Johnny Jiménez: «Hay hombres que nunca han lavado un plato»

Los hombres que ejercen violencia pueden cambiar y convertirse en no violentos. El machismo puede ser erradicado, pero los hombres primero deben cambiar el "chip" que tienen en la mente, afirma el especialista en masculinidad, Johnny Jiménez

A Johnny Jiménez, de 44 años de edad, le apasiona su trabajo. Por eso, como sabe que va a hablar de lo que le gusta, recibe a la revista Domingo con gran entusiasmo en su casa, en Ciudad Sandino.

Como trabajador social, desde hace más de 20 años que Jiménez se ha estado dedicando al tema de la masculinidad. Ha trabajado de cerca con hombres de todas las zonas de Nicaragua: miskitos, creoles, campesinos, urbanos, jóvenes, adultos, adolescentes, niños, y también en espacios mixtos, hombres y mujeres.

En esta ocasión, Jiménez conversa con la revista Domingo para explicar cómo está el tema de la masculinidad en Nicaragua, cómo son los hombres nicaragüenses y por qué. Además, aborda temas colaterales, como los femicidios que tanto dolor están causando entre la sociedad nicaragüense.

¿Por qué decidió especializarse en el tema de la masculinidad?
Fue un tema que descubrí en los años noventa. Antes de entrar a la universidad trabajaba en Cantera, aquí en Ciudad Sandino, y se hacía trabajo comunitario. Cantera fue la primera organización que empezó a hablar del tema de masculinidad, son los pioneros.

¿A qué se refieren cuando hablan de masculinidad?
A las características, atributos y comportamientos que tenemos los hombres por el hecho de ser hombres. Tiene que ver con el aprendizaje, con la socialización, con el entorno, con lo que nos enseñan, con lo que nosotros aceptamos de lo que nos enseñan. Y, desgraciadamente, en ese proceso de aprendizaje también nos enseñaron el machismo. Vivimos en una cultura machista, patriarcal, y a hombres y mujeres nos enseñaron el machismo. Por ejemplo, yo nací en una familia evangélica. Hijo de un pastor evangélico. Yo nunca vi violencia física en mi casa. Pero sí había violencia psicológica, cosa que yo no me daba cuenta que eso era violencia psicológica en el momento, porque los gritos, las ofensas, se ven normal. Que tu papá te grite, o te pegue, se ve normal porque se supone que te está educando y mucha gente no lo asume como violencia. Que mi papá le gritara a mi mamá, o los pleitos, no lo miraba como violencia psicológica. La primera vez que Cantera me invitó a participar en un taller de masculinidad, me di cuenta de todas esas situaciones. Ese aprendizaje del machismo vinculado a la masculinidad ha sido desastroso en nuestra sociedad. Muchos hombres tienen serias dificultades de relacionarse de manera tranquila con las mujeres, entre los mismos hombres también.

¿Y cómo fue el inicio?
Empecé a trabajar con chavalos adolescentes el tema. Empezamos a hablar del acoso y del abuso sexual en las relaciones de noviazgo, que es un asunto bien complicado y bien permanente en la actualidad. Situaciones que pasan tanto en las áreas urbanas como en las áreas rurales. A los chavalos se les enseña de que entre más mujeres tenés más hombre sos. El acoso callejero, que es un tema bien serio en este país. Chavalos en las esquinas que se turnan, “dale te toca a vos, ahí viene la chavala”. Trabajar el tema del acoso con los chavalos es un tema no tan fácil, porque empiezan los chavalos a decirte “ajá, entonces, ¿cómo voy a enamorar a las mujeres?, ¿cómo voy a conseguir una chavala?” El tema de la masculinidad cruza diversos temas.

Johnny Jiménez, especialista en masculinidad. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

¿Qué es ser hombre?
Para comenzar a hablar de masculinidad con los hombres una pregunta que siempre hacemos es ¿por qué vos sos un hombre? Una pregunta que casi nunca nos hacemos. ¿Por qué vos sos un hombre más allá de tus genitales? La mayoría de los hombres dicen porque tengo pene y testículos, pero cuando vos le hacés la pregunta uno de los primeros temas que sale a relucir es porque tengo una familia y la mantengo. A los hombres se nos enseñó también a ser proveedores de la familia. Vos tenés tu mujer, tus hijos y los mantenés, eso te hace ser hombre. El tener un trabajo. O cuando les preguntás cuándo fue la primera vez que te sentiste todo un hombre, la mayoría de los chavalos te dice que cuando eché mi primer polvo. O cuando gané mi primer salario y pude aportar en mi familia. Otros dicen que la primera vez que se sintieron hombres fue la primera que se agarraron a vergazos en la calle con otro y ganaron. Porque la competencia entre hombres es parte de la masculinidad hegemónica, esa que te hace sentir por encima.

