Carlos Buitrago y el reto de ganar: ¿Nuevo campeón o nuevo fracaso?

En sus puños se decidirá su futuro. Gritar el júbilo, sentir lo que es el éxito y tocar el Everest de la vida, entrando en las puertas del paraíso sin necesidad de que Pedro le dé la bienvenida

Carlos Buitrago en su última pelea ante el mexicano Noe Medina el 15 de octubre de 2016, en lo que fue una victoria por decisión unánime del nica. LA PRENSA/CARLOS VALLE

En sus puños se decidirá su futuro. Gritar el júbilo, sentir lo que es el éxito y tocar el Everest de la vida, entrando en las puertas del paraíso sin necesidad de que Pedro le dé la bienvenida. Carlos Buitrago subirá la madrugada de este domingo (4:00 a.m.) al cuadrilátero en Tokio, Japón, en busca del título de las 105 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) en poder del nipón Hiroto Kyoguchi. Y será el momento culminante de su carrera o albergará un nuevo fracaso.

Es tiempo que Chocorroncito sude en cascada, tire golpes como una máquina, sienta la fatiga de estar en las calderas del destino y recuerde cada vez que mire a los ojos a su rival que más allá del título mundial, lo que está en juego es cómo quiere que se escriba la historia de su vida, como la del nuevo campeón mundial nicaragüense, cumplirse a sí mismo, al vaticinio de Alexis Argüello a las esperanzas de su familia y al compromiso con su hijo recién nacido.

Buitrago es más conocido que muchos boxeadores que llegaron a ser campeón mundial y a lo largo de su carrera carga la cruz o el asterisco de cuándo la corona mundial. Ha tenido la suerte de que sus cuatro oponentes a combates titulares no son campeones que impacten, que se vea una gran diferencia, que desde el principio el nica se catalogue como en busca del milagro porque no lo es. Ha recibido el regalo divino de contrincantes flojos, pero no ha sabido cosechar un resultado positivo.

¿Cómo será la pelea?

No resulta complicado imaginarse cómo se desarrollará el combate. Y es así porque el campeón japonés solo sabe ir al frente, tirar su recto de derecha y buscar espacio en los bajos para descargar su gancho al hígado. Ese es Kyoguchi, que recibió el obsequio de la FIB al vencer al mexicano José Argumedo, probablemente el campeón más frágil que existió en este año, desdibujado y sin defensa.

Tener la iniciativa y encontrar su fortuna será el objetivo principal en el guion de la esquina del asiático que ha sido exigido muy poco y que en sus ocho peleas profesionales no se ha enfrentado a un boxeador mejor que el nicaragüense.

No obstante, Buitrago es un boxeador de mayores recursos. Puede batallar desde la distancia, es un buen golpeador al cuerpo y tiene el sello de Argüello, combinaciones largas.  ¿Pero cómo confiar en un púgil que ha fracasado en sus tres intentos ante rivales iguales o más endebles? No se puede, por más que diga que esta vez será diferente y que irá de safari en pleno 31 de diciembre a la caza del rival, existe una única palabra que revertirá ese estigma que Chocorroncito carga de nunca soltar sus manos y no tener valentía en las peleas importantes: hechos.

Y será un hecho que al amanecer del domingo, Nicaragua tendrá un nuevo campeón o Buitrago habrá coleccionado un nuevo fracaso.

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