La religión, el poder y la política

En estas circunstancias —y al celebrarse hoy 8 de diciembre la magna festividad religiosa de la Virgen María— es oportuno recordar las reflexiones profundas de Pablo Antonio Cuadra

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La comunidad católica de Nicaragua se tranquilizó, al conocerse que el Gobierno había desistido de su maligna intención de estatizar me el culto religioso de la Virgen María, mediante una ley que lo declararía patrimonio cultural e histórico de la nación.

Pero no hay que confiarse. Los totalitarios de mentalidad y proyecto político son empecinados, no cejan en sus propósitos malévolos por mucho que les cueste, hasta que los consiguen, a veces dando un paso atrás para luego dar dos hacia adelante, como dijera su maestro Vladímir Ilich Lenin.

En estas circunstancias —y al celebrarse hoy 8 de diciembre la magna festividad religiosa de la Virgen María— es oportuno recordar las reflexiones profundas de Pablo Antonio Cuadra (PAC) sobre las relaciones de la religión, y sobre todo del cristianismo, con la política.

“La relación Iglesia-Política” —escribió PAC en un ensayo titulado La paradoja de Cristo ante la política—, “es una relación paradojal. Es paradojal porque Jesús renuncia a convertir su misión mesiánica en misión política, pero a través de esa renuncia va al corazón mismo de lo político, revolucionándolo”.

Agrega PAC que “Jesús jamás permitió que se le confundiera con un líder político; ni aceptó que se le proclamara rey o caudillo; ni aceptó, sino que destruyó, el mito judío del Mesías-liberador-político de Israel”.

“Si embargo —sigue diciendo Pablo Antonio Cuadra, quien el próximo 2 de enero cumplirá 16 años de fallecido—, cuando analizamos el proceso de su muerte, nos encontramos que las fuerzas que se confabulan contra Él hasta matarlo, son todas políticas: la política teocrática de los fariseos (el Poder transformado en religión); la política populista de los saduceos (el Poder aferrado a los privilegios); la política legalista de los escribas (el Poder apegado a la letra y no al espíritu del derecho); la política de los herodianos (la corrupción y venalidad del Poder bajo apariencia de dignidad e independencia); la política imperialista de Roma (el Poder-potencia); y la política rebelde y guerrillera de los zelotes (la rebelión contra el Poder establecido). Todos esos poderes consideran a Jesús enemigo”, señala PAC.

“Al Poder que olvida que la política es una relación (una relación de fraternidad humana), Cristo le recuerda la preeminencia de los pobres y la primacía de la liberación de los oprimidos. Al Poder que proclama la política como totalidad (es decir, al absolutismo o totalitarismo en todas sus formas partidarias o estatales), Cristo opone la proclamación de la dignidad suprema del hombre hijo de Dios”, reflexiona el eminente y bien recordado intelectual nicaragüense.

Las reflexiones de PAC no dejan lugar para confundirse ni dejarse engañar. Como si estuviera vivo y observando la intención totalitaria de politizar el culto sagrado de la Virgen María, Pablo Antonio Cuadra advierte con certeza que “la política no puede divinizarse, el poder político no puede invadir ni interferir la esfera de Dios en el hombre”.

Lo que es de Dios no puede desbordarse sobre el terreno del César ni el César puede invadir la libertad ni conculcar la justicia, sostiene PAC. Y concluye con la sentencia de que: “Cristo traza al cristiano una obligación: con el hombre. Y una libertad: con la política”.