Admirable Chile

¿Qué pasó? Más allá de la condena moral que merece el autoritarismo de Pinochet, Chile tuvo dirigentes de la talla de Hernán Buchi que, con sobriedad y seriedad, liberalizaron la economía y redujeron el peso del Estado relativamente.

Eliminar las armas

Nací en la Argentina que se sentía europea y miraba a su vecino trasandino, despectivamente, como si fuera un país del tercer mundo desde donde cruzaban la frontera “ilegales”. Hoy, los ejecutivos argentinos que pueden radicarse en Chile no quieren volver.

¿Qué pasó? Más allá de la condena moral que merece el autoritarismo de Pinochet, Chile tuvo dirigentes de la talla de Hernán Buchi que, con sobriedad y seriedad, liberalizaron la economía y redujeron el peso del Estado relativamente. Ello produjo un real y sano crecimiento del país desde que el mercado, la creatividad de las personas, pudo desarrollarse con más fuerza, al punto que ni los mismos socialistas de Allende —derrocado por la dictadura militar— se atreven a cambiar el rumbo.

Argentina, por el contrario, sumó populismos a populismos. Y hoy tiene un gobierno claramente derechista —quizás demasiado— supuestamente promercado pero que viene contrariándolo, aumentando la presión fiscal y el tamaño del Estado asfixiante. Así, el país sigue en la mediocridad y debatiéndose en rencillas internas cada vez más serias.

El Centro Pew Research realizó una encuesta en 38 países: “¿La vida en su país hoy es mejor o peor que hace 50 años?” El 72 por ciento de los encuestados venezolanos consideró que el país está peor; mientras que el 10 por ciento opinó lo contrario. En México, 68 por ciento dijeron que está peor y 13 por ciento dijo que mejoró. Lo siguió Jordania (57 por ciento, peor) y en el cuarto puesto entre los pesimistas quedó Argentina: 51 por ciento aseguró que está peor y solo 23 por ciento dijo que está mejor. A la parte alta del ranking, los que tienen una visión “optimista”, la encabeza Vietnam (88 por ciento), India (69 por ciento), Corea del Sur (68 por ciento), Japón (65 por ciento), Alemania (65 por ciento), y Holanda (64 por ciento). El único de Latino América es Chile: el 46 por ciento dijo que está mejor, mientras que el 38 por ciento considera que está peor.

Entre 2000 y 2015, la proporción de la población considerada pobre se redujo del 26 a 7.9 por ciento en Chile; mientras que Argentina —después de más de dos años del gobierno actual— la pobreza ronda el 30 por ciento y pareciera agravarse. Chile es hoy uno de los mayores inversores externos en Argentina, mientras que la inversa está lejos de ser una realidad. El PIB per cápita chileno en 1967 era de US$790 mientras que el argentino era muy superior: US$1,230. Pero para el 2013, los chilenos ganaban US$15,350 anuales cada uno, lo que después de unos años de gobierno socialista bajó hasta 13,530, en 2016, pero todavía superando a los 11,960 —y en descenso— que ganan los argentinos.

Y ahora Chile tiene un nuevo presidente, Sebastián Piñera, que asumirá el 11 de marzo, y que prometió reactivar el sector privado. Habrá que ver si realmente achica el asfixiante peso del Estado sobre las personas y su capacidad creativa. Aunque los políticos suelen decir una cosa y luego hacer otra, como el presidente argentino que menosprecia al mercado, hay una esperanza de que Piñera actúe a favor. Después de todo, es un exitoso empresario —que amasó una fortuna de US$2,700 millones en empresas privadas competitivas— al contrario del argentino que casi no trabajó en el sector privado y cuyo padre hizo una fortuna como contratista del Estado.

En fin, para envidia de los argentinos, cuyo gobierno y oposición se enfrentan, literalmente, a piedrazos, Sebastián Piñera brindó su primer discurso como presidente electo presentado cordialmente por su contrincante derrotado.

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
@alextagliavini

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