¿Cuál sería una respuesta apropiada a esa pregunta de qué es ser hombre?
Yo insisto en que no todo lo que nos enseñaron ha sido negativo, porque también la familia te enseña a ser responsable. El hecho de mandarte a la escuela, que hagás tus tareas, que cumplás, que saqués buenas notas, que aprobés tu año escolar. El respeto a la gente, yo creo que eso es indispensable. Yo recuerdo a mi papá, aunque como te decía, de vez en cuando usaba violencia psicológica, mi papá me decía a una mujer no se le pega. Si hubiese más papás que a sus hijos esa frase se la dijeran todos los días, yo creo que habrían hombres menos violentos, en el sentido de que te enseñen a respetar.

¿Cómo se podría formar a un hombre?
El hecho de ser responsables, de compartir, de asumir tu responsabilidad como hombre. Eso es una cosa. Es importante hablar con los hombres sobre cómo aprendimos a ser hombres. Nacimos con nuestro sexo biológico, las mujeres también, pero nos enseñan cosas diferentes. Y la casa es el primer lugar de aprendizaje. Por ejemplo, yo solamente tuve una hermana, pero mi papá en mi casa nos hacía un rol de lunes a domingo. Los lunes quién lava los platos, quién limpia, quién cocina. Yo aprendí a cocinar a los ocho años. Mi mamá me enseñó a cocinar. Y yo recuerdo frases de mi papá, una vez que entró y me vio cocinando, me dijo aprendé a cocinar por si te sale una mujer boluda. No era qué alegre que estás cocinando, sino pensando en ese contexto machista. Y a mi hermana una vez estaba cocinando, y le tenía miedo al aceite, y mi papá me acuerdo que le dijo: “Te voy a meter las manos en el aceite para que no seas boluda y que después no aparezcás con los ojos morados”.

Como que no iba a poder servir como mujer…
Exactamente, que el hombre le iba a moradear los ojos porque no podía cocinar. Vos escuchás los mensajes completamente diferentes. En muchas casas el trabajo doméstico es para las mujeres. Yo conozco hombres que me dicen nunca en mi vida he lavado un plato, nunca en mi vida he agarrado una escoba, eso es trabajo de mujer. Ahora las cosas están cambiando. Creo que se trata de desarrollar habilidades, te tienen que enseñar a cocinar, a limpiar. El trabajo doméstico también requiere habilidades.

¿Es en la casa entonces dónde se aprende a ser hombre?
Yo te hablo de la casa pero hay diferentes espacios de socialización que creo que es importante que los mencionemos. La casa es el primero donde te enseñan a ser hombre. La calle y los amigos. En la calle aprendés a huevo a ser hombre también. En la calle tiene que ver el tema de la violencia, cuando te tiran los chavalos, dale pues, demostrá que sos hombre. Y parte de la demostración de ser hombre tiene que ver mucho con la violencia, la violencia severa, violencia física. Si sos hombre te agarrás a los vergazos con los chavalos en la calle. El tema del acoso callejero. Y no solamente entre chavalos. Aquí tampoco es responsabilidad solo de los chavalos. Entre los adultos también. En los centros de trabajo se turnan con el acoso a las mujeres. Si una mujer llega con una minifalda se alborotan y el cuento es que después anda provocando. En las escuelas también. La vez pasada pasaba por un preescolar y estaban en recreo los niños, y oigo que la profesora sale al patio y les dice: “Las niñas no juegan con los niños porque los niños son unos salvajes”. La profesora. Le estás dando un mensaje a las niñas y a los niños de separación, que no hay manera de que un niño y una niña puedan jugar juntos. ¿Quién dice que no? En las escuelas, a la hora de la limpieza, los chavalos apartan las sillas y las niñas lampacean. Los chavalos van a cortar el monte. ¿Quién dice que una niña no puede cortar monte? ¿Quién dice que un chavalo no puede lampacear?

¿Qué me dice de las religiones?
Un espacio de socialización importantísimo. Todas las religiones, ninguna en particular. Los fundamentalismos religiosos son tremendos. Yo hago talleres con los hombres y ahí me dicen que la Biblia dice que la mujer debe obediencia a los hombres. Y que la mujer debe someterse al hombre y no podemos ir en contra de la Biblia. Entonces yo les pregunto que ¿en qué parte de la Biblia dice que hay que tratar como animal a una mujer?, ¿en qué parte de la Biblia te da a vos la autoridad de golpear, de gritar, de ofender, de matar a una mujer?

¿Y será que leen la Biblia o es solo lo que le dicen sus líderes?
No la leen. Tiene mucho que ver con los líderes religiosos. Los pastores, los sacerdotes, los delegados de la Palabra, como se le llame. Lo que dice esta gente para mucha gente es ley. Si yo voy a esa iglesia lo que dice mi pastor es ley.

