Informe de OEA sin sorpresas

Con razón, el informe presentado en el Consejo Permanente de la OEA fue recibido con beneplácito por el canciller de Daniel Ortega

Róger Mendieta, FSLN

Tal como lo esperábamos, el informe final de la OEA sobre las votaciones municipales de noviembre pasado en Nicaragua fue, con algunas diferencias secundarias, básicamente el mismo que de manera preliminar se presentó dos días después de los comicios.

Con razón, el informe presentado en el Consejo Permanente de la OEA fue recibido con beneplácito por el canciller de Daniel Ortega. Por el contrario, el delegado de los Estados Unidos (EE.UU.) condenó la violencia política y la negación del voto a muchos ciudadanos, que “mancharon” las elecciones.

A todas luces el informe fue consensuado previamente por la OEA con el régimen orteguista. El mismo secretario general de la OEA, Luis Almagro, hizo público antes de que el informe fuera presentado al Consejo Permanente, que se había reunido con el canciller de Daniel Ortega.

Según los entendidos en la diplomacia interamericana, no es una irregularidad que el secretario general de la OEA se reúna con altos funcionarios de un Estado miembro de la Organización, antes de que sea presentado un informe de observación electoral realizada en ese mismo país. Pero eso puede ser normal tratándose de países como Chile, Costa Rica o cualquier otro donde los procesos electorales son limpios y el gobernante de turno no hace trampas antidemocráticas para mantenerse en el poder. Distinto es el caso de Nicaragua, donde las elecciones no son transparentes y la misión de observación de la OEA en las municipales pasadas fue señalada como parcial a favor del régimen de Ortega. Sobre todo porque el jefe de dicha misión fue un reconocido amigo político del orteguismo que había avalado fraudes electorales anteriores en Nicaragua.

La verdad es que ha sido muy claro el contraste entre la misión de la OEA que observó las votaciones municipales de noviembre en Nicaragua, con la que cumplió ese mismo cometido en las recientes elecciones hondureñas. Comenzando con que el jefe de la Misión de la OEA en Honduras fue el prestigioso expresidente boliviano democrático Jorge (Tuto) Quiroga, quien demostró no tener inclinación a favor de ningún candidato y partido de los que participaron en los comicios hondureños.

Es cierto que las situaciones de Honduras y Nicaragua son distintas. Y más diferencias hay con Venezuela, donde la OEA y su secretario general personalmente han luchado fuertemente por la restauración de la democracia. Sin embargo, esas diferencias no explican la rara inclinación de Almagro hacia Ortega y su régimen dictatorial que se esconde detrás de una mala fachada democrática.

Es posible que la actitud de Almagro sea una táctica para tratar de arrancarle a Ortega concesiones que faciliten el regreso de Nicaragua a la democracia. Ojalá que así sea.

Sin embargo, por ahora lo que hemos podido comprobar es que el informe de la OEA sobre las votaciones municipales en Nicaragua ha sido bondadoso con el régimen de Daniel Ortega. Con ese informe el dictador nicaragüense no se debe sentir presionado para emprender reformas electorales auténticas y democráticas.

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