Los sufíes, perseguidos y marginados en Egipto

El sufismo se trata de un conjunto de creencias y rituales islámicos de carácter místico cuyos fieles buscan aproximarse progresivamente a la divinidad

La mezquita de Al Rauda, donde ha tenido lugar la peor masacre terrorista en la historia reciente de Egipto, era frecuentada por fieles musulmanes sufíes, que han sido objetivo de grupos extremistas y que se han visto «desprestigiados» por las clases emergentes egipcias en las últimas décadas.

El sufismo es muy popular en el país árabe y se trata de un conjunto de creencias y rituales islámicos de carácter místico cuyos fieles buscan aproximarse progresivamente a la divinidad y alejarse de lo racional que dicta el islam.

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«El sufismo forma parte del islam y no es un rama», asegura por teléfono la arabista Luz Gómez García, quien añade que sus adeptos musulmanes «buscan el camino para acercarse a Dios por la mediación de personas con dones, dados por Dios, y aproximarse» a lo divino. Esos rituales se realizan, por ejemplo, acercándose a las tumbas veneradas o a través de las familias de los maestros, entre otros.


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Además, la profesora titular de Estudios árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid detalla que hay diferentes «tariqah» (cofradías) que ayudan al creyente a encontrar su camino, algunas a través de la música, otras de los bailes e incluso, otras centradas en el silencio. Pero el elemento común de todas las escuelas, indica Gómez, es «la cadena de transmisión del conocimiento del maestro al discípulo».

Desprestigiados

En el caso concreto de Egipto, la profesora española señala que a partir de las décadas de 1930 y 1940, el sufismo se ha visto «desprestigiado» en algunos momentos, sobre todo, por Al Azhar -la institución suní de referencia en Oriente Medio-, tras ponerse el «estandarte de la verdad del islam» y también por el Estado egipcio, que veía, según Gómez, al sufismo como «un poder que podía hacerles competencia».

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El actual imán Ahmed al Tayeb, jeque de Al Azhar, quien sigue la corriente sufí, condenó el viernes el «ataque bárbaro» y aseguró que «el derramamiento de sangre, la violación de las casas sagradas de Dios y el aterrorizar a los fieles son actos de corrupción en la tierra».

Además, los sufíes se han visto «marginados» porque se les relaciona en Egipto con las clases populares, con la gente de agricultura, por lo que «cuando Egipto deja de ser campesino y se vuelve urbano, no está bien visto en las clases emergentes y que tiene una alta categoría social». «Es más una cuestión sociológica», insiste Gómez.

Aún no reinvindican ataque

El atentado todavía no ha sido reivindicado por ningún grupo extremista, aunque la Fiscalía egipcia, según las declaraciones de los testigos, aduce que los atacantes izaron durante el tiroteo a los fieles, «una bandera negra del Dáesh», acrónimo en árabe del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Gómez afirma que en la mezquita de Al Rauda, donde han muerto al menos 305 personas, entre ellas 27 niños, se encuentra la cofradía de Ahmadiya y, por eso, este ataque atenta directamente contra el «núcleo del sufismo egipcio y uno de los pilares del islam egipcio», ya que el jeque sufí enterrado ahí es adorado por las tribus del Sinaí.

Debido a la veneración de los sufíes a figuras que creen divinas, las ramas más extremistas y que se rigen por una interpretación estricta del islam, como el wahabismo o el yihadismo, acusan de politeístas a sus fieles, y por ello son perseguidos por los extremistas.

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El pasado 19 de noviembre de 2016 el grupo terrorista Wilaya Sina (Provinca del Sinaí, en árabe), la filial egipcia del EI, publicó un vídeo de la decapitación de un destacado líder sufí del Sinaí, Abu Haraz, que fue acusado por el grupo de «practicar la magia».

Asimismo, el 26 de julio de 2014 una mezquita sufí de la ciudad de Al Arish -capital de la provincia del Norte del Sinaí- fue atacada con seis lanzagranadas RPG, sin que hubiera víctimas. El Estado Islámico también ha actuado en el país del Nilo este último año contra otras confesiones que no siguen su doctrina, como es el caso de los cristianos coptos, que han sufrido una serie de atentados desde diciembre de 2016 en sus templos sagrados y en un autobús, cuando se dirigían a un monasterio, ataques que, en total, causaron casi un centenar de muertos.

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