretera Panamericana de El Salvador. Lo dejaron goleado, sin dinero y solo con uno de los tres teléfonos que le quitaron cuando entró a prisión. Tuvo que caminar varias horas para llegar al pueblo más cercano. Después llegó a San Salvador con la única convicción de regresarse a México para exigir justicia.

—¿Por qué no se regresó a Nicaragua? —le pregunto.
—Porque me pudieron quitar todo, menos mi dignidad y por promesa propia iba a regresar a México a denunciarlos. Además, fue mi decisión haber salido de Nicaragua. Yo no iba a llegar a darle una angustia a mi familia.

En la capital de El Salvador vendió el celular que llevaba y con eso se regresó ilegal a México. Allí conoció al padre Alejandro Solalinde, un sacerdote mexicano que brinda ayuda a los migrantes que pasan por México. Él ha sido una pieza fundamental para que Garay siga con vida tratando de denunciar lo que vivió, pues asegura que si estuviera solo ya lo habrían matado.

Después de permanecer encerrado la personalidad de Elvis cambió drásticamente. Le costaba reír, siempre estaba de mal y a veces pasaba horas en su habitación sintiéndose sucio. Decía que estaba bien, pero en silencia sentía rabia contra sí mismo. Por eso el padre Solalinde, que también es terapeuta, se acercó a él y le ofreció ayuda.

“Pude engañar a muchos, pero no al padre. Él me dijo ‘tú no estás bien, qué tienes’ y en ese momento no pude contener las lágrimas y le conté todo”, confiesa. Allí comenzó la lucha por exigir justicia que hasta ahora mantienen.

Según explica el padre Solalinde, vía telefónica, por el albergue han pasado más de 210 mil migrantes, pero hasta ahora el caso de Garay es el que más le ha llamado la atención por la gravedad de los abusos por haber denunciado. Por ello se ofreció a ayudarlo.

Si yo no he apoyado a Elvis Garay, si no he intervenido directamente con altos funcionarios del gobierno (mexicano), ya lo hubieran matado, pero ellos saben que si a él le pasa algo, yo no voy a descansar hasta que se haga justicia”. Alejandro Solalinde, sacerdote que apoya a los migrantes en México.

En busca de justicia

El caso del nicaragüense Elvis Garay hay sonado en varios medios mexicanos y en varias instancias gubernamentales de México, pero hasta ahora lo único que ha recibido son amenazas de muerte. La primera ocurrió, según Garay y el padre Solalinde, en la propia Secretaría de Gobernación.

“Si denuncias donde tú vayas o donde te encuentres te vamos a mandar a desaparecer. Te vamos mandar a matar”, le dijo después de escuchar su testimonio Paloma Guillén, subsecretaria de Migración, Población y Asunto Religiosos de la Secretaría de Gobernación.

En la Procuraduría General de la República de México también han interpuesto la denuncia. Allí le realizaron el protocolo de Estambul para comprobar si había sufrido torturas y este salió positivo. Asimismo, le realizaron exámenes psicológicos y en todos se comprobaba lo que le ocurrió, según su testimonio.

Elvis Garay también fue reconocido como víctima por la Comisión Ejecutiva de Víctimas (CEAV) por los abusos que sufrió en la estación migratoria Las Agujas y ha solicitado protección a la Comisión de Derechos Humanos porque ha sufrido persecución por parte del Gobierno que teme que su caso salga a luz pública a nivel internacional.

“Estamos agotando todas las instancias y sí, es verdad, a Elvis no lo han matado porque yo estoy apoyándolo. Ellos (el Gobierno) saben que si a él le pasa algo, yo no voy a descansar hasta que se haga justicia”, sentencia el padre Solalinde.das y que cuando salen en libertad se aíslan en espacios pequeños.

Documento que fue elaborado cuando Elvis Garay fue llevado por los agentes migratorios hacia la Estación Migratoria "Las Agujas". LA PRENSA/ CORTESÍA
Documento que fue elaborado cuando Elvis Garay fue llevado por los agentes migratorios hacia la Estación Migratoria «Las Agujas». LA PRENSA/ CORTESÍA