La familia es una bendición

Nuestras familias, como entonces la familia de Nazaret, están pasando hoy día por momentos muy difíciles. Los problemas les vienen de todos lados, desde fuera y desde dentro del mismo seno familiar

templos vivos, Dios, Jesús, Iglesia Católica

La familia es parte de la redención, y es que no se puede concebir un Belén sin el Niño, María y José. Allí hay un padre, una madre y un hijo. Por eso, la Iglesia quiere que todos nos fijemos en ese ambiente familiar que se respira alrededor del portal.

San Lucas nos presenta a Jesús, María y José: como una familia de “fe”. Juntos viven, manifiestan y crecen en la fe. Como un hogar en el que todos crecen y se desarrollan respetándose cada uno su propia identidad. Jesús “crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc. 2, 40). Como una escuela de valores en la que todos aprenden a vivir y convivir en armonía y paz.
Seguro que en la familia de Nazaret, como en toda familia, no faltaron los problemas y los momentos difíciles: José estuvo a punto de separarse de María, cuando se dio cuenta de que María estaba embarazada y no era obra suya (Mt. 1, 19).

Seguro que los problemas económicos estuvieron presentes en el hogar de Nazaret en el que la cabeza de familia era el carpintero de una pequeña y pobre aldea (Mt. 13, 55). Las palabras de Simeón a María: “Una espada te atravesará el alma con motivo de este niño” (Lc. 2, 35), sin duda que tuvieron que hacerle mucha mella en el corazón de María y en el de José. Cuando Jesús se queda en el templo sin que lo supieran sus padres, la angustia de ellos por no encontrarlo tuvo que ser fuerte, más aún cuando se ven sorprendidos con la respuesta de Jesús: “¿No sabían que tenía que cumplir con la voluntad de mi Padre?” (Lc. 2, 41-51). Los problemas nunca faltaron en la familia de Nazaret; pero supieron afrontarlos a la luz de la fe que es siempre fuerza y esperanza.

Nuestras familias, como entonces la familia de Nazaret, están pasando hoy día por momentos muy difíciles. Los problemas les vienen de todos lados, desde fuera y desde dentro del mismo seno familiar. Montones de familias tienen su futuro incierto: se encuentran sin techo y sin pan para alimentarse. Los problemas económicos y la falta de trabajo angustian a muchos padres que no saben cómo llevar el pan y la educación a sus hijos.

La falta de valores éticos, humanos y religiosos hace que la convivencia entre padres e hijos, sea cada vez más dificultosa. Las infidelidades, la falta de comunicación, el estrés en que se vive, dificultan la sana relación entre los miembros de la familia. La verdad es que cada día se dificulta más la construcción de la familia. Cada vez se hace más difícil: conjugar la vida comunitaria con el respeto a la individualidad de cada miembro familiar. El respeto mutuo entre esposos, entre padres e hijos y entre hermanos.

La sana convivencia. Los egoísmos personales pretenden imponerse por encima de los demás. Y un hogar en el que cada uno de sus miembros hace lo que le viene en gana sin importarle los demás, se convierte en un verdadero infierno. La verdad es que no es fácil construir hoy día una familia. Sin embargo, a pesar de tantas voces en contra, la familia sigue siendo absolutamente necesaria. Es en la familia donde está la suerte de las personas y de la sociedad. Sin familia no hay futuro. La familia es la mayor esperanza de la humanidad y la mayor bendición de esta.

San Pablo invita a enriquecer nuestras familias con los grandes valores que las sostienen y enriquecen: fe, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón mutuo y, sobre todo, amor. (Col 3, 12-21).

El autor es sacerdote.

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