Ya no hay lugares sin corrupción

El concepto de corrupción no es nuevo en el mundo. Existe desde que el hombre, por su desmedida ambición, comete errores y horrores

Secuelas de guerra

El concepto de corrupción no es nuevo en el mundo. Existe desde que el hombre, por su desmedida ambición, comete errores y horrores. Hoy, por los medios de comunicación, sabemos que este flagelo es más intenso y extenso.

En muchos países y continentes, encontramos gobiernos y funcionarios de cualquier institución, ministros religiosos, y dictadores que no quieren abandonar el poder, y a cualquier costo se mantienen violando todos los derechos de los ciudadanos de su país.

Y los involucrados no tienen temor que en algún momento, los que han cometido crímenes de lesa humanidad, sean juzgados por la Corte Penal Internacional. Estos crímenes no prescriben. Ejemplo: Slobodan Mylosevic, dictador de la república de Serbia, conocido como “el carnicero de los Balcanes”, gobernó con mano dura a su país desde 1989 a 2000. En 1998 desarrolló una cruenta limpieza étnica de kosovares, que provocó reacción internacional y bombardeos de la OTAN sobre posiciones serbias entre febrero y junio de 1999. El conflicto acabó con el control de Kosovo por parte de la OTAN y de las fuerzas especiales de la ONU.

En España, un decreto de independencia unilateral promovido por líderes con ambiciones presidenciales, congraciándose con otros gobiernos de ideología comunista y fines expansionistas, han originado otra expresión de corrupción.

No les importa a estos políticos apoderarse del dinero y otros recursos de la región que quieren independizar, aunque rompan el orden constitucional de su país.

Los sectores antiseparatistas luchan fuertemente contra este sistema de gobierno sustentado en una plataforma de corrupción.

Una amplia mayoría de Europa y otras partes del mundo no avalan este sistema de gobierno donde los involucrados huyen de su país con el dinero de sus pueblos.

África, uno de los continentes con grandes recursos naturales, con gran número de enfermedades que siguen diezmando a gran parte de la población, pero con récord de dictadores como el de Zimbabue, que tenía 37 años en el poder, y pretendía dejar a su mujer como sucesora, es uno de los ejemplos más clásicos de corrupción.

Pero fue impedido de consumar este intento, donde el ejército de su país colaboró y el dictador está en arresto domiciliario y ha dimitido.

También hay que recordar como terminó el temerario dictador de Libia, Muammar el Gadafi, que gobernó durante 42 años con mano dura a su país. Violaciones permanentes a los derechos humanos, censura a la prensa, tortura, persecución a sus opositores políticos.

Durante su gobierno protagonizó una serie de acciones controversiales, como alineamiento geopolítico, especialmente con la desaparecida URSS, practicó el intervencionismo bélico, apoyó militarmente al dictador de Uganda, Idi Amin, durante la guerra Uganda-Tanzania. Entre sus acciones violentas se le atribuyen derribamiento de aviones de pasajeros.

Por todas sus acciones violentas, su pueblo se rebeló en el año 2011, y apoyado por la OTAN, se apoderaron de la capital, Trípoli, el 22 de agosto de ese año, y después de varias semanas de sitio, Gadafi fue herido y capturado por los rebeldes; fue ejecutado en plena calle el 20 de octubre de 2011.

Esto demuestra que la corrupción de los gobiernos siempre tiene un fin trágico. Sin embargo, hay pocos lugares sin corrupción. Y donde no hay, los corruptos se infiltran para contaminar el ambiente.

Hoy, en pleno tercer milenio el tsunami de la corrupción sigue arrastrando todo lo que encuentra a su paso. Ahí está haciendo estragos en América, donde gobiernos extranjeros intervienen en las elecciones presidenciales mediante los hackers, compra de conciencias, acusaciones de agresiones sexuales, soborno, chantaje, etc.

América del Norte, Centro y Sur, no escapan a este mal tan antiguo como la humanidad. Pero hay seguir combatiendo este flagelo.

El autor es médico.
rmg.managua@gmail.com