El día que Nicaragua venció a la superpotencia Cuba en beisbol

Hace 45 años, el 3 de diciembre de 1972, Nicaragua disputó ante casi 40 mil personas uno de los partidos más importantes en la historia del beisbol nacional: una victoria 2-0 ante la todopoderosa selección cubana

03/12/2017

El 2 de diciembre de 1972, Julio Juárez escuchaba en su vieja consola una canción de Los Tecolines, cuando un par de entrenadores de la Selección llegó a decirle: “Señor Juárez, usted va mañana contra Cuba”.

Juárez no dijo nada. La canción seguía sonando en la consola. Cuba era Cuba. Era el Everest de los pícheres amateurs y Juárez lo sabía. A él ya le había tocado enfrentar a la novena de los isleños, que varias veces lo sacó del montículo a palos, después de uno o dos innings pichados.

Además, era el equipo invicto del Vigésimo Mundial de Beisbol Amateur ese año. Llevaban 14 victorias y ninguna derrota. Ni siquiera Estados Unidos había podido meterle mano. Por si fuera poco, Cuba era, además, el país que le había propinado a Nicaragua la peor derrota que la selección de beisbol ha sufrido en la historia de los mundiales. Fue en 1961, una masacre de 16 carreras a 0 que al día de hoy, no se olvida.

El primera base del equipo, Calixto Vargas, no estaba de acuerdo con que le dijeran al pícher que le tocaría abrir ante el equipo más difícil una noche antes del juego, porque creyó que no podría dormir tranquilo.

Pero cuando la canción de Los Tecolines hubo terminado, Julio Juárez se fue a su cuarto, y con un rollo de papeles en la mano, se dispuso a estudiar a cada uno de los nueve bateadores a los que enfrentaría la mañana siguiente. En esas estaba cuando se quedó dormido. Vargas llegó a ver cómo estaba, pero el pícher dormía a pierna suelta.

Cuando se despertó ya era el 3 de diciembre de 1972. Pero aún era demasiado temprano para saber que él y toda la Selección pasarían a la historia.

“Terminá esto ya”

Julio Juárez, el pícher abridor que le ganó a la selección de Cuba el 3 de diciembre de 1972. LAPRENSA/Óscar Navarrete

Félix Isasi, en la segunda base, estaba ansioso por correr. Se alejaba de la base moviendo las piernas de un lado a otro, impaciente. Agustín Marquetti estaba adueñado de la tercera base, esperando un afortunado batazo del hombre al bate, Urbano González, para correr hacia el home. Isasi y él anotarían las carreras del empate. Solo había un out. El marcador estaba dos a cero. Había unas 40 mil almas en el Estadio General Somoza. Rezando, maldiciendo, suspirando, con un torozón en la garganta por lo que ocurría en el terreno.

Julio Juárez, el pícher, estaba en aprietos. En el bullpen, veía calentar a sus compañeros Sergio Lacayo y Antonio Herradora. De pronto, el cubano Argelio “La Bruja” Córdova, mánager de la selección de Nicaragua, se levantó del dugout dirigiéndose hasta el terreno para hablar con Juárez.

La tensión de aquel estadio explotó cuando Córdova pasó la línea blanca dibujada entre las bases y la multitud empezó a palmear y a gritar: “Juárez, Juárez, Juárez”, repetían. “Hasta aquí llegué”, se dijo para sí mismo Juárez.

—¿Cómo estás, guajiro? —preguntó Argelio, mientras le palmoteaba el hombro.

—Bueno, yo estoy bien… —contestó el pícher.

—La gente cree que yo vengo a sacarte aquí, pero no vengo a sacarte. Vengo a decirte que te apurés porque tengo una cita con una jeva y me estás atrasando. Terminá esto ya —le respondió La Bruja.

Quizás en ese momento en el que Argelio volvía al dugout y Juárez sostenía la bola McGregor 97 en sus manos, recordó las primeras veces que tuvo una pelota de beisbol en la mano. O lo más cercano a esta.

A media cuadra de su casa, en la esquina trasera de la iglesia de Guadalupe, a las 4:00 de la mañana pasaba el tractor que lo llevaba a los algodonales, donde trabajaba como cortador. El beisbol lo jugaba por la falta de juguetes. Jugaba frente a la iglesia que lo vio crecer, con pelotas de hule, calcetín o de lo que se pudiera.

Juárez no teme admitir su falta de formación académica. “Yo soy graduado en la universidad de la vida”, dice. Su vida ha sido el beisbol. Y si pudiera nacer otra vez, otra vez sería beisbolista.

