Los presidentes con «amor por el poder» en América Latina

Ante el temor de nuevas dictaduras, los Estados establecieron limitaciones a la reelección en sus constituciones políticas

Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales y Hugo Chávez, presidentes de países miembros del Alba, tienen en común su afán por mantenerse en el poder. Chávez falleció siendo presidente

Daniel Ortega, Evo Morales y Hugo Chávez, presidentes de países miembros del Alba. LA PRENSA/ AP

El sociólogo nicaragüense Oscar René Vargas dijo este martes que el caso de Daniel Ortega en Nicaragua, mandatario designado por el poder electoral, es el de un “héroe que luchó contra una dictadura” y saldrá del poder como un dictador que no quiere dejar el poder.

¿Por qué? La primera respuesta que se le ocurre al sociólogo es que “el poder es un afrodisíaco” del que los presidentes se enamoran. Pero más allá del romanticismo, el especialista explica que es un problema cultural que no han podido superar las sociedades de la mayoría de los países latinoamericanos.

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Vargas recuerda que hace más de 30 años, la mayoría de los países latinoamericanos vivieron dictaduras que se creían ya superadas, después de guerras civiles.

Ante el temor de nuevas dictaduras, los Estados establecieron limitaciones a la reelección en sus constituciones políticas. Sin embargo, en la última década se ha visto la experiencia de varios países donde los mandatarios que llegaron al poder por la vía legal comenzaron a hacer cambios constitucionales, siguiendo un método legal para prolongarse en el poder.

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Vargas fue asesor de la Dirección Nacional del FSLN en el pasado, pero ahora se encuentra distanciado de la cúpula.

Caso de Honduras

El caso más reciente de un mandatario empeñado en reelegirse es el de Honduras.

El presidente de ese país, Juan Orlando Hernández, logró participar como candidato presidencial a la reelección, pese a que la Constitución Política lo prohíbe y lo penaliza. Su ambición por reelegirse en las pasadas elecciones del 26 de noviembre sigue generando crisis social y política en ese país después que el Tribunal Supremo Electoral lo declaró ganador, pese a que la Organización de Estados Americanos está pidiendo nuevos comicios.

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El rechazo a la reelección en Honduras provocó en 2009 el golpe de Estado al presidente Manuel Zelaya, cuando este intentó hacer un referéndum para consultar a la ciudadanía sobre este tema. En ese caso fue sacado en pijamas del país.

En Nicaragua el amor de Daniel Ortega por el poder —en el que ha estado al menos 21 años—, lo ha llevado a concentrar todos los poderes del Estado, a destruir la oposición política y a hacer de su esposa la vicepresidenta del país y su sucesora constitucional.

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Vargas dice que los mandatarios buscan su reelección porque creen que solo ellos pueden gobernar. “Se creen mesías y creen que son indispensables”, asegura.

Rasgos del régimen

El poder en Nicaragua lo ejerce la pareja presidencial: Daniel Ortega y Rosario Murillo. Según el libro El Régimen de los Ortega, el sistema político se caracteriza por la concentración de poder en estas dos figuras, un partido político sin sustento ideológico que obedece a los gobernantes, la falta de independencia de los otros poderes del Estado, además de la cercanía de las Fuerzas Armadas y la Policía. Según Vargas, es semejante a la corte de un rey con cortesanos, bufones y aduladores que alimentan la visión autoritaria del poder.

No importa la ideología

El politólogo José Antonio Peraza también opinó que el florecimiento democrático de hace 30 años en América Latina está en declive en la actualidad.

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“Estamos viendo que tanto gobiernos de izquierda como de derecha quieren perpetuarse en el poder y actúan de manera autoritaria”, dijo Peraza.

En el caso de Nicaragua, Peraza valoró que Daniel Ortega no solo actúa de manera autoritaria, sino totalitaria, porque “trata de controlar hasta los últimos resquicios de la libertad y de la expresión individual de los individuos”.