Dicen que en el Antiguo Testamento hay algo de machismo.
Totalmente. El tema de que el hombre es la cabeza de la familia. Yo escuché una vez a un pastor decir, una cabeza sin un cuerpo no funciona. Si dice la Biblia que nosotros somos la cabeza de la familia, nuestra familia sería el cuerpo y si nuestra familia está mal, ¿cómo va a estar bien la cabeza? También hay cambios, ahora, en algunas iglesias, no en todas. Pastores y sacerdotes que desde sus púlpitos están hablando en contra de la violencia, en contra de los femicidios, preocupados por la matancina de mujeres. Pero como digo, las religiones son elementos bien fundamentales y es lo más duro de poder trabajar con los hombres. La religiosidad en este país es tremenda. No es que estamos hablando en contra de las religiones, sino que estamos diciendo que muchas de las cosas que nos han enseñado las religiones tienen que ver con el machismo y eso nos hace daño.

¿Los medios de comunicación y la publicidad?
¿Cómo se oferta el licor en este país? Con mujeres casi desnudas. Todo. Vehículos, una bicicleta, una moto. ¿Qué tiene que ver una mujer desnuda con una moto? Me acuerdo de un eslogan, de licores, para los que se las juegan, para hombres muy hombres. Son cosas que juegan con la mentalidad de los hombres. Todos esos espacios de socialización están desgraciadamente cruzados con el tema del machismo y del patriarcado, que nos hace a los hombres tener mayor poder en este sistema, en este país.

¿Cómo abordan el tema de violencia con los hombres?
Yo lo que hago es decirles que recuerden las veces que ellos recibieron violencia desde que estaban niños. Ahí te encontrás historias de violencia severa de parte de los papás, sobre todo con hombres campesinos. La violencia hacia los chavalos es severa, desde ponerte de rodillas en el maíz o en el café. Historias de que te cuelgan de un palo, por poco se ahorcan. Hasta con el filo de un hacha, si no te capeás te vuelan la cabeza. Y luego el asunto es hablar de la violencia que vos ejercés. Uno de los problemas principales de los hombres es reconocer que somos violentos. La mayoría no lo reconocemos. La mayoría decimos: “Yo no soy un hombre machista, porque nunca le he pegado a una mujer”. Qué bestial que nunca le has pegado a una mujer y que nunca le pegués, pero ¿cuántas veces le has prohibido a tu compañera que salga de la casa?, ¿cuántas veces le has dicho a tu compañera “andá quitate esa falda? Parecés payasa como te pintás”. ¿Cuántas veces le has dicho a tu compañera “no servís para nada”? Pero no son machistas porque nunca le han pegado a una mujer.

¿Cuáles son las diferencias entre el hombre del campo y el de la ciudad?
No es lo mismo ser un hombre en la ciudad que ser un campesino allá en Bocay. Hay una diferencia en principio en las oportunidades que tenemos los hombres de la ciudad, a nivel de trabajo, de empleo, reconocimiento, estudios. Pero el hombre del campo es más honesto y más sincero que nosotros. Y a aquel hombre le pregunto: “Ajá contame de violencia”. “Es que cuando yo llego de la parcela a las 11:00 de la mañana y no encuentro mi comida, yo le pego su cinchazo a la mujer porque estaba de boluda y no me tenía la comida”. El de la ciudad no le va a decir a nadie el día que golpeó a su mujer.

¿Esa es la única diferencia?
Comete un delito un campesino, se vuela 30 años en la cárcel. Comete un delito un hombre con poder, blanco, en la ciudad, el sistema lo puede hasta proteger. En este país hay un montón de hombres que cometen delitos y si tienen un nivel de poder ni siquiera van a la cárcel.

¿Y con la sexualidad?
La mayoría de los hombres aprendimos que las mujeres son un cuerpo y lo podés usar cuando vos querés. En los talleres abordamos el tema de la violencia sexual. Hay muchos hombres a los que les cuesta asumir que aún con tu pareja la podés violar. ¿Cuántas veces las mujeres dicen que no y se las cogen a la fuerza? La mujer dice estoy rendida, no quiero. Pero bueno, abrí las piernas que sos mi mujer. Porque a los hombres nos enseñaron que una vez que tenés ganas, vas de viaje. No nos quedamos con las ganas. Una vez un viejito me dijo, y ¿cómo me voy a quedar con las ganas? Me quedo con dolor de huevo (testículo).

¿Cómo hacer para que un hombre deje de ser violento?
Una de las preguntas principales que nos seguimos haciendo la gente que trabajamos en estos temas es si realmente un hombre puede cambiar. Yo digo que sí. Yo les digo a los hombres que hay tres niveles de cambios, el primero es a nivel cognitivo. Los hombres tenemos que cambiar el chip que tenemos en la cabeza. Aprender que la mujer es un ser humano, igual que yo y que tiene los mismos derechos que yo. Hay que cambiar todo lo que nos han enseñado. El segundo nivel de cambio para los hombres es a nivel afectivo. El machismo a nosotros nos ha cortado con un hacha los sentimientos. El cuento de que un hombre no llora. En Bocay un viejito me dijo: “Mi mamá se murió hace dos años y yo no fui capaz de llorar. ¿Cómo iba a llorar yo con toda la comunidad en mi casa?” A veces los hombres son incapaces de decirle a la mujer que está bonita o que le quedó rica la comida. No hay expresiones de afecto, menos entre los hombres mismos. Y el tercer nivel de cambio es a nivel de comportamiento. En el tema de la masculinidad hay muchos hombres que aprenden discursos. Vos te parás en una tribuna y decís que los hombres y las mujeres somos iguales, que le exigimos al Estado mayor beligerancia en contra de la violencia. ¿A quién no le caés bien? Pero en tu casa sos un desastre.

¿Qué dicen los hombres del campo sobre los femicidios?
No solo los hombres del campo. La mayoría de los hombres en este país dicen que los femicidios aumentaron con la Ley 779. La Ley 779 se creó precisamente para prevenir los femicidios. Mi análisis personal es que se aumentaron los femicidios porque los hombres sacaron el músculo del machismo. La frase que más usan los hombres es de todas maneras te van a mandar preso, entonces matala.

¿Cómo detener los femicidios entonces?
No van a parar mientras aquí no haya alternativas de país. El Estado tiene una gran responsabilidad. A los abusos sexuales les aumentaron las penas. ¿Pararon los abusos sexuales? No. Es un asunto de la responsabilidad completa, del Estado, de la sociedad y de las personas a nivel individual. Aquí no hay políticas públicas para prevenir el machismo. La Ley 779 orienta al Estado a hacer acciones de prevención. ¿Hay alguna campaña del Estado en la televisión, en la radio, para prevenir la violencia? No. La Ley 779 orienta que el hombre agresor debe de ir a un proceso de rehabilitación, no hay ningún espacio.

¿La Ley 779 no ha logrado su objetivo?
Ha logrado que se reconozca que la violencia es un delito. Eso es importantísimo. Que debe ser denunciada. La Ley 779, uno de sus objetivos ha sido que se reconozca el femicidio como una de las violencias más atroces en contra de las mujeres. Yo creo que también ha cumplido su objetivo en que hay muchos hombres que le tienen miedo a la ley. Por lo menos dejan de joder a las mujeres. En lo que no se ha logrado un objetivo completo es en prevenir los femicidios, pero aquí hay responsabilidad del Estado. El Estado no cumple con la ley.

¿Falta de recursos?
Tiene que ver un asunto de voluntad, de voluntad política y reconocer que es un problema serio.

¿Dónde están más seguras las mujeres, en el campo o en la ciudad?
Difícilmente las mujeres tienen un lugar seguro, porque están expuestas a todo tipo de violencia. Una mujer que sufre algún tipo de violencia pierde su seguridad.

Lo que yo he escuchado es que las madres, como crían a los hijos, son las que reproducen el machismo.
Las mujeres no crecieron en un mundo diferente al de nosotros. Las criaron para estar en la casa, para cuidar a sus hermanos, atender al papá. No podemos culpar a las mujeres. Los hombres nos liberamos de la parte de la educación de los hijos. El machismo lo reproducimos hombres y mujeres, consciente e inconscientemente.

El gobierno actual se ufana de que proponen el 50-50.
Eso es maquillar el tema de género. Los números son importantes pero no suficientes. Aquí podemos estar tres hombres y tres mujeres, pero es posible que los tres hombres nos impongamos sobre las ideas y sobre la participación. En las alcaldías, el alcalde y la vicealcaldesa. Pregúntale a la vicealcaldesa si toma decisiones.

Johnny Jiménez. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Plano personal

Johnny Jiménez Vásquez nació el 13 de octubre de 1973, en Waspam, Caribe Norte. Se graduó de trabajador social en la UCA y se ha especializado en temas de género, específicamente masculinidad.

Ha laborado en diversos organismos como Cantera, Puntos de Encuentro, Dos Generaciones, Casa Alianza y en la actualidad es consultor independiente.

Además ha estado trabajando de cerca con campesinos en la zona norte del país, especialmente en San José de Bocay, donde realiza estudios de masculinidad.

No tiene hijos, no es casado, pero sí tiene pareja.