Las diosas vírgenes

La respuesta es que sí las hay y son principalmente tres: Artemisa, Atenea y Hestia. La primera es diosa de la caza y de la luna; la segunda, de la sabiduría; y la tercera, del hogar

Apropósito de que en los próximos días se celebrará la novena de la Virgen María y la festividad de la Purísima —una alegre y bulliciosa mezcla de celebración religiosa y fiesta folclórica—, me pregunta un amigo si en la mitología griega hay diosas vírgenes.

La respuesta es que sí las hay y son principalmente tres: Artemisa, Atenea y Hestia. La primera es diosa de la caza y de la luna; la segunda, de la sabiduría; y la tercera, del hogar.

Artemisa es hermana de Apolo, hija de Zeus y Leto. Cuenta Robert Graves en el primer tomo de su obra Los Mitos Griegos, que cuando Artemisa tenía 3 años de edad, estando sentada sobre las rodillas de su padre este le preguntó qué quería que le regalara. “Quiero que me des la virginidad eterna”, respondió la pequeña divinidad. Zeus le concedió su deseo y además le dio muchos otros regalos que forman el conjunto de los atributos de Artemisa.

Feliz y contenta Artemisa dio las gracias al padre, saltó de sus rodillas y se fue a la montaña Leuco, en Creta, y después al mar. De ambos lugares escogió como sus acompañantes un grupo de ninfas, todas de 9 años, a las que hizo jurar que igual que ella tenían que conservarse vírgenes para siempre.

También Atenea es hija de Zeus, pero su madre es Metis, la diosa preolímpica de la sabiduría. Zeus supo que si tenía una hija con Metis esta tendría después un hijo varón que lo desalojaría del trono celestial. Para evitar que tal cosa ocurriera, cuando Metis salió embarazada Zeus la devoró de cuerpo entero.

Al cumplirse los nueve meses del embarazo de Metis, Zeus sintió un dolor insoportable en la cabeza que casi lo vuelve loco. Le pidió entonces a su hijo Hefesto que le diera un hachazo en la cabeza, para ver si de esa manera se le quitaba el dolor. Hefesto ejecutó la orden de su padre y de la cabeza de Zeus saltó Atenea, completamente formada y, como había sido concebida por Metis, fue desde entonces diosa de la sabiduría.

Según escribe Graves, Atenea (quien dio su nombre a Atenas después que regaló a la ciudad el árbol de olivo), “inventó la flauta, la trompeta, la olla de barro, el arado, el rastrillo, el yugo para bueyes, la brida de caballo, el carro de caballos y el barco”.

Atenea también es diosa de la guerra, pero le desagradan los combates y muchas veces interviene para tratar de solucionar los conflictos. Por eso nunca anda armada en tiempos de paz.

Por su parte Hestia (Vesta para los romanos) es la hija primogénita de Cronos, el dios del tiempo, y de Rea, la gran diosa madre. Por lo consiguiente Hestia es hermana de Zeus.

Igual que sus hermanos Hestia es devorada por Cronos, quien teme que sus hijos le puedan quitar el poder. Solo Zeus se salva porque su madre, Rea, da a Cronos una piedra envuelta en pañales en vez del recién nacido. Después le hace tomar un vomitivo y Cronos arroja por la boca a los hijos. Hestia, como primogénita, es la primera que sale del vientre del cruel progenitor.

Hestia no quiere sufrir lo mismo que su madre, por culpa del marido, y jura que nunca dejará de ser virgen. Hestia interviene en la disputa de los dioses por la supremacía en el Olimpo, a favor de Zeus, y este, en agradecimiento, la nombra diosa protectora de los hogares y le concede el honor de que la primera ofrenda anual en todos los sacrificios públicos sea dedicada a ella.

A Hestia se le atribuye haber enseñado a los mortales el arte de construir casas para que se protejan de las inclemencias del clima. También establece la costumbre de que en el centro de las casas se encienda un fuego (hogar, de hoguera) para que las familias se reúnan alrededor a contar sus historias, cocinar los alimentos y calentarse durante las noches frías.

Según la escritora estadounidense Jean Shinoda Bolen, doctora en Psiquiatría y Psicología, escritora y conferenciante internacional sobre temas de la mujer, las tres diosas vírgenes de la mitología griega “personifican los aspectos independientes, activos y autosuficientes de la psicología femenina”.

Ellas “representan impulsos internos en las mujeres para desarrollar talentos, ir en pos de intereses, resolver problemas, competir con los demás, expresarse de manera articulada con palabras o mediante formas artísticas, poner su entorno en orden o llevar vidas contemplativas…”, asegura la doctora Shinoda Bolen.

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