El derecho a sospechar

Hoy Honduras se debate entre la incertidumbre y el desasosiego por culpa de las ambiciones políticas de todos, no solo de los conservadores en el poder sino también de los izquierdosos

alcaraván, Aniceto,

Querida Nicaragua: Después de ver lo que hemos visto en más de medio siglo de jugarretas políticas en toda la América Latina tenemos derecho a sospechar, a no seguirle dando el beneficio de la duda a nadie de la izquierda radical, entendiendo esta por la izquierda chavista, madurista, castrista, danielista, evomoralista, correísta y algunos más. Lo de Honduras parece ir por ese mismo camino pues tras la figura popular de Nasralla aparece siempre la sombra tenebrosa de Mel Zelaya, el famoso expresidente hondureño que quiso dar un golpe de Estado a la propia Constitución y le salió al frente el ejército hondureño impidiendo el golpe.

Como la historia es la historia y la escriben como quieren los camaradas, resulta que en lugar de acusar de golpista a Zelaya se acusó a Micheletti, quien tomó el poder e hizo un excelente gobierno, salvando a Honduras de la inminente caída al socialismo del siglo XXI. Recuérdese cómo quisieron aterrizar en Tegucigalpa desde Chávez hasta doña Cristina Fernández, misión que les resultó imposible. Esa vez no pudieron pero lo siguen intentando.

Por supuesto que la derecha hondureña manejada por don Juan Orlando Hernández no está exenta de culpa en los últimos acontecimientos que tienen a Honduras en una peligrosa encrucijada. Siempre la insaciable ambición de gran parte de los líderes supuestamente demócratas que llegan al poder y buscan como atornillarse al trono presidencial para seguir gobernando al terminar sus períodos. Y lo hacen con premeditación, alevosía y ventaja, tal como lo quiso hacer don Juan Orlando.

Honduras tenía en su Constitución el artículo 239 que prohibía la reelección y mandaba que los presidentes gobernaran un solo período, no más. Así gobernaron el ingeniero José Ascona, el doctor Carlos Roberto Reyna y otros buenos mandatarios. Pero resulta que siendo presidente del Congreso Nacional don Juan Orlando nombró a tres magistrados amigos suyos y una vez llegando al poder empezó a trabajar la idea de suprimir de la Constitución el artículo 239, argumentando lo que había hecho en Costa Rica el expresidente Oscar Arias, quien denunció ante las autoridades de su país la violación de sus derechos humanos al no permitirle presentarse de nuevo como candidato a la presidencia de la República. Arias ganó la demanda, fue candidato y otra vez presidente de la nación.

De cualquier otro país podía haber esperado algo como esto, menos de Costa Rica donde la alternabilidad en el poder ha sido durante años una norma de conducta envidiable que ha traído la paz y el progreso a la nación.

Hoy Honduras se debate entre la incertidumbre y el desasosiego por culpa de las ambiciones políticas de todos, no solo de los conservadores en el poder sino también de los izquierdosos que han estado esperando el momento de prometerle al pueblo todo lo que en el pasado le ha sido negado, y no es arriesgado pensar que hay manos extrañas metidas en Honduras ayudando a la izquierda para que dé el zarpazo final. Menos mal que los pueblos están viendo a todo color lo que pasa en Venezuela, los niños muriendo en los hospitales por falta de medicamentos, los supermercados vacíos y las colas enormes para conseguir el alimento básico para la familia. El país más rico de América convertido en una ruina por obra y gracia de las ambiciones desmedidas de los camaradas.

Fíjese bien Honduras y abra los ojos sobre lo que ocurre en Cuba, en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, en Nicaragua. Los demócratas somos ingenuos y egoístas, los camaradas son astutos como víboras y unidos entre sí, solidarios en su lucha contra los valores humanos que nosotros pregonamos: la libertad, la soberanía de la nación, el respeto al derecho de los demás, el respeto por la vida, la libre movilización, la libertad de asociación y el pluralismo político. No dejemos que estos valores desaparezcan si es que amamos a nuestros países.

El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.

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