El balance internacional

Daniel Ortega debería leer y entender las señales que se muestran en el panorama político latinoamericano. Si lo hiciera podría aprovechar la oportunidad que ofrece la aplicación de la Ley Magnitsky a Roberto Rivas

tragedias

En el 2017 que está finalizando hubo en el ámbito internacional noticias malas y buenas, igual que en Nicaragua y como ocurre regularmente todos los años. Pero los acontecimientos que hicieron noticia este año son muchos y solo podemos mencionar algunos, que, a nuestro juicio, fueron los más importantes.

Lo más negativo en 2017 fue la derrota de la insurrección popular cívica de Venezuela, que no pudo derrocar a la feroz dictadura bolivariana de Nicolás Maduro. La dictadura logró sobrevivir porque aplastó de manera sangrienta a la población venezolana, insurrecta pero desarmada. Pero su sobrevivencia es temporal, porque no puede resolver la grave crisis económica, social y política del país, que en cualquier momento volverá a estallar en movilizaciones populares, una y otra vez, hasta sacar del poder a la pandilla criminal de militares y civiles que lo detenta.

Otra noticia negativa muy importante —que algunos medios internacionales inclusive la señalan como la principal—, ha sido, paradójicamente, la misma noticia. Pero la falsa, la que llaman en inglés fake news y los aficionados a los eufemismos etiquetan como “posverdad”. Es decir, el predominio de las informaciones mentirosas en detrimento de las noticias veraces.

También hay que incluir entre las principales noticias negativas del año, el fortalecimiento del armamento atómico de la dictadura comunista de Corea del Norte, que aunque podría ser liquidada por una contundente respuesta militar de los Estados Unidos, causaría antes un daño incalculable a los países vecinos, e incluso a territorios estadounidenses.

Por otra parte, entre las buenas noticias de 2017 en el escenario mundial hay que destacar la fortaleza demostrada por las instituciones democráticas de los Estados Unidos, fundadas en el sistema de división y balance de poderes, que ha neutralizado los ímpetus autoritarios del presidente Donald Trump a quien algunos llegaron a calificar como una variante anglosajona del típico dictador latinoamericano.

En América Latina continuó el desplazamiento político hacia la democracia de centro derecha, la que mejor garantiza las libertades individuales y el desarrollo económico para satisfacer progresivamente las crecientes necesidades sociales. En este sentido ha sido muy relevante la victoria electoral en Chile, del candidato presidencial democrático de centro derecha, Sebastián Piñera.

Muy esperanzador ha sido en 2017 el proceso de Ecuador, donde está en desarrollo una transición institucional del régimen autoritario y populista que impuso el expresidente Rafael Correa, al restablecimiento del sistema de libertades individuales y derechos políticos de los ciudadanos que es el fundamento de la democracia representativa.

Daniel Ortega debería leer y entender las señales que se muestran en el panorama político latinoamericano. Si lo hiciera podría aprovechar la oportunidad que ofrece la aplicación de la Ley Magnitsky a Roberto Rivas, y la probable aprobación de la Nica Act; tomar como ejemplo el proceso ecuatoriano de restauración democrática y por impulso propio o concertado con la oposición política y la sociedad civil, hacer en Nicaragua lo mismo que se está haciendo en Ecuador. Así todos los nicaragüenses, incluyendo al mismo Ortega y su familia, podríamos tener un feliz año 2018.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: