De Asturias a Ramírez

Esta realidad plasmada en la obra de los escritores, ha sentado ya las bases de una identidad literaria, compuesta por la poesía y la prosa subcontinental de cara a los reflectores de la literatura estadounidense y mundial

Debieron transcurrir cincuenta años, desde 1967, fecha en que el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias ganó el Premio Nobel de Literatura, para que otro autor centroamericano, el nicaragüense Sergio Ramírez, ganase otro premio de alto vuelo, esta vez tratándose del Premio Cervantes, el “Nobel” como se le conoce para Hispanoamérica, que tanto alentó a Jorge Luis Borges ante el olvido de los años en los que nunca recayó en él el afamado premio sueco.

A través de estos cincuenta años entre un Nobel y un Cervantes, mucha agua ha corrido en el proceso de la creación literaria, siendo Asturias el gran capitán de una tropa de nuevos prosistas que irrumpieron, primero con el llamado “boom” literario, y luego con sus propias obras, en las que bien puede calcarse un gran caleidoscopio de la realidad social, política, antropológica así como el tejido profuso, colosal, hiriente y enigmático de la condición humana latinoamericana.

Esta realidad plasmada en la obra de los escritores, ha sentado ya las bases de una identidad literaria, compuesta por la poesía y la prosa subcontinental de cara a los reflectores de la literatura estadounidense y mundial.

Con un total de 11 premios Nobel en lengua española, de los cuales seis corresponden a Latinoamérica: Mistral, Asturias, Neruda, García Márquez, Paz y Vargas Llosa (el primer candidato nicaragüense fue Salomón de la Selva, después hubo iniciativas sin seguimiento de promover a Pablo Antonio Cuadra y el propio Sergio Ramírez, años atrás, llevó a cabo algún cabildeo local e internacional para promover a Ernesto Cardenal, a inicios del 2000, partiendo dicha estrategia de la condecoración con la orden Rubén Darío de parte del presidente de la República, Enrique Bolaños, como se dio. Sin embargo este estaría vedado de recibirlo debido a que, cuando el papa Juan Pablo Segundo visitó Nicaragua en 1984, lo reprendió públicamente al descender del avión por sus vínculos con los sandinistas), el que ahora Ramírez obtenga el Cervantes, consolida el vigor de las letras centroamericanas, replanteando de hecho el destino de Nicaragua, que bien pasa ahora de ser una referencia folclórica donde “todos sus habitantes son poetas”, a una visualización más comedida y versátil de que esta es también una república de escritores.

En cuanto al tema de la vida política de Ramírez como vicepresidente del país al lado de los sandinistas, y de ser tan culpable de lo malo de la revolución, de toda la perversidad e infamia cometida, y honesto y eficiente de lo bueno que se hizo en ella, no se escapará jamás de ese juicio ante la historia, así haya roto con ellos, formado un partido y hacer política ahora desde las páginas de los periódicos de Iberoamérica donde publica sus columnas y sus declaraciones a la prensa, criticando el poder de Daniel Ortega y descubriéndose siempre como el gran articulista que como escritor, también lo es. A fin de cuentas, este es un tema que más a partir de ahora pasa a un segundo plano. Él mismo dijo en una ocasión, que la literatura lo salvaba de todo, y es posible que ahora le haya llegado, felizmente, ese momento.

Mientras la Academia Sueca no premiará nunca a Ernesto Cardenal por su choque contra la Iglesia católica, al Gobierno español ni al jurado le importaron esta vez las andanzas de Ramírez con sus antiguos camaradas. La literatura nicaragüense está de fiesta. ¡Felicidades Sergio!

El autor es escritor y periodista.

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