El sabor de la victoria

Ernesto López, jardinero central de la Selección de Nicaragua. LA PRENSA/Alejandra González

El 2 de diciembre, los 24 miembros de la selección estaban en una quinta en Carretera a Masaya. La mayoría estaban tranquilos, pensando cómo iban a jugar ante Cuba.

En años anteriores ya se habían enfrentado a la selección de los isleños y el resultado era desastroso la gran mayor parte del tiempo. “18 a 2, 20 a 1. Aquello era tan desastroso que se pensaba que siempre que Nicaragua jugara contra Cuba, los resultados en el score iban a ser así”, cuenta Ernesto López, “El tiburón mayor” y jardinero central de la selección de 1972.

A pesar de los desastrosos resultados, en 1971, los nicas habían perdido ante Cuba solo 2-0. “Dijimos nosotros: bueno, vamos a buscar la forma de por lo menos repetir esa hazaña del 71 de no hacer un juego desastroso”, dice López.


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Esa noche, Julio Juárez ya sabía que le tocaría abrir ante la selección cubana. “¿Sabés qué hacía Juárez? Él era amigable, pero era reservado. Él se iba a su cuarto, se ponía a leer y a Juárez no lo ibas a encontrar en el pasillo o jugando con nosotros billar o ping pong. A Juárez lo ibas a encontrar meditando, analizando bateador por bateador. Fue una de las estrategias que usó”, dice López, de 65 años.

El día siguiente, el 3 de diciembre, después de despertarse, desayunaron gallopinto, huevos revueltos, jamón, fresco y frutas. El segunda base, Rafael Obando, no hallaba las horas de salir hacia el estadio. “Estábamos bien entrenados y conscientes a lo que íbamos. Nos decían: ‘Cuba es mejor equipo. Cuba tiene la obligación de ganar porque es el mejor. Pero no siempre gana el mejor, sino el que hace mejor las cosas dentro del terreno’”.

Calixto Vargas, primera base de la Selección Nacional en 1972. LA PRENSA/ Óscar Navarrete

Al Estadio Nacional General Somoza llegaron a eso de las 4:30 de la tarde. Ernesto López dice que seguramente había más gente fuera del estadio que dentro de este. Ahí no alcanzaba ni un alfiler.

El país estero estaba esperando el juego. Era el último del Mundial. Nicaragua había jugado 14 juegos y solo perdió dos: ante Estados Unidos y ante Japón. Cuba seguía invicto. Catorce juegos jugados, 14 juegos ganados.

“¡Arriba Pedro Selva! ¡Arriba Vicente López!”, se escuchaban las barras en el estadio. La narración del juego estuvo a cargo del legendario cronista Sucre Frech. A quien, en las transmisiones, muchas veces la multitud dejó callado con los gritos y aplausos que ensordecían.

Rafael Obando, el capitán y segunda base de la Selección Nacional de 1972. LA PRENSA/ Alejandra González

El partido empezó y la adrenalina estaba al máximo. En el primer inning Nicaragua anotó la primera carrera. El segunda base, Rafael “El Capi” Obando, era el primero al bate. Con dos bolas y dos strikes en la cuenta y pichando José Antonio Huelvas, El Capi conectó un roletazo por tercera base. El tercera base, Urbano González, interceptó la pelota e hizo un lanzamiento a la primera base. Pero el tiro iba demasiado alto y Agustín Marquetti, en la primera base, no pudo atraparla, por lo que Rafael Obando logró llegar a la segunda. La primera carrera ya estaba en circulación.


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El siguiente al bate era Carlos “Calín” Rosales, el jardinero derecho. Con un toque a la bola, que terminó agarrando el pícher, logró que Obando llegara hasta la tercera base. La carrera estaba en la antesala y era el turno del tercera base Valeriano Mairena. Pero un elevado hacia el jardín central puso la cuenta en dos outs.

Era el turno del legendario jardín izquierdo Pedro Selva. El público empezó a aplaudir rítmicamente. Después de una pequeña discusión de Pedro Selva con el umpire, dos bolas y un strike, Selva conectó un hit por el jardín central.

“¡Caaaaañonazo Victoria para Pedro Selva!, impulsando la primera carrera para el equipo de Nicaragua”, se escucha en la transmisión de Frech, cuya ronca voz a duras penas se impone entre los gritos, aplausos y silbidos de festejos de la multitud.

El cuarto inning

Nicaragua aún no podía confiarse. Julio Juárez, el pícher, sabía que ganaba por lo menos con dos carreras de diferencia. Llevaban una.

Estaban en el cuarto inning. Una fila de cuatro ceros se divisan a lo lejos en el marcador del equipo de Cuba. La selección isleña no ha sido blanqueada desde 1944. Durante 28 años, nunca había terminado con un cero en la pizarra.

Pedro Selva está al bate. Después de abanicar para strike, como siempre acostumbra, pide tiempo al umpire y se retira de la caja de home. Escarba con el pie derecho y eso hace que el pícher se impaciente. Pega un roletazo y hace el primer out del inning. Calixto Vargas, el primera base y siguiente en el turno al bate, también hace out. Van dos.

El siguiente turno es para Vicente López. César Jarquín, el campocorto, lo mira desde el dugout. Se conocen desde niños porque son del mismo pueblo, San Isidro, Matagalpa.

Cuando pequeños jugaban con pelotas que ellos mismos hacían. Agarraban una piedra y la envolvían en trapos. La amarraban con cabuya o manila y la bola estaba lista. Arrancaban ramas de los árboles de tigüilote o de cualquier árbol del que pudieran sacar un bate liviano.

Vicente López era de una comarca llamada Quebrada Seca. A Jarquín, que vivía en el pueblo, el estadio le quedaba a dos cuadras de la casa. Pero Vicente, cuando quería jugar, tenía que portarse bien para ganarse el permiso de llegar a caballo al pueblo para disputar un juego.

Vicente López (al bate), justo después de batear una curva del pítcher cubano. Fue un jonrón de 350 pies en el cuarto inning del juego. LA PRENSA/ Reproducción

César Jarquín aún lo recuerda bien. Y también recuerda perfectamente el cañonazo que pegó en el cuarto inning, con dos outs en la pizarra.

El primer lanzamiento es un foul a la malla. Sucre Frech narra mientras lee las publicidades de jabón Marfil a toda velocidad. También anuncia que arriba, en el palco presidencial, se encuentra “el jefe supremo de las Fuerzas Armadas de Nicaragua, el general Anastasio Somoza Debayle, acompañado de su digna señora esposa, doña Hope Portocarrero”, repite Frech en el micrófono.

El jardinero izquierdo cubano, Armando Capiró, buscando la pelota bateada por Vicente López, que se fue de jonrón. LA PRENSA/ Reproducción

“Dos bolas, dos strikes, dos outs. Preparado el pícher aquí viene y…”. La transmisión se pierde durante unos segundos en el ruido de la gente y las trompetas. “Semejante batazo de Vicente López se llevó la cerca del leftfield. Un batazo de casi 400 pies. Nosotros nos tuvimos que callar después de que la bola cruzó la barda, porque el griterío ensordecedor del público no nos dejaba hablar. Nicaragua derrotando a Cuba dos a cero”, narraba Frech.

El último out

César Jarquín, el campocorto de la Selección Nacional, fue el encargado de ejecutar el último out del encuentro. LA PRENSA/ Óscar Navarrete

Isasi seguía impaciente en la segunda base. Se alejaba cada vez más de la segunda. Julio Juárez hizo el lanzamiento y Urbano González conectó una línea por el campocorto, y César Jarquín se apresuró a buscarla. “No fue un batazo difícil, no fue muy incómodo, pero tampoco era tan fácil”, cuenta César Jarquín, el campocorto, desde su casa en la Colonia Nicarao, Managua.

Jarquín agarró la bola y Félix Isasi ya había corrido lo suficientemente lejos de la base. Rafael Obando, que cubría la segunda base, le pidió la bola a Jarquín para hacer el último out. “Yo me voy tranquilo a pisar la segunda y Rafael diciéndome: Dámela, dámela’. No. Esta bola es mía, esta bola no te pertenece”, le contestó Jarquín, quien pasó a la historia por ser el autor del último out del encuentro.

La gente en el estadio saltó al terreno, eufórica. La selección lo había logrado. Aquel coliseo se quedó pequeño. De hecho, detrás del jardín central, se parquearon camiones en fila con las personas que ya no pudieron entrar a las gradas. La gente se subía a los techos y barandas de los vehículos para ver, aunque fuera de largo, el juego.


Después del último out, la multitud saltó al terreno de juego para abrazar y cargar a los jugadores. LA PRENSA/ Reproducción

Uno de esos camiones tuvo que haber sido de San Isidro, Matagalpa. Por ley. El pueblo tenía dos jugadores en la selección: el cácher Vicente López (q.e.p.d.) y el campocorto César Jarquín.

Jarquín, en San Isidro, jugaba descalzo y en la calle. Vendía, lustraba zapatos, acarreaba leña, cortaba algodón y café. “Fue una infancia muy difícil, pero bien bonita porque cuando yo recuerdo eso y la bendición de Dios de haber visitado tantos países, fue una compensación del beisbol y de la vida”, dice Jarquín, ahora de 72 años. La primera vez que usó un par de zapatos fue a los 15 años. Y lo hizo porque se encontró una cadena de oro en la calle, le dijo a una prima que se la vendiera en Managua y le comprara un par de zapatos con el dinero que le dieran. Los primeros días los zapatos le chimaban y tenía que usar vendas en los dedos.

Cuando tuvo aquella McGregor 97 en sus manos, la bola oficial del Mundial, supo que lo había logrado. El beisbol había compensado todo lo duro que le había tocado vivir.

Después del último out, una multitud corrió donde cada uno de los jugadores y los levantaron en brazos. Juárez era alabado como un héroe. Jarquín, cuidadoso de que la gente no le arrancara el guante y la pelota que guardaría hasta el día de hoy.
Calixto Vargas y Valeriano Mairena corrieron a abrazar a Julio Juárez en el montículo.

El primera base Calixto Vargas y el tercera base, Valeriano Mairena, acuden a felicitar al pícher Julio Juárez, después del último out del partido. LAPRENSA/Reproducción

“Cuando sale el batazo por el shortstop y Jarquín coge la bola, nosotros nos sentíamos como que habíamos ganado la Serie Mundial. Ganarle a Cuba no era fácil. Esto es algo que pasó como magia. Todos estuvimos involucrados ese día. Independientemente del resultado, fue un gran regalo que le dimos a la fanaticada nicaragüense”, dice emocionado Ernesto López.

Lloraban. Gritaban. Se abrazaban. Todos los jugadores debieron ir al dugout después de la celebración, porque el ambiente era peligroso. La multitud aún corría eufórica por el terreno.

Ahí estuvieron reunidos por lo menos unas tres horas, hablando sobre el juego, sobre lo que habían logrado. Se abrazaban y lloraban una y otra vez.

Esa misma noche Somoza mandó a llamar a Julio Juárez al palco presidencial. Ahí lo felicitó. Todo quedó grabado en una histórica fotografía de Juárez, Somoza y su esposa Hope Portocarrero.

Julio Juárez (al centro), con Anastasio Somoza y Hope Portocarrero. LA PRENSA/ Reproducción

Al día siguiente, a los jugadores los invitaban las casas comerciales, tiendas de electrodomésticos, tiendas de ropa y les daban obsequios por lo que habían logrado. Anastasio Somoza invitó a la selección a la Hacienda El Retiro, donde los recibió con comida y, según Ernesto López, con un sobre con mil córdobas dentro. “Le gané a Fidel”, dijo Somoza, según recuerda el segunda base Rafael Obando.

A todos les prometieron cielo y tierra. Casas, ropa, muebles, trabajos como entrenadores. Pero todas las promesas se destruyeron con el terremoto del 23 de diciembre de 1972. Y luego, con la muerte de Roberto Clemente, el 31 de diciembre del mismo año. Todos fueron olvidados.

El 3 de diciembre inolvidable

21 de los jugadores de la Selección Nacional de 1972. LA PRENSA/Reproducción

Julio Juárez no se dio cuenta de lo que había logrado el mismo 3 de diciembre del 72. No. Fue algunas semanas después. Alguien le regaló un cassette con la grabación del juego y se fue donde un buen amigo de él a escucharlo. Fue ahí cuando llegó el final, el último out, que se atacó a llorar como un niño, pensando en la victoria de la selección ante el verdugo que siempre los había humillado. En las calles, a Juárez todavía lo saludan y se refieren a él como “el que dominó a los cubanos”.

Ernesto López cada año mira la repetición del juego y trata de buscarse entre la multitud para verse. Siempre le da nostalgia recordar aquella fecha y aquel juego.

Julio Juárez, el pícher, cargado por los fanáticos al finalizar el luego. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN

César Jarquín solo piensa en el juego. Y no sabe cómo describir lo que sintió después de aquella victoria. Dice que ganarle a Cuba es como que un equipo centroamericano le gane al Barcelona o a los Yankees. “Ayer, hoy, mañana y siempre, Cuba va a ser un equipo difícil. Ese 3 de diciembre no se olvida. Y ojalá el último día de mi vida sea 3 de diciembre”, sentencia el autor del último out.

Cita: “Comienza la gritería aquí. Todo el público está aplaudiendo ahora. Esto es extraordinario, un espectáculo inolvidable. El estadio repleto, repleto, ha rebasado su capacidad”, Sucre Frech, legendario cronista deportivo, durante el primer inning del juego.

Los line ups

Cuba:

1. Pícher: José Antonio Huelvas
2. Cácher: Lázaro Pérez
3. Primera base: Agustín Marquetti
4. Segunda base: Félix Isasi
5. Tercera base: Urbano González
6. Campocorto: Rodolfo Puente
7. Jardín derecho: Wilfredo Sánchez
8. Jardín Central: Fermín Laffita
9. Jardín Izquierdo: Armando Capiró

Nicaragua:

1. Pícher: Julio Juárez
2. Cácher: Vicente López (q.e.p.d.)
3. Primera base: Calixto Vargas
4. Segunda base: Rafael Obando
5. Tercera base: Valeriano Mairena
6. Campocorto: César Jarquín
7. Jardín derecho: Carlos Rosales
8. Jardín Central: Ernesto López
9. Jardín Izquierdo: Pedro Selva (q.e.p.d.)

La peor derrota ante Cuba

En la historia de la selección nacional de beisbol en los mundiales, la peor derrota que ha sufrido un equipo nicaragüense ha sido ante Cuba. El miércoles 12 de abril de 1961, el equipo isleño blanqueó a los nicas con un 16-0.

Fue en el Parque Escarré, en San José, Costa Rica. “Un estadio con capacidad para 10 mil personas”, detalla un reportaje de la Revista Magazine.

Después de la derrota, durante el XX Campeonato mundial de beisbol Amateur, la selección perdió ante Aruba y fueron los últimos en el campeonato. La cruel crónica deportiva puso titulares como: “Waterloo del beisbol nica fue en San José”.

Sin embargo, 11 años después, el entonces joven cronista deportivo Edgard Tijerino, publicó como titular de aquella victoria 2-0: “Para Cuba llegó su Waterloo”.

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Comentarios

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  • El Leones

    Tremendo juego. De hecho, yo asistí a todos los juegos del torneo jugados en Managua. No tuve problema en conseguir boleto de entrada, pero para este juego cuando llegue a la taquilla ya no habian boletos por lo que tuve que comprarlo a revendedores. Una revelación de ese año fue un jovencísimo pitcher de Granada llamado Denis Martínez integrante de esta selección el cual lanzó contra Puerto Rico, Japón, Costa Rica y de relevo contra los Estados Unidos.

  • Roger Mejia

    Hay y un libro de Tijerino que habla de las 10 victorias Nicas sobre Cuba, esta es la mas famosa, pero la mas dificil fue en Colombia 1976…ya con bate de Aluminio y Bateador designado, Altair año los Blanqueo 5 a 0…

  • Edwing Salvatore Obando

    No había nacido para entonces, pero leer saca lágrimas. Gracias por la crónica emotiva y recordar a estros héroes deportivos. A mucho orgullo, soy sobrino de Rafael Capi Obando

  • Jose

    Gracias a Dios, tuve la dicha junto a mi familia de ver ese juego desde los asientos al frente de la primera base, no recuerdo si se llamaba home plate o sombra. Lo disfruté y de que manera ! Inolvidable. Un saludo a ese tremendo equipo y en donde quiera que estén,que Dios les Bendiga.

  • Joel Siria

    Gracias a Dios que nos permitió vivir y disfrutar esos inolvidables momentos. Benditos y Bendiciones a todos esos Jugadores que hicieron Posible, lo Imposible con Garra y Carácter. Con Destreza. Con Coraje. Usaron Apropiadamente Los Talentos con los Que Jehova’ Dios los Premió’.

  • Mauricio Davila Wills

    Lo mas grande de Nicaragua Amiga ’72:

    Julio Juarez, Angel Davila (contra el Puerto Rico de Roberto Clemente), Vicente Lopez, Julio Cuarezmita, Pedro Selva, Ernesto Lopez, Cesar Jarquin, Rafael “Capi” Obando, Pedro Selva, Valeriano Mairena, Antonio Herradora, Calixto Vargas, y si se me olvida alguien mas: “perdon les suplico”.

    !!!!Todos Inolvidables, Imposibles de Olvidar y Carísimos!!!!……

  • Mauricio Davila Wills

    Lo recuerdo muy bien a tu padre. Julio Molina ha sido uno de las leyendas del Chinandega y Nicaragua, y a sido quizas el jugador que mejor y velozmente corria las bases en aquel entonces, que hasta el mismo Sucre decia: “Molina dobla primera va para segunda, dobla segunda sigue para tercera, Dios mio, va volando, va volando…”.

    !!!!Molina, Carisimo!!!!……

    Saludes.


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