Honduras arde… y ahora qué

Qué culpa tienen los trabajadores de la Zona Franca de Nicaragua de ser saqueados, cuyas empresas exportan lo que con el sudor de su frente producen

León Viejo

Cientos de negocios ardieron en Honduras y hubo gente, como el pequeño empresario Harry Hensen Pérez, quien en un video que se volvió viral del diario La Prensa de San Pedro de Sula, derramó lágrimas cuando fue filmado al entrar en su negocio y ver su tienda “The Cool Fashion”, totalmente saqueada y exclamó: “Lo único que nos dejaron de lo que con años de sacrificio habíamos construido, son las deudas con los bancos”.

Pero lo más noble y cristiano que hizo, fue que en lugar de maldecir a los que le robaron y le destruyeron su tienda, en un acto de misericordia que pocos harían, con una Biblia en la mano los perdonó, quizás porque, como dijo Jesucristo, ellos no sabían lo que hacían. El video de La Prensa de Honduras es ejemplificante y devastador a la vez.

¿Qué hizo mal, el emprendedor ciudadano hondureño Harry Hensen Pérez, para que le robaran toda su mercancía y le destruyeran su tienda con tanta saña?

Otro amigo de San Pedro de Sula que conozco muy bien y que me está leyendo, pero no diré su nombre porque las turbas podrían regresar a su tienda, “por olvido o distracción”, tuvo mejor suerte: sus tres tiendas en tres centros comerciales diferentes resultaron ilesas mientras otras, a su lado, fueron arrasadas e incendiadas como las hordas de Atila.

Las turbas se “esmeraron” en las tiendas de ropa y electrodomésticos, quemaron totalmente DIUNSA en San Pedro de Sula y el Centro Comercial Las Américas en Choloma, pero eso no es nada, el candidato de la izquierda Salvador Nasralla (Alianza de Oposición) declaró en televisión con orgullo insólito, “que las protestas seguirán por años hasta que Honduras deje de existir como país”.

Es decir, lejos de llamar a la calma a sus partidarios, o a los oportunistas que aprovecharon el momento para robar, saquear, quemar negocios y dejar en la calle a gente trabajadora, que se ha ganado todo lo que tiene con el sudor de su frente, pronostica, incita y vaticina, el caos permanente: hasta que él sea reconocido como presidente.

Los trabajadores de la Zona Franca de Nicaragua también fueron afectados, cuando tres furgones llenos de prendas de vestir que iban de Nicaragua a Puerto Cortés, fueron saqueados por las turbas que protestaban por el “fraude” cometido contra Salvador Nasralla.

Qué culpa tienen los trabajadores de la Zona Franca de Nicaragua de ser saqueados, cuyas empresas exportan lo que con el sudor de su frente producen, por el mejor puerto del Atlántico de Centroamérica, que es Puerto Cortés.

Un título de un artículo de Mary Anastasia O’ Grady, columnista del prestigioso diario norteamericano The Wall Street Journal, lo resume en seis palabras: “La izquierda prende fuego a Honduras” (The Left sets Honduras on Fire), y tiene un argumento contundente contra el alegado fraude: ¿cómo es posible que en una elección tan observada como esta, pueda darse un fraude y que nadie se dé cuenta ni pueda demostrarlo, fuera de toda duda?

Como mi padre, yo también me pronuncio en contra de la reelección presidencial, tal como lo afirmé en el artículo del miércoles pasado y reafirmo hoy. Pero una vez que el sistema donde se desarrolla la elección, lo haya permitido de hecho, aunque esté prohibido de derecho, como en Honduras, lo que cuenta son los votos del pueblo, siempre y cuando, no haya un fraude evidente a la vista de los observadores y la comunidad internacional.

Según el último conteo público, realizado en presencia de observadores internacionales de la OEA, la Unión Europea y los medios de comunicación, el Tribunal Supremo Electoral de Honduras, luego de haber contado las 1,006 actas que presentaban inconsistencias, indica que el candidato del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández, obtuvo 1,411,888 votos y el candidato de Alianza Opositora Salvador Nasralla, 1,359,286 votos, es decir, 52,602 votos menos.

Quedan 22 días conforme la ley hondureña para que los partidos hagan sus debidas impugnaciones. Pero la impugnación más importante que hay que hacer, universalmente, es contra el uso de la violencia indiscriminada para lograr propósitos oscuros, aún a costa de hundir en el caos y la anarquía, a toda una nación próspera y hermana como Honduras.

Los perdedores serán derrotados al final, por sus propias acciones.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.