Que se oigan nuestras voces

El Estado de Nicaragua ha adoptado o deroga leyes y políticas que hacen que la labor de las y los defensores de los derechos humanos sea más peligrosa y más difícil

Me gustaría que reflexionemos sobre la lucha por los Derechos Humanos y la labor de las defensoras y defensores de derechos humanos y sobre los crecientes peligros, hostigamientos y obstáculos que enfrentamos.

La Declaración Universal de Derechos Humanos proclama los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento ni ninguna otra condición.

La Declaración Universal nos fortalece a todas y todos y los principios que recoge exponen valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones, además el compromiso de los Estados con sus principios.

Cuando la Declaración fue redactada después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, hace 69 años, el escenario era muy diferente a la de hoy. Entonces, había un espíritu de solidaridad y apoyo a los principios de libertad, justicia y paz para todos los miembros de la familia humana, que sustentaban la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La persona que actúa en favor de uno o varios derechos humanos, de un individuo o un colectivo, será defensora de los derechos humanos. Actúan para defender o promover los derechos humanos a nivel local, nacional, o internacional, sin recurrir ni abogar por el odio, la discriminación o la violencia

Las y los defensores de los derechos humanos provienen de todas las condiciones sociales; pueden ser periodistas, abogadas, mujeres, indígenas, afrodescendientes, profesionales de la salud, maestras, sindicalistas, campesinas, agricultores, y familiares de las víctimas de violación de los derechos humanos.

Hoy, las y los defensores promueven y defienden los derechos humanos bajo amenazas y cada día existe una reducción de espacio para la sociedad civil. Especialmente los organismos no gubernamentales de derechos humanos, están siendo atacados y agredidos en lugar de ser protegidas. El Estado de Nicaragua, los grupos armados y otras entidades que creen que sus intereses están siendo amenazados por los derechos humanos están utilizando una serie de estrategias y herramientas para silenciar y reprimir a las defensoras y defensores de los derechos humanos.

Las y los defensores arriesgan todo, para oponerse a la injusticia. Se enfrentan a las campañas de desprestigio, intimidación, la estigmatización, la tortura, la detención ilegal y hasta los asesinatos, sólo por atreverse a defender los derechos humanos. Los medios de comunicación están controladas o cerrados. Los medios sociales y la comunicación digital es monitoreada. Tomar las calles para protesta social se ha vuelto cada vez más difícil.

El Estado de Nicaragua ha adoptado o deroga leyes y políticas que hacen que la labor de las y los defensores de los derechos humanos sea más peligrosa y más difícil. Implementan estrategias que autorizan la fuerza pública contra manifestantes pacíficos o permiten la vigilancia masiva, la imposición de requisitos estrictos para registrar o obstaculizar el ejercicio de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, el espacio para defender los derechos humanos en Nicaragua es cada vez más restringido. Hay poca voluntad política para promover y proteger de los derechos humanos como un ingrediente crucial para una Nicaragua más segura y más justa.

Debemos pasar a la acción en nuestras vidas diarias para defender aquellos derechos que nos protegen y así fomentar la unión de todos los seres humanos. Debemos luchar por nuestros propios derechos y por los del prójimo. Cada vez que abandonamos los derechos humanos, corremos un gran riesgo.

La autora es presidenta – CEJUDHCAN.