Incoherente oposición de Nicaragua

En Nicaragua se ha conformado una oposición sui generis. Aplastadas las protestas por el fraude electoral de 2008 con centenares de heridos y unos muertos.

Ejército de Nicaragua

En Nicaragua se ha conformado una oposición sui generis. Aplastadas las protestas por el fraude electoral de 2008 con saldo de centenares de heridos y algunos muertos, la oposición decide participar en las elecciones de 2011, en circunstancias donde el FSLN ya tenía el control total del sistema electoral. En ese contexto no se produjo desde el inicio del proceso electoral, la observación integrada por la Organización de Estados Americanos (OEA) y una Misión de la Unión Europea, y nadie se atrevió a descalificarlos por su presencia tardía.

No obstante, ello no invalidó las conclusiones de sus informes que recogieron las denuncias de arbitrariedades formuladas por la oposición, ni fue un obstáculo para constatar la falta de imparcialidad y neutralidad del organismo rector de los procesos electorales en Nicaragua.

En ese entonces, la oposición se encontraba unida —¿contaba con capacidad de convocatoria?—, mas fue incapaz de movilizar al pueblo para evitar el control del poder electoral del FSLN. Su respuesta se redujo a una tímida campaña de denuncia.

Actualmente, algunos mantienen una campaña peyorativa contra la Misión de la OEA, soslayando que fue esta Misión encabezada por Dante Caputo, la que validó las denuncias sobre las irregularidades que se cometieron en 2011, cuando afirmó que le “habían tapado el radar”. Pero, en lugar de convertir las denuncias de la OEA, en banderas de lucha, la oposición las desatendió. Tampoco, convirtió en banderas de lucha los fuertes señalamientos de la Misión de la Unión Europea en el informe que resaltó la falta de condiciones de transparencia de esas elecciones, así como la falta de neutralidad e imparcialidad del CSE.

El fraude se dejaba entrever al adjudicarse el partido oficialista más votos para diputados que los obtenidos por el candidato, asignándose una mayor cantidad de curules de los que le correspondía.

Más bien, actuando incoherentemente con los señalamientos de irregularidades constatadas por la OEA y la UE, la oposición nicaragüense —MRS, liberales, conservadores, etc.— paradójicamente deciden aceptar los curules, producto de tan cuestionado proceso electoral, bajo la excusa que realizarían una labor de “denuncia de la corrupción del régimen”.

Posteriormente, al aproximarse las elecciones de 2016, dispuestos a participar —MRS, liberales, conservadores, etc.— adjudican los primeros lugares de candidatos a diputados, cuando se vino el golpe del despojo de la personería jurídica al partido legalmente reconocido, surgiendo desavenencias sobre la ampliación de la alianza, separándose un sector de ascendencia sandinista, que considera tener el suficiente reconocimiento como opositores y deciden crear unas nuevas siglas.

Seguidamente, los secesionista, que buscan reinsertarse en el sistema mediante el reintegro de su personería jurídica, proponen un diálogo nacional que involucraría a todos los sectores que participaron en el encuentro con Almagro, es decir, una concertación con el régimen dinástico, bajo el subterfugio de que el país se encontraba “paralizado por la crisis de legitimidad” después de las elecciones 2016.

Es intolerable que ciertos sectores políticos opositores, cuyo comportamiento ambivalente ante la dictadura —al demandar todo de ella cuando la aceptan, o la rechazan rotundamente si los excluye—, pretendan usar de chivo expiatorio a la OEA y Almagro, cuando han sido sus incoherentes actitudes políticas las que han consolidado a la dinastía.
Condenan la dictadura dinástica, mas es un escenario al que aspiran penetrar y medrar.

El autor es Exmiembro de la Comisión Política del Frente Sur de la RN.