Isla de los recovecos

Pero a veces, cuando la luna está en su apogeo, extrañamente sueña con aquella cueva y ve como aquel inmenso ser y la cueva entera son devorados por ella retornando a lo imaginario

LA PRENSA/THINKSTOCK

Desde la llegada a la isla de los recovecos del pensamiento, y el calor abrasador Sandra se había sumido en un estado de seminconsciencia, tal que pasaba todo el día aletargada en una silla de juncos, sintiendo que la vida se le escapaba en cada gota de su pensamiento y de sudor que chorreaba por su piel. Pero eso no le interesaba, le fascinaba trasladar su pensamiento al futuro.

Al final del día, en su recorrido por los recovecos de su pensamiento inveteradamente le inundaba un airecito fresco, entonces como el ave fénix y escapando de aquella prisión corría a la piscina.

Ahí se deshacía del resto de trapos que le ahogaban, entonces se zambullía, cobijándole un enjambre voluptuoso lleno de mucha sensación de placer y frescor. Pero ese día por la noche como las anteriores, pasó mucho rato meciéndome entre las olas de su manantial de ideas y pensamientos, y sin darse cuenta se alejó más de lo acostumbrado y de pronto se encontró frente a unos islotes hasta ahora desconocidos. Eran apenas un montón de rocas pero a la luz de la luna le parecieron extrañamente misteriosos, más aún cuando vio que emanaban una especie de vapor azulado y celeste. Llevada por la curiosidad caminó entre las rocas… La superficie lisa y mojada del islote, sus pies dificultaban el andar, más aún cuando a ratos se encontraba con algunas puntas filosas que amenazaban con cortarle la piel. Pero, aun así continuó hasta la entrada de una especie de cueva; asustaba un poco la idea de adentrarse en aquel lugar y ya estaba por volver sobre sus pasos, cuando vio que por una pequeña abertura lateral salía más de ese humo azulado. Asustada quiso salir de allí, pero con asombro vio que la abertura de la cueva se cerraba abruptamente y la dejaba en la total oscuridad, sin saber qué hacer y temblando de miedo golpeó su pensamiento perdiendo la conciencia imaginaria del momento. Cuando despertó se encontró tirada entre unas rocas bañada en una especie de líquido viscoso y no había ni rastros de la dichosa cueva ni de aquella especie de colina que la sustenta.

Aun temblando de miedo, se arrastró como pudo hacia la orilla de la piscina. En los días que siguieron prestó mucha atención a los lugareños a ver si escuchaba algo sobre la dichosa cueva, pero nada llegó a su oído. Llena de dudas y curiosidad, regresó a la ciudad y se insertó de nuevo en la vida cotidiana. Pero a veces, cuando la luna está en su apogeo, extrañamente sueña con aquella cueva y ve como aquel inmenso ser y la cueva entera son devorados por ella retornando a lo imaginario.

Pero un día Sandra mansamente se sentó en su silla de juncos y cavilando furtivamente entre los pasillos de su mente, se dijo: “Que estupendo sueño tuve y si así fuese la realidad de todas maneras me gustaría ser de esa realidad, pero así lo tomo y dejo dentro de mí esa inmensa realidad subjetiva que es objetiva a saber en qué lugar del planeta tierra u otro lugar, pero la verdad es que yo viví dicha realidad que me satisface mucho. Bueno mañana es otro día con su afán”, finalizó Sandra meditando dentro de la inmensidad de su pensamiento.

Buenos días, buenas tardes y buenas noches… y las carcajadas de ella deambulaban en los pasillos y recovecos de su mente… y se contestaba a la vez que el mejor gobierno es el del pensamiento, porque ahí convergen todas y cada una de las ideas que se dan en la realidad o imaginación.