Deporte y poder político

Es la primera vez que estas competencias se realizan en Nicaragua, para las cuales fueron construidas infraestructuras deportivas de primer nivel

Róger Mendieta, FSLN

Desde el domingo 3 de diciembre se están desarrollando los XI Juegos Deportivos Centroamericanos.

Es la primera vez que estas competencias se realizan en Nicaragua, para las cuales fueron construidas infraestructuras deportivas de primer nivel, con una inversión estimada en cien millones de dólares. Uno de los grandes retos del Gobierno y la ciudadanía, después de los juegos, será proporcionar a esas costosas instalaciones el mantenimiento debido, para que se puedan seguir usando, que no se deterioren y la inversión termine perdiéndose como ha ocurrido en otros países incluso de mayor desarrollo que Nicaragua.

Pero el reto principal de ahora mismo es el de los atletas nicaragüenses que participan en las competencias centroamericanas. Siempre la competición es un gran desafío para los deportistas que tratan de dar lo mejor que puedan y conquistar más medallas y gloria, para ellos y su país. Pero el hecho de que Nicaragua sea sede de estos juegos obliga a los deportistas a hacer un esfuerzo extra, para colocarse honrosamente en el mejor lugar posible de los medalleros.

Desde que en la antigua Roma fue establecida la política de pan y circo, o sea darle a las masas una mínima satisfacción material y entretenimiento público para mantenerlas contentas y sumisas, se ha dicho que el deporte es un elemento alienante en manos de los tiranos. Así ha quedado demostrado en los sistemas totalitarios de poder político.

Sin embargo, también existe el criterio de que el deporte es bueno para la democracia y, al revés, que la democracia le hace bien al deporte. Saber perder con dignidad y ganar con respeto a los vencidos en una práctica del juego limpio, enaltece a los deportistas y crea conciencia democrática en ellos mismos y en la sociedad. El deporte, cuando se practica limpiamente, es meritocracia y del mismo modo es por mérito que se debe ganar la competencia política para gobernar con autoridad política y moral, no por medio del fraude, la corrupción, la arbitrariedad y la fuerza.

Lamentablemente, el deporte muchas veces es manipulado con fines políticos, en particular por gobiernos dictatoriales como el que hay en Nicaragua actualmente. Si hasta el culto religioso a la Virgen María el régimen orteguista pretendió manipularlo y convertirlo en patrimonio del Estado, no puede sorprender que utilice el deporte para su conveniencia política.

Por eso fue que en la inauguración de los Juegos Centroamericanos, el domingo pasado, solo se permitió la asistencia de adeptos al partido oficialista cuidadosamente escogidos, e invitados especiales del Gobierno. Eso mismo ocurrió cuando fue estrenado el nuevo Estadio de Beisbol que lleva el nombre de Dennis Martínez.

Es evidente que Daniel Ortega teme que ocurra en su presencia lo que ocurrió el 28 de octubre de 1966, en la inauguración la XI Liga de Beisbol Profesional, cuando ante una multitud reunida en el Estadio Nacional General Somoza varios miembros del FSLN saltaron al terreno de juego, desplegando una enorme manta que en grandes letras lucía la consigna: ¡No más Somoza!

Ahora podría ser que de repente en un evento público multitudinario salten al terreno otros jóvenes desplegando la consigna: ¡No más Ortega en el poder!