Ciudadanos en libertad condicional

Que los presos políticos tengan que agradecer al dictador al ser dejados en libertad, se debe a que en una sociedad cerrada, de tipo totalitario

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Los ciudadanos de Nueva Segovia que fueron encarcelados por motivos políticos, durante las votaciones municipales del 6 de noviembre pasado, fueron liberados la semana pasada después de ser absueltos y al salir de la cárcel le agradecieron a Daniel Ortega por dejarlos en libertad.

Esta no es la única vez que ocurre tal cosa. En la información sobre los presos de Nueva Segovia LA PRENSA recordó el caso ocurrido en diciembre de 2015, cuando las personas que habían sido encarceladas en Mina El Limón y Chichigalpa por participar en protestas sociales, al ser liberadas expresaron su gratitud a Ortega.

Algo parecido ocurría en tiempos del somocismo, cuando los presos políticos liberados no eran obligados a agradecer al dictador para quedar en libertad, pero en algunos casos los forzaban a prometer que no volverían a meterse en política.

Sin embargo, la mayor parte de los presos políticos del somocismo salían de la cárcel denunciando los atropellos de que habían sido víctimas y prometiendo seguir luchando contra la dictadura. Y hay que decir en honor a la verdad que casi todos los presos sandinistas dieron esas demostraciones de valor personal y firmeza de principios.

Que los presos políticos tengan que agradecer al dictador al ser dejados en libertad, se debe a que en una sociedad cerrada, de tipo totalitario, como es la de Nicaragua actualmente, la gente vive en una situación de libertad condicional. Las personas pueden ser encarceladas en cualquier momento y al ser liberadas son obligadas a agradecer al dictador, como si la libertad no fuera su derecho sino una concesión del poder.

Como sabemos, la libertad condicional es el beneficio penitenciario que se concede a ciertos reos siempre y cuando se comprometan a portarse bien. Por cualquier desliz que cometen, vuelven a la cárcel. En la situación de libertad condicional en que viven los nicaragüenses, el régimen permite que se muevan libremente —aunque siempre vigilados— mientras no realicen actos que atenten contra el sistema dictatorial. Y en algunos casos, a determinadas personas les atribuyen delitos que no han cometido para reprimirlas o desacreditarlas.

Dice Hanna Arendt —a quien citamos con frecuencia por sus extraordinarios enfoques sobre el totalitarismo y la libertad— que “la persona privada de su condición política, carece de lo que le hace propiamente humana”. Según Arendt, al perder su condición política la persona pierde también su derecho a la acción, o sea la libertad de cuestionar al poder y de organizarse para cambiarlo, cuando no le satisface, de acuerdo con la ley y las reglas democráticas. Eso es lo que significa ser ciudadano y, más todavía, ser una persona humana.

De manera que es penosa, aunque comprensible, la situación de quien va a la cárcel por motivos políticos y para quedar en libertad tiene que agradecer públicamente al dictador, a su verdugo, en vez de denunciarlo porque le privó de uno de sus más esenciales derechos humanos que es la libertad